lunes, 23 de junio de 2014

MOLÉCULAS DE CRISTAL en Ramón Bascuñana.

Sobre Cincuenta por ciento, publicado por Editorial Letras Cascabeleras (Cáceres).



Por Jean Paul Caribdis.








Recibí de manos de la gente de La Galla Ciencia este librito que si tuviera que definir como objeto lo calificaría de agradable, porque lo es al tacto y a la vista. Una edición cuidada y al tiempo sencilla que desde la encuadernación invita a la caricia constante.  Formato casi cuadrado, más propio de una plaquette y heredero de aquellas maravillosas colecciones de la Librería Anticuaria del Guadalhorce (en Málaga), o aquella Colección Universal de Espasa Calpe que publicaba en 16x11 en los años veinte del siglo pasado y que se vendía a 50 céntimos (de peseta). Y muchas más, todas ellas exquisitas  y amables, modestas pero únicas y que alimentan el deseo por su lectura. No cabe más que felicitar a la editorial Letras Cascabeleras por la iniciativa, de ésta y del resto de sus colecciones. Una muestra evidente de que otro tipo de edición es posible, porque el deseo es como el viento: trabaja sin esfuerzo aparente, como decía David Trueba en algún sitio. Y si encuentra las velas extendidas nos arrastrará a velocidad de vértigo, y estos amigos de Cáceres no se dan por vencidos. Interesante propuesta que prometo seguir en su desarrollo y apoyar en lo posible, que como siempre lo que le falta a la asociación cultural del mismo nombre es apoyo económico –ay esta España inválida que algunos se empeñan en seguir mutilando…-.  Felicidades a Víctor Manuel Jiménez Andrada, poeta que como editor demuestra criterio y afecto, y a todo el equipo que con él mantiene viva la Asociación en esa tierra de frontera tan exquisita y para nada extrema.


El libro, digo, invita a llevarlo en el bolsillo, sacarlo en cualquier instante aparentemente inútil y así llenar esos segundos perdidos de vida con la lectura de estos retazos, estos apuntes que Ramón Bascuñana nos brinda en cincuenta poemas en prosa. Una manera de vencer la procrastinación, una lectura recuperable en cualquier modo y lugar porque este libro te acompaña como un memorándum de razones con las que comprender la gravedad de las cosas, o al menos acercarnos a la manera en que las comprende Ramón Bascuñana.

Su lectura me ha salvado de los largos minutos de espera en las colas de nuestros dignísimos bancos, cada vez más impersonales, salvados y rescatados ellos por nuestros bolsillos ayer, y que ahora nos reciben con largas colas en cajeros automáticos. El mostrador, de ocho a diez. Los cajeros ya escupen hasta las monedas.
También me ha salvado de esos instantes desperdiciados en el súper cuando los cajeros se preguntan si han ido ya a desayunar, o ¿cuándo te vas de vacaciones?, o esa frase mítica de Hoynotengoganasdená…, y que el jefe está de un insoportable... Y yo con mis latas de atún, los albaricoques y la sacarina, en esa larga fila de gente, como diría el gran Dante, camino del Infierno. Que para él o ella, cual hidra desatada y ausente, somos invisibles. Ya podemos llevar los rostros bañados en sangre, que seguirán en su parlamento, y llegar al borde de la cinta mecánica, esa "triste ribera de Aqueronte", que ellos seguirán en su parlamento. Y ellos están dispuestos para llevarnos a la eterna tiniebla, al hielo, al fuego1.



Pero centrémonos en Ramón Bascuñana, que resulta mucho más útil, y es para lo que estamos aquí. Cincuenta por ciento almacena mucha literatura. Lo podemos ver como un dietario, compendio de reflexiones y vivencias que recuerda al Valente de No amanece el cantor, pero sin un fragmentarismo tan extremo y no queriendo ser tan introspectivo. En la trayectoria de Bascuñana el esfuerzo por la sencillez es en sí mismo una estructura sobre la que gravitan todos sus libros. No oscurece los mensajes más allá de lo necesario, no hay esos poemas crípticos -en el uso de la palabra- tan de moda en algunos por dibujar la experiencia en poemas a lo The Matrix reloaded, escribiendo más para C3PO2 o cualquier otra forma de vida que no sea humana que para usted o para mí.  Un plumaje que lo único que esconde es falta de ideas, y de oficio.

Oficio es algo que caracteriza por otra parte a Ramón. Su bibliografía es amplia para un poeta que cabría considerar todavía joven, y muchas las ocasiones en que ha visto recompensada su escritura con otros tantos premios, lo que le ha permitido la publicación de casi toda su producción literaria. No parece su caso el de alguien que como Pavese en su Oficio de vivir, tremendo y  lleno de desánimo, escribiera

25 de Abril. Hoy, nada.

Bascuñana escribe a diario, entendiéndolo no como la gimnasia de sentarse a la mesa como el que se sienta a comer, esa mierda frecuente como la caspa en tantos “poetas” que quieren que les pille la musa trabajando, camilojosécelando todos y todas, componiendo con indiferencia y buscando ser convincentes con el mero esfuerzo de plantar su culo en una silla. Que lo único que buscan es ese círculo ansioso y desordenado de un público cada vez más ridículo e innecesario, al menos para los que realmente tienen algo de lo que escribir. Pero a lo que voy, que estoy disoluto y me encolerizo...: Ramón Bascuñana escribe porque tiene algo que decir. Maneja los temas, los ha aprehendido, leído y admirado, basta con hablar con él para saberlo, y nos lo dice en su poema XLVIII. DESFALLECIMIENTO,

Escribir un poema consiste en aprender de nuestros errores.

Y maneja la arquitectura del poema como pocos autores: hay un esfuerzo en que formalmente la belleza también aparezca, incluso en estos poemas en prosa que nos ocupan se advierten encubiertos esos endecasílabos tan caros a su poesía, visitados aquí de forma quizá no tan inconsciente, pero desde luego sí eficaz.


Porque Cincuenta por ciento es un libro de poemas en prosa. Dejando de lado discusiones teóricas al respecto3, representa un ejercicio coherente dentro de una tradición magnífica en obras de este género. Leyendo sus poemas Bascuñana abraza la obra en prosa que marcó en nuestra moderna tradición Cernuda, esos principios constitutivos del poema en prosa que en su estructura, materia poética, medida y recursos fundamentales se muestran en él, y después en otros muchos, no sé…, el Caballero Bonald de Laberinto de fortuna, el Félix Grande de Puedo escribir los versos más tristes esta noche, o el Panero -Juan Luis- de Galería de fantasmas. Son quizá los tres que más me han gustado desde niño, sin olvidar otros espléndidos (el Gamoneda de Lápidas, por ejemplo, y Juan Ramón, cómo no -pero menos-, o el Valente de No amanece el cantor) pero que no han jugado, quizá por el propio desorden de mis lecturas o mi atribulado carácter, el papel esencial de los primeramente mencionados. Cómo olvidar poemas así:

CONTRA SÉNECA
Mis años, mi peligro de estar destituyéndome, mi torpe represalia contra mí, el arduo aprendizaje de carencias que no podrán ya nunca resarcirme del moho adicional de la memoria. Con qué estupor me exhibo ante esos antagónicos espejos cada vez más poblados de imágenes caducas. El tiempo es la distancia que separa mi cuerpo de ese otro cuerpo inmarchitable, procedente a saber de qué invicta acepción de la belleza. Son contagios acérrimos, testarudos expolios que embadurnan mi alma, la retienen en esa lucidez donde a veces se enturbian los recuerdos. Nunca incurrí de grado en ninguna paciente sumisión al azar. El que más se resigna ¿no es también con frecuencia el menos digno? Me miran los ausentes: me envejecen mirándome. El pasado conserva todavía un acusado tono virulento, a trechos macerado en una ufana mezcla de semen y alcohol. Por su vidrioso fondo aún sigue propalándose esa estoica lección de la moral también denominada puta vida. 4

Fantástico, ¿verdad? Y no menos es aquél de Villena, el único que apareció en Hymnica y que sigue hoy día tan enorme y glorioso, tan mayúsculo:

DE UN TRATADO HELENÍSTICO
DE ESTÉTICA 
... Ella está arriba, indiferente a todo. Porque la Belleza es cálida, pero distante. Es un rostro perfecto de muchacho y doncella, el cabello liso que se deja caer sobre una frente. Es el corsario de negro con un pendiente de plata. Y son profundos los ojos, oscuros y verdes. Porque la Belleza se mira a sí misma en un constante espejo. Se nutre de su propio don, y cuando camina, el cuerpo hermoso que lleva en sí la euritmia de la música, el sonido del clave y la tiorba en esa piel suavísima, parece no saberlo; ignorando, gentil, su propio hechizo. La Belleza te hiere y te enciende. Te roza, quizá, más te desprecia. Porque su mundo es efímero y transitorio, y quien lo tuvo lo conoció apenas. La Belleza es indiferente y magnífica. Desconoce la caridad y la compasión. Es un fulgor que a veces te roza, y te deja en seguida. Sus dioses mueren pronto. Pero ella está arriba, indiferente a todo, escultural, cálida, perfecta... 5

Mola. Aun con los excesos de la época, pero ¡qué brillante! ¿Dónde encuentras esa riqueza sensorial en nuestros jóvenes y modernos poetas?

En fin, que me pierdo, volvamos al punto donde os decía que Bascuñana tiene algo que decir: lo tiene y sabe cómo decirlo. Se dedica por entero al poema buscando un lenguaje directo y sencillo, enfrentándose desde una diversidad temática propia del género con una estructura formal homogénea en esa línea de escritura fragmentaria donde asoma más el poema en prosa de cariz discursivo, como dirían los eruditos, que una tendencia más lírica o, por el contrario, descriptiva. Se acerca a la forma de ensayo emparentándolo con esa categoría donde se hace históricamente reconocible: el poema en prosa en el que se unen intensidad y acierto para hacerlo estéticamente moderno, si por moderno queremos entender un género que nace como tal hace apenas siglo y medio6 y juega en un terreno pantanoso -entre el poema versolibrista y el cuento-, lo que sigue confundiendo a la “Academia” y a los pocos lectores de poesía que existimos.

Baudelaire, Mallarmé, Verlaine, Corbière, Rimbaud.


Por otra parte hay que decir que su escritura le relaciona más con el Cernuda de Ocnos y con los poetas de la Generación del 50 que con autores posteriores. Hay en estos poemas de Bascuñana una prosa en ocasiones (pocas) intimista o descriptiva al modo en que lo hacía Carlos Sahagún, y en otro tono Enrique Badosa o Joaquín Marco, a los que no he leído tanto, la verdad, pero en los que se le reconoce. Y sobre todo suena el eco sentencioso y los poemas autobiográficos de Antonio Gamoneda, autor al que dedica uno de los mejores poemas del libro. No tiene nada que ver con esa otra poesía más experimental que nace años después7 y donde la ruptura del discurso lógico, los juegos tipográficos y otros recursos no tienen nada que ver con lo que podéis leer en Cincuenta por ciento. No digo que sea mejor ni peor, simplemente que no tienen nada que ver.


Se prolongan por tanto en este libro de Bascuñana, como decía, aquellos principios y la forma de tratar la materia poética que ya podemos leer en el gran Cernuda, patente en ese recurso del desdoblamiento que le permite distanciarse de sí mismo para poder reflexionar superando la experiencia personal. Consigue salvar, por tanto, el autobiografismo y la retrospectiva banal. Es la característica fundamental y más potente del libro. Luego tenemos que en el proceso constructivo de los poemas actúa de manera primordial la integración de contrarios -algo muy cirlotiano, por cierto-:

Lo que se ignora es lo que se sabe. Lo que nos salva también nos condena. La vida es territorio de la muerte.
RILKE. Poema XX.
Cada gota es una paradoja. (../..) Cubre, pero desnuda. Teje, pero desteje la sombra al pensamiento. Borda mi corazón a tus mentiras.
LLUVIA. Poema XIX.
Ver la vida y no verla. Coo mirar el fondo sin tregua de la tarde.
ABULIA. Poema XVII.
… Que nada en absoluto es relativo.
QUE. Poema XIV.
La parte es el todo. El continente, el contenido.
FRACTALES. Poema XXXII.
No nunca para siempre.
OSCURIDAD. Poema IX.
Las únicas ganancias permanentes son las pérdidas acumuladas.
GANANCIAS. Poema II.
La eternidad de la belleza reside en lo efímero.
EBRIEDAD. Poema XLVI.

Es en ese ejercicio de intromisión de opuestos donde mejor actúa el poema en prosa, aunque esa mezcla de imágenes complementarias ya nos viene de los místicos con la intención de “apresar lo inapresable”, que decía un profesor. Y todo ello con una unidad de sentido y de intencionalidad por parte del autor que no le resta fluidez, todo ello con una brevedad que ayuda a mantener la tensión poética.

Disfrutamos por tanto de poemas de una gran armonía expresiva, con un tono equilibrado donde predomina el carácter reflexivo de su contenido y los homenajes a autores de cabecera del propio Bascuñana (Eliot, Rilke, Gamoneda, Dickinson, Rimbaud, Cirlot, Plath, Tsvietàieva), presentes en los títulos o en otras ocasiones el tributo está en el propio texto (LA VOLUNTAD. Poema XIII, es un texto del que emana Juan Luis Panero, o el homenaje a Gil de Biedma está en QUÉ. Poema XIV). Al igual que en Cernuda el componente autobiográfico no es fundamental porque nos llega filtrado por un tratamiento meditativo de los recuerdos, y Ramón Bascuñana consigue acercarse en este libro a ese monólogo dramático en el que la poesía en prosa de Cernuda se extiende hasta nuestros días.




¿Y todo ello para decirnos qué? Pues que el mundo ha perdido para el autor todo su aspecto encantado, que muchas cosas que le gustaban se han esfumado casi en el mismo momento en que las lleva a la página escrita, como si les pegase fuego en ese instante. El libro está atravesado por un tono destructivo y pesimista en la evocación de la niñez (CASA EN RUINAS. Poema XI, por ejemplo), o al enfrentarse al dilema de la creación artística (LA BRÚJULA Y LOS MAPAS. Poema XXXVI), y en otras muchas cosas. En este libro se incinera la esperanza, no hay asideros, a lo único que se aferra es a su memoria y escribir para sí mismo –aparentemente- como dando los últimos pasos hacia la muerte. Le dirige el deseo por llegar al núcleo de las cosas, buscar el brillo, agarrar esos pocos cristales que la vida, cual diamantes, nos brinda a lo largo de nuestra biografía. Es un paseo por su vasto mundo, el de su imaginación, el de sus recuerdos y sus lecturas.



Bascuñana nos lo dice muy bien en el poema que da título al libro: “Vida y muerte se complementan”. Algo leído antes en Jenaro Talens y que me hizo buscar los versos para traéroslos aquí:

Amo cada palabra porque me obliga a construir los límites de mi silencio, como la yedra construye su fidelidad, su sueño, su armonía, o la espuma rompe sobre la cresta del acantilado tanto en la calma como en la tempestad. Amo los sitios donde la luz fue nuestra, el color de sus nombres, y amo también los que no vimos, porque habrán de obligarnos a inventar sus contornos, y su pequeña historia, y unos pocos recuerdos con que volverlos habitables. Amo, incluso, la muerte, esta forma de muerte, porque obliga a vivir8.

Tenemos pues un cierto abismo al que asomarnos, el de Ramón Bascuñana, el nuestro; el testimonio de una generación donde la palabra fracaso adquiere signos de realidad y donde la ironía, tan presente en otros poemas del mismo autor, aquí brilla por su ausencia. No procede. Volviendo al viejo Dante, nuestra ruta se ha extraviado. Y donde Ramón nos dice “perdí las brújulas y los mapas” identificamos al kamikaze que todos llevamos dentro, habitantes de una sociedad distópica donde lo único que experimentamos es el abandono.u










(1) DIVINA COMEDIA. Infierno. Canto III.
(2) Hay que recordar que C3PO era un androide creado para relacionarse con seres vivos pensantes, androides y máquinas, por lo que dominaba seis millones de formas de comunicación.
(3) En una carta, fechada en Marzo de 1953 a Díaz-Plaja, Juan Ramón Jiménez decía: “El verso se diferencia de la prosa solamente por la rima. No hay prosa “y” verso. Todo es prosa o todo es verso. Para mí, sin duda todo es verso, como para mí todo nuestro movernos es danza”.
(4) José Manuel Caballero Bonald, en Laberinto de Fortuna (1984).
(5)Hymnica, Madrid 1979. Aunque yo lo leí en su  Poesía (1970-1984), Madrid, 1988.  
(6) Sí, vale, Novalis ya existía mucho antes que los románticos franceses comenzasen a darle forma al género, y Lautréamont, pero qué más da. Esto no es un examen: estamos en la barra de un bar.
(7) Los Novísimos y la Generación del 70, para entendernos.
(8) De Proximidad del silencio, Madrid, 1981.







  http://letrascascabeleras.blogspot.com.es/


Blog de Ramón Bascuñana:     http://elalmadelapiel.blogspot.com.es/












No hay comentarios: