lunes, 16 de diciembre de 2013

Los SONETOS DE SHAKESPEARE: "...And you in every blessed shape we know".


A raíz de la publicación de MONUMENTO DE AMOR. SONETOS DE SHAKESPEARE, de Carmen Pérez Romero, nuestro poeta y amigo Santos Domínguez en su blog ENCUENTROS DE LECTURA, reflexionaba con acierto en aquel momento sobre la oportunidad o no de transformar los sonetos del gran autor isabelino en prosa -dada la dificultad que siempre ha planteado mantener el endecasílabo original- y elogiaba la apuesta de la traductora por el serventensio y el alejandrino, recurso utilizado por nuestros modernistas en sus sonetos y que nadie había empleado de manera consciente hasta esta traducción.


Monumento de Amor. Sonetos de Shakespeare.Versión, edición y notas de Carmen Pérez Romero.Edición bilingüe. 325 páginas. Textos UEX. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura.Cáceres, 2006. 12 € (a través del mismo Servicio de Publicaciones).


Desde que lo que hiciera en 1877 Matías de Velasco y Rojas, marqués de Dos Hermanas, los sonetos de Shakespeare -total o parcialmente- han pasado a nuestra lengua traducidos por Fernando Maristany (1918), Luis Astrana Marín (por primera vez en 1929); Agustín García Calvo (1974); Fátima Aguad y Pablo Mañé Garzón (1975); Manuel Mújica Láinez, ya mencionado (1963); Carlos Pujol (1990); Gustavo Falaquera (1993); José María Álvarez (1998); Ramón García González (2003); Antonio Rivero Taravillo (2004 y nuevamente en 2011); la que nos ocupa en 2006, Pedro Pérez Prieto en 2008, un año después Christian Law Palacín, y también en 2009 Andrés Ehrenhaus, y Ramón Gutiérrez Izquierdo (2011) y, por último, y de momento, Bernardo Santano Moreno, y Luciano García García, ambos con sus respectivas visiones este
mismo año que se nos acaba.

 ¿Les parecen muchas? Pues al alemán se han hecho 68 traducciones completas desde 1784. Quizá si considerásemos las traducciones realizadas en Hispanoamérica el número en castellano sería similar o incluso mayor, pero hablamos de traducciones completas, y no todas las nuestras lo son.

Y preguntarán ustedes, ¿por qué detenernos en ésta y no otra de las mencionadas, estando (casi) todas ellas accesibles para el lector español?. Pues básicamente porque supone una aportación brillante en una versión a la par arriesgada que asombrosa. Por su escasa distribución y el poco eco que mereció en aquel momento nos parece justo homenajear la labor de Carmen Pérez Romero con estos versos universales: los que hemos disfrutado mayoritariamente de la traducción de Mújica Láinez y Luis Astrana Marín, -las más extendidas y presentes, y que inundan ediciones en bolsillo-, lo hicimos también con esta lectura maravillosa. Algunos quizá prefieran la edición de José María Álvarez, fiel a su sentido de la traducción y coherente con su magnífica manera de agarrar a todos esos monstruos que han pasado por sus manos -Hölderlin, Kavafis, Stevenson...-; otros puede que se decanten por las celebradas versiones de Rivero Taravillo, o la de Ehrenhaus, que fue premiado por ella. Pero en cualquier caso ninguna está libre de desavenencias al tiempo que de nuevas aportaciones.

Volveremos a ello más adelante. Sirva nuestro apunte de hoy como primera aportación a las eternas preguntas sobre la estrategia de la traducción en nuestros días, y más cuando tratamos textos cuyo alejamiento histórico es un serio hándicap para quien pretende acercarnos un mundo cultural y poético de hace más de cuatro siglos.

Por último decir que nuestro libro es en realidad una reedición, corregida y aumentada de la original de 1987, y tal como nos apunta Santos en su reseña, ilumina "el texto con sabiduría y sensibilidad, las dos mejores armas para afrontar un empeño tan lleno de peligros y acechos..."



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