viernes, 24 de octubre de 2014

La SCRIPTIO CONTINUA de Rosario Guarino








Rosario Guarino Ortega

Palimpsesto azul
 
 Raspabook, 2014
 





 
Aún recuerdo la primera vez que vi a Charo. Tenía 18 años y ella alguno más que yo. Esperé a que acabara la clase de MITOLOGÍA EN EL ARTE y me acerqué a su mesa con la poca timidez que me caracteriza. “Hola, Rosario. Me llamo Noelia. He sido alumna de Arnau, de José Arnau”. Todavía puedo ver sus grandes ojos almendrados mirándome desde la silla mientras yo, en modo acosadora, me presentaba enérgicamente. Hablamos durante unos minutos en el aula sobre cómo estaba el famoso Arnau (profesor mío de latín en Bachillerato y responsable en gran parte de que estudiara Clásicas), que había sido compañero de carrera de Charo pero con quien el tiempo y la distancia física impedía el contacto desde hacía varios años. Esto, no se preocupen, pronto se solucionaría: ambos coincidieron poco después en la “Electra” de Sófocles, en el teatro de Cartagena (encuentro que nos ocasionó una emoción enorme a los tres).
Al poco me marché de allí con la sensación de haber conocido a alguien especial; tan especial que se ha convertido en una de mis mejores amigas (de esas de verdad) y una constante en mi vida desde ese primer encuentro. 

Y Charo se hizo poeta. 

No fue, como piensan muchos, de repente. No se levantó un día y dijo “voy a publicar un libro”; no le entró la “pelusilla” y en una tarde hizo un poemario. Lo suyo venía de lejos. Y como bien contaba ella en la presentación de su poemario -el pasado 2 de Octubre enel MUBAM de Murcia-, yo estuve presente en los inicios de esa faceta poética de Charo. 

Fui una tarde a su casa, en 2011, a llevarle mi libro (que acababa de publicar) y a tomar algo como otras tantas veces hemos hecho. Cuando a mitad de la conversación me dijo que ella también escribía (y ella esto lo cuenta mejor que yo), mi sorpresa fue tan supina que le espeté: “¿Sí, tía? ¡Pues publica!”.  Y desde entonces hasta hoy, la Charo-poeta que muy pocos conocían se iba gestando en la Rosario-profesora-traductora-investigadora que ronda las aulas de la Universidad de Murcia.

Y aquí está: PALIMPSESTO AZUL.  

A ti no tengo que explicarte el título, ¿verdad?, me dijo cuando me dio el libro. Un papel que se borra para volverse a escribir, un soporte que alberga unas letras para ser más tarde reutilizado. Quizá la forma más antigua de reciclaje. La vida como un papiro que va borrando y volviendo a escribir sus episodios en la misma superficie, que va tejiendo la historia sobre un lienzo nunca acabado. Ahí es donde la palabra cobra sentido para Charo. Y es que el término es magnífico.
Podría establecer los tres ejes que para mí tras su lectura determinan el poemario de Charo. Para empezar, su no pretensión de hacer literatura; me explico: desde el prólogo de la misma autora, se reconoce esa modestia y ese afán de conseguir que alguien, cuando lea Palimpsesto Azul, encuentre algo de sí mismo en sus páginas. No se muestra como una poeta que dicta sentencias y verdades absolutas, sino que su osadía radica en eso: que el lector se sienta identificado. Y no es poco. No hay altivez, no se muestra sentenciosa. Quizá el poema clave para entender la idea que Charo tiene del término griego (y de su libro) es DEL SER Y LA NADA: es el palimpsesto que se va escribiendo a lo largo de una vida a base de experiencias, en gran parte amorosas, y que sólo a veces se permite el lujo de dar consejos, al modo de los líricos griegos. Esto se ve, por ejemplo, en su CARPE DIEM:

Disfruta intensamente
del instante
que la vida te ofrezca,
dadivosa,
procura conservar
su lozanía
y acepta agradecido
todo cuanto, con generosidad,
ponga a tu alcance,
mas no quieras
aún más allá llegar.
No vaya la avaricia
a traicionarte
y a la postre te quedes
como cuentan
del gallo de Morón
o a la manera
del inconsciente Midas,
ambicioso,
te prives sin querer
del gozo de gozar
y pierdas,
en tu fugaz presente,
preludio inevitable
del anunciado olvido,
lo que tal vez nunca fue
ni quizá ya jamás
podrá llamarse tuyo.


El segundo elemento que querría destacar es el tema en torno al cual gira todo el poemario, que además enlaza perfectamente con lo anterior: el Amor con mayúsculas. Y el Amor no sólo cuando se trata de algo dulce instilado por ese niño rechoncho que tira flechas, sino también doloroso cuando el amante se aleja, tembloroso cuando el amante duda o agrio cuando la ausencia es total. Hay una clara cronología de ese proceso amoroso, desde los besos infinitos al modo catuliano y los pactos de amor (PACTOS), el deseo ferviente de una unión carnal (SIMBIOSIS), el amor como algo que aspira a ser inmortal (AMOR SIN FIN)…, hasta ese amor que a veces nos enreda (TRAMPAS), deseos de permanecer juntos (NE ME QUITTE PAS),  y finalmente el amor como algo pasado (C´EST FINI), destructivo (LA MALQUERIDA) o destinado irremediablemente al olvido (PENSANDO EN TI o RECUERDOS DE LA ALHAMBRA), por poner algunos ejemplos.

Y el tercer punto a tener en cuenta y que llama poderosamente la atención es el elemento clásico, el aire grecolatino que inunda sus páginas. Nada más abrir el libro, encontramos la cita de Sófocles que abre el poemario (además de ANTÍGONA; no cabría otra tragedia aquí). Hay poemas que recuerdan a esos lejanos Himnos Homéricos (SOLEDAD COMPAÑERA), donde el poeta se dirige a la Soledad casi como si de un canto religioso se tratara, al igual que es frecuente encontrar versos que recuerdan a los epítetos homéricos. El CARPE DIEM no es otra cosa que un poema al modo de Arquíloco, como ese ABANDONO, que recuerda al θυμε, θυμε... Hay pactos de amor (foedus amoris) al modo de los elegíacos romanos, desde Catulo a Propercio, y sobre todo referencias a personajes y elementos del mundo clásico: Pigmalión, Afrodita, Troya, Catulo, César, Cupido, Penélope, Selena, Orfeo, Hades…, hasta llegar al final del poemario, ese nóstos que recuerda a Ulises o incluso a Eneas. El Destino y la Fortuna aparecen como si se tratara de dioses griegos, así como el Olvido, la Añoranza y, obviamente, el Amor.
Pero de vez en cuando se cuelan elementos que rompen con ese clasicismo, que contrastan con el espíritu clásico que impera en los poemas: la modernidad de MUNDO VIRTUAL, el encomio en EL VESTIDO DE NOVIA,  el cinismo de RELATIVIDAD TEMPORAL, la aridez de la mujer de LA MALQUERIDA, o las varias referencias a películas. 






En definitiva, se mezclan elementos modernos con los más puramente clásicos al modo de Homero o Catulo (el autor latino más presente en el poemario), con referencias al mundo grecolatino que lo convierten a veces en un poemario que roza lo culturalista; al mismo tiempo, aunque los consejos no dejan de existir al modo de los líricos griegos, Charo se centra en las experiencias amorosas en un tono personal sin pretender ser sentenciosa o absoluta, y mostrar así su visión de las cosas para que, quizá, alguien se encuentre identificado.

Posiblemente este poemario –o su publicación, más bien- haya causado la sorpresa entre el público que poco conocía la faceta poética de Charo, y quizá algún día también cause estragos entre la población saber que Charo es más cosas además de buena persona: es atrevida, es divertida y es valiente. Y esto último, por favor, que no se nos escape. Quizá es el valor que más la caracteriza, no sólo por tantas cosas que uno afronta en la vida, sino porque publicar un poemario, a fin de cuentas, no es más que un acto de valentía. 

Gracias, Charo, por ser siempre.



Noelia Illán Conesa

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