jueves, 3 de abril de 2014

LITERATURA Y CINE: PURA FORMALIDAD




Si puede ser escrito o pensado puede ser filmado.

 Stanley Kubrick 







No es la primera vez que vemos a Polanski de actor: ya lo pudimos ver en El inquilino (1976) y en la disparatada El baile de los vampiros (1967). Pero cuando uno coge la carátula de una película que desconoce totalmente y ve en su portada la cara de este cineasta, no lo duda: hay que verla. Luego sigue echando un vistazo a todo el personal de la película: dirección y guión de Tornatore, música de Morricone, nominada a la Palma de Oro en el 94, relacionada con "El proceso"...

La historia trata de un escritor -Onoff- que, en un momento no muy brillante de su vida literaria, es detenido por la policía de un pequeño pueblo durante una noche de tormenta tras cometerse un asesinato. Como pura formalidad, será sometido a una serie de preguntas que acaban convirtiéndose en un duro interrogatorio donde el protagonista (un perplejo -y desquiciado a veces- Gérard Depardieu) casi pierde los papeles ante la mirada acusatoria del comisario de policía, Roman Polanski. Como broche final, el tema "Ricordare", interpretado por el mismo Depardieu en italiano.

La película se ha relacionado con "El proceso" de Kafka, donde también el protagonista es detenido e interrogado sin saber por qué. En este caso, Depardieu desde el principio nos va a aportando datos de la historia a través de flash-backs: algo ha sucedido esa noche, y Onoff no lo recuerda. Salvo por esos pequeños detalles a modo de flash-back, la película bien podría haber sido una obra de teatro, aunque seguro que un buen director sabría cómo salvar la cuestión en escena.

Una magnífica puesta en escena que nada tendría que envidiarle a una obra de teatro, como decimos,  desde los decorados (ese ambiente lúgubre y a veces desesperante) hasta los diálogos entre ambos protagonistas. Y pese a que en diversos foros se pueden leer opiniones como que "el final no se entiende" o que "con ese final queda súmamente confuso todo", a nuestro parecer no había mejor forma de cerrar esta historia de Onoff.


¿Y por qué pasó casi inadvertida esta obra maestra del cine europeo? Juzguen ustedes.






Noelia Illán


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