viernes, 26 de septiembre de 2014

“YO DESCANSO BAJO EL SOL DE PRIMAVERA” (Yahya Hassan)










Yahya Hassan










Se cruza en mi vida el libro de Yahya Hassan. Título: Yahya Hassan.



Dicen –leo por ahí- que está entre la poesía y el rap. Sin prejuicios y con la satisfacción de tener en las manos un libro bien editado, con una portada atrayente, me dispongo a leerlo. Poco más sé de este chico. Un joven de 19 años que está revolucionando Europa con sus letras. Y yo –como soy muy escéptica- prefiero leerlo entero antes de rastrear en Internet a este joven.



Pero pongámonos en situación: se trata de un joven de 19 años, hijo de emigrantes palestinos, residente en Dinamarca, frustrado y enfadado porque se siente abandonado por sus padres y extraño al mundo que le rodea. Esto no es distinto de lo que le puede ocurrir a cualquier adolescente que haya salido de su país. Pensé: ¿niño de papá enfadado porque no le compran una moto? Qué lejos me encontraba de lo que luego leí en sus versos.



Yahya no es un niño, quizá nunca lo ha sido. En sus 150 poemas (poemas, por otro lado, que tienen casi la frescura de una conversación, que se leen  como si el mismo Yahya te estuviera contando la historia) nos habla de su infancia, de la separación de sus padres, de su familia, de su religión, de sus hermanos…, pero también nos habla de una parte crudelísima que le tocó vivir: un padre que lo maltrataba a él y a sus hermanos, una madre que lo despreciaba, una religión que no entendía, una inmigración hipócrita que se aprovechaba de las ayudas sociales, una vida de instituciones de menores desde los trece años, un suburbio danés, un mundo hostil que comenzaba a hacer mella en él. Y es que hablar de la poesía de Hassan es hablar de su vida.






Inmigrante en Dinamarca, bien se ha ganado el debate tanto en su país de origen como en el público danés. Y es que sus versos implican una reflexión que va más allá del Islam o la inmigración, y cuando uno lee su libro lo comprueba. ¿Habíamos leído algo así hasta la fecha? Seguramente tenga sus referentes (se le ha comparado con Whitman, y falta de razón no tienen), pero leer a un muchacho que odia abiertamente a sus padres, su cultura, su religión, y que se siente de verdad abandonado del mundo y de su familia, y al mismo tiempo haciéndolo de esa forma tan cruda, tan rotunda…, el debate está servido, y cuando digo “debate” hablo del debate interior del lector.



Su estilo no es sentencioso, pero posee algo que pocos consiguen con la efectividad que tienen sus versos: rotundidad. Verdades como puños salen a borbotones de sus versos, con algunas imágenes de una crueldad excesiva (pero real, no lo olvidemos) sin dejar de ser hermosas poéticamente hablando. Hay espontaneidad, pero no debe confundirse con frescura. Yahya es duro, muy duro, como la guitarra más eléctrica que podamos imaginar. Es directo, es descortés, casi. Sin puntos ni comas, todo mayúsculas, sin rima, con un mensaje claro en cada uno de sus poemas y ningún interés por agradar a nadie: crudo.



Y es que me dejó tocada, por qué negarlo.



Dinamarca se ha obsesionado con él (más de cien mil copias en menos de un año y otros datos que asustan), y no me sorprende: defensor de su lengua (el danés), enojado, con un gran talento y muy carismático. Merece esa atención porque su poesía es cruda y urgente, con un estilo extraordinario, único. Ha recibido más de una treintena de amenazas serias de muerte por parte de extremistas islámicos, quienes están furiosos por la manera en que Hassan los retrata: hipócritas, retrógradas, violentos, estafadores del sistema de bienestar danés, cegados por la religión. Su crítica a cómo se vive en los guetos, donde, según uno de sus poemas “entre viernes y Ramadán” los hay que quieren llevar “un cuchillo en el bolsillo y preguntar a la gente si tienen problemas”, le ha costado enemistarse con el sector más radical de quienes se dicen musulmanes.  Incluso anda por Copenhague con escolta (y pueden encontrar por la web otros datos anecdóticos sobre los ataques a Hassan durante sus recitales y entrevistas).



Aunque Hassan no tiene una ideología ni una afiliación política manifiesta, derechistas han creído ver en él un aliado para denunciar el parasitismo de los inmigrantes y la decadencia del mahometismo, y los izquierdistas para denunciar las fallas de las políticas oficiales en los programas de integración social de los inmigrantes. Pero Hassan lo que critica no lo hace con una conciencia política establecida: él critica abiertamente lo que ve a diario en su casa, en la mezquita o en su familia. Su tío, el perfecto musulmán, con el ordenador lleno de pornografía; su padre –que además se cree buen padre- maltratando con una vara a los hijos; el abuelo, que reza a Alá en mitad de la carretera cuando se le cruza una muchacha en otro coche con escote y sin velo; una generación de padres que “tenían todo el tiempo del mundo pero no para ellos”;  etc. Y el resultado es que al final un muchacho como Hassan no sabe muy bien distinguir entre el bien y el mal.






Y no sólo la fama es danesa: el diario alemán Der Spiegel lo llamó el último poeta romántico de Europa, al considerar que Hassan no titubeó en traicionar a su país, su familia y sus amigos por el bien de su arte verdadero, animado por el amor a su lengua: el danés. Der Spiegel eleva a Hassan a la categoría de héroe, casi de estrella pop: pelo largo cogido con coleta, fumador y bebedor incluso en entrevistas, pinta de musulmán, con un tatuaje que dice “ord” (“palabra” en danés) en su mano derecha, sobrio, elegante. Y con escolta. ¿Qué le falta para ser una estrella?



En los períodos de aislamiento en instituciones por hurto menor, empezó a tomar afecto por la literatura. Sin embargo, comenzó sus primeros versos en el mundo del hip-hop, al cual se acercó por un taller financiado por el Estado danés. Rapeaba con sus amigos en las esquinas del suburbio de Aarhus: esa fue su escuela. Cuando su padre lo castigaba encerrado en la habitación, Hassan leía. Poco después de empezar a escribir (y ver que la poesía le daba más libertad que el rap), sus textos llamaron la atención de una de sus profesoras del centro de menores, la escritora Louise Østergaard: aquello desembocó en una relación que inspiró la primera novela de ella y algunos de los poemas de él.



En definitiva, se trata de un chaval que nos habla con la más absoluta naturalidad de lo que ha vivido. Poesía –ésta sí- de la experiencia en el sentido más estricto. Poemas que te dejan como con fuego en las manos, que te dan una bofetada de realidad y te ofrecen otro punto de vista distinto del que estamos acostumbrados. Todo un fenómeno.




Además de la traducción al alemán, al inglés o al castellano, sus poemas andan camino de nuevas traducciones. En España, “Suma de las Letras” es quien edita un volumen que recoge sus 150 poemas. Cómprenlo, porque no tiene desperdicio. Una obra terriblemente actual y portentosa. Y es que cuando uno pasa la mitad de su vida leyendo, agradece que ocurran cosas así.



No seré yo quien alce la voz ante esos poetas sinsentido que se limitan a hablar de sí mismos (cuando, en muchas ocasiones, eso no nos interesa) o hablan del mundo uniendo palabras y forman imágenes que ni dios entiende; pero sí puedo decir que este libro hay que leerlo, que estos poemas arañan y te pegan un zarpazo, que merece la pena leer a Hassan por todo lo que implica su lectura. Y no se confundan: no quiero decir con esto que esté en contra de la religión musulmana, de la inmigración o estupideces similares. Hablo de la pasión, de lo auténtico de la poesía, de contar la verdad. Y Hassan lo hace.



Pero, a estas alturas y viendo cómo funciona esto de la literatura, no puedo evitar hacerme una pregunta: ¿qué será de Hassan en el futuro?, ¿servirá de algo lo que dice?, ¿es un producto con fecha de caducidad? Dejemos que el tiempo ponga a cada uno en su sitio, como de costumbre hace. 

Y mientras esto sucede, leamos.

 

Noelia Illán Conesa



INFANCIA


CINCO INFANTES ALINEADOS Y UN PADRE CON UN CLUB
LLORANDO, Y UNA PISCINA DE ORINES
A SU VEZ, EXTENDEMOS NUESTRAS MANOS
EN ARAS DE LA PREVISIBILIDAD
EL SONIDO CUANDO LLUEVEN LOS GOLPES
LA HERMANA SALTANDO RÁPIDAMENTE
DE UN PIE AL OTRO
EL ORÍN ES UNA CASCADA CAYENDO BAJO SUS PIERNAS
PRIMERO UNA MANO HACIA DELANTE, LUEGO LA OTRA
¿ACASO SI NO SOMOS LO SUFICIENTEMENTE RÁPIDOS LOS GOLPES SERÁN INDISCRIMINADOS?
UN GOLPE, UN GRITO, UN NÚMERO
30, 40 O TAL VEZ 50 VECES
Y FINALMENTE, UNA PATADA EN EL CULO ANTES DE SALIR POR LA PUERTA
ÉL SUJETA AL HERMANO POR EL HOMBRO Y SE PONE DE PIE
COMIENZA A GOLPEAR Y CONTAR
BAJO LA MIRADA Y ESPERO MI TURNO
MADRE ROMPE LOS PLATOS EN LA ESCALERA
MIENTRAS AL-JAZEERA SIGUE TRANSMITIENDO
BULDÓCERES HIPERACTIVOS Y PARTES DEL CUERPO RESENTIDAS
LA FRANJA DE GAZA BAJO EL SOL
BANDERAS QUEMADAS
SI UN SIONISTA NO RECONOCE NUESTRA EXISTENCIA
SI EXISTIMOS EN ABSOLUTO
CUANDO NOS DA HIPO EL MIEDO Y EL DOLOR
CUANDO JADEAMOS POR ALIENTO O POR SIGNIFICADO
EN LA ESCUELA NO DEBEMOS HABLAR ÁRABE
EN CASA NO DEBEMOS HABLAR DANÉS
UN GOLPE, UN GRITO, UN NÚMERO





Salam habibi



Yo pulía un pedazo de madera en la escuela

Cuando el maestro me entregó el teléfono

Que usaba para llamar a mi padre

Qué he hecho ahora pregunté

Y puse el teléfono al oído

Pero era mi madre

Dijo que se había ido

Me puse a llorar

La noche anterior nos habían dejado en la sala

La puerta de la alcoba permanecía cerrada

Ruidos adentro y una mirada por el ojo de la cerradura

Mamá con un cable al cuello

Yo empujé la puerta y él se soltó el cinturón

Ya me había dicho que permaneciera en la sala




No hay comentarios: