martes, 22 de julio de 2014

HOY FIRMA: ALEJANDRO DUQUE AMUSCO "BAJO LA LLUVIA: Una fábula moral del arte"






La contemporaneidad en el mundo de las artes no es una cuestión de fechas, de tiempo externo o simple cronología, sino de algo más esencial y profundo que atraviesa el corazón de cada época. El artista contemporáneo –y lo que digo vale igualmente para el poeta– es aquel que ilumina con su sensibilidad y con los medios expresivos que le son propios el tiempo que le tocó vivir; que sabe reconocer lo que un filósofo llamó “la realidad vital” de su época, que no es otra cosa que la adecuación de su conciencia al mundo que le rodea, y, así, vive y se expresa de acuerdo con esa realidad de hoy.


A modo de juego, y para ilustrar bien lo que quiero decir, propongo una parábola acerca de la contemporaneidad en la poesía y en las artes que hubiera probablemente hecho las delicias de los fabulistas del XVIII. Aquí va, desnuda de artificio, clara y breve, como decía Platón que podían enunciarse las ideas.



Despierto y veo que, afuera, el día está gris, triste, presagiando lluvia. ¿Me decidiré a salir? Al poco de caminar por la calle comienza a chispear, a caer casi como una caricia del cielo la lluvia, suave al principio, pertinaz, más intensa cada vez. Nos sorprende entonces ver que hay gente –poca– en la calle, pertrechada de su paraguas, personas cautas y precavidas que ya salieron de sus casas previendo el inminente aguacero. Y abren, no sin cierto orgullo de sí mismas, el paraguas salvador que las protege de aquel diluvio en miniatura.

Éstas viven en la estricta contemporaneidad, se han anticipado a lo esperable: su sensibilidad de meteorólogos urbanos no les ha traicionado. Están en el mundo real. Son personas de las que se suele decir que “se han adelantado a su tiempo” con indudable frase errónea, porque nadie de hecho se adelanta a su tiempo, sino que son personas que presienten el cambio que vendrá y, como si ya se hubiera producido, actúan en conse­cuencia. La lluvia les da la razón.



Pero ahora ha escampado. Los feos nubarrones se alejan y hay incluso un tibio sol que se abre paso entre las nubes deshilachadas. No menos nos choca entonces observar a ciertos transeúntes que, pese a la tregua del cielo, siguen impasibles con sus paraguas abiertos andando maquinalmente por la calle cada vez más seca. Estos ya no viven su día. Han caído de lleno, sin notarlo siquiera, en el automatismo de los gestos. Cesó la lluvia, pero ellos creen en una “tradición” que ya no existe. No viven con conciencia de su momento, simplemente mimetizan, repiten.


 

Y claro es, no faltará tampoco el viandante que ha salido cuando la lluvia era un hecho, una realidad sucediendo, y desplegó el paraguas cuando descargaba el chaparrón y lo cerró luego cuando cesó. Se diría que es lo normal, lo sensato, lo juicioso, lo que cabe esperar de alguien con sentido práctico (y que además tenga un paraguas a mano). Es el artista clásico.

El artista clásico se convierte en un contemporáneo de su tiempo con tal de saber abrir y cerrar el paraguas en el momento justo. ¡Ah, qué confortable y correcto ser clásico…!

Pero la realidad del arte, como cualquier otra, es compleja, y no se agota en un par o tres de esquemas tipológicos. Siempre hay más: ved a ese otro, que salió de su casa cuando llovía a cántaros y sin llevarse paraguas. Quiere vivir la vieja dicha de mojarse a cielo abierto como una señal de rebeldía contra todo: contra la ciudad, la seguridad, las marquesinas y civilizados soportales. ¿Es un primitivo?, ¿un romántico?


Tampoco falta –y la figura juvenil de Azorín nos lo recuerda– el que sabiendo que el sol vuelve a lucir y que el riesgo de lluvia pasó, sale de su casa con un paraguas provocativo, no diré inútil, sino con otro sentido e intención. ¿Un paraguas rojo tal vez?

Todos ellos, a su modo, desde el momento en que sus actitudes están sujetas a la misma realidad cambiante, tratan de vivir con mayor o menor fortuna la contemporaneidad. Pero está claro, como dijo Ezra Pound,  que no todos los hombres viven el mismo tiempo.




Alejandro Duque Amusco




No hay comentarios: