viernes, 17 de octubre de 2014

"LIGERO COMO UNA TUMBA" de JULIÁN PORTILLO







"Ligero como una tumba"  
 Julián Portillo Barrios
(Ilustra Carmelo Vera)

[email protected] [email protected], 2014








 Cuando vi el libro de Julián Portillo, la portada negra captó toda mi atención. La silueta de un ataúd con una calavera dibujada por un finísimo hilo. El hilo entra por el lateral derecho de la portada, dibuja su calavera y termina enhebrado en una púa, un hilo gris que apenas se ve sobre el fondo negro. La portada oscura, siniestra, gótica y romántica a la vez no tiene desperdicio. Abro el libro y me dedico a pasar las hojas contemplando las ilustraciones y detalles de cada página sin darme cuenta de que  hay palabras escritas junto a las imágenes. Por eso, lo primero que quiero hacer es quitarme el sombrero ante Carmelo Vera Trujillo por el trabajo de diseño, maquetación y sus ilustraciones que casan y se fusionan de una manera genial con los poemas de Julián Portillo. Quien tenga la suerte de tener el libro en sus manos podrá comprobar que el libro es una unión perfecta entre poesía e ilustración, donde cada una participa al cincuenta por ciento sobre la obra final. La ilustración no ocupa un segundo plano con respecto al texto, sino que consigue estar al mismo nivel y enriquecerlo como en pocas ediciones ilustradas he visto. De tal modo que el libro no sería lo mismo sin la parte gráfica, así como las ilustraciones se quedarían cojas sin el texto. 



            El oscuro poemario se divide en tres partes. Tres partes de un viaje que comienza en la tumba (Ligero como una tumba) con poemas escritos entre 2006 y 2009.  En este inicio del viaje hay algunos poemas geniales como Fiesta Rave

[…]
he olvidado
las normas básicas
del habla
y la geometría


veo la danza
de los cuerpos
que se elevan sobre el polvo


unos punk´s vendiendo anfetas
y bailando como apaches
del infierno


no queremos escuchar
necios sermones
la vida de afuera
ya poco nos importa


aquí flotamos como helio
en una atmósfera más densa.

o el caso del número VII, un poema negro sobre fondo negro:





            Delirios de Grandeza es un poema con una fina ironía, no puedo evitar reírme cada vez que lo veo y la risa es una de las cosas que más admiro en literatura porque siempre me sorprenderá que un escritor me arranque una carcajada. La primera parte termina con una Canción para el fin del Mundo (Poema interpretable o performativo).
La siguiente parte se titula Poemas desde el otro lado (poemas entre el 2009 y 2010). Desde el otro lado de la tumba vienen poemas más variados en cuanto a temática y composición. El hilo de la portada continúa dibujando sombras y algún que otro perro que orina sobre un poema lo suficientemente vertical como parecer una farola.

VII

¡Perros!
Nos llaman perros
porque dicen
que rabiamos
que en las noches sin luna
aullamos solitarios
en colinas
alejadas
Perros nos llaman
¡Perros!
porque dicen
que mordemos
Que vagamos
por las calles
irredentos
ahuyentamos
a los amos
entre dientes
y a nuestro paso
lastimero
ensuciamos
sus ciudades
con orines
y excremento
Perros
nos gritan
desde lejos
los cobardes
y nosotros
como perros
aguardamos
a que pasen.


Julián Portillo también es músico y se nota. Maneja muy bien el ritmo en todos los poemas y la rima aparece sin chirriar. Parece que no tengo nada malo que decir del libro, pero es la verdad. Me gusta tanto el contenido como el continente y todos los poemas me parecen muy buenos y muy acertados. No hay ninguna falla que destacar, aunque supongo que no todo el mundo coincidirá conmigo. Se puede apreciar que estamos ante un poemario realizado a lo largo de 7 años (no sé quién dijo que la media para realizar un buen poemario es 5 años) al que se le ha aplicado la lima necesaria, que elimine las asperezas y los poemas más rudos. El buen trabajo requiere su tiempo, especialmente en poesía.

La tercera parte se llama Los Restos de la Exhumación, con poemas en su mayoría numerados y más breves que los anteriores, (supongo que tras la exhumación los poetas son más parcos en palabras). Escritos entre el 2011 y 2013 muestran la reflexión y la duda que muchas veces nos asalta. El poemario cierra con uno de los mejores poemas y una ilustración que choca con el resto porque está llena de color. No quiero poner en esta reseña el último poema porque no me gustan los spoilers, pero para terminar dejo aquél que da nombre a esta parte:


Los restos de la exhumación


Algún día vendrás
pálida y hermosa
en busca de consuelo
a sacarme del cajón


Pero allí sólo hallarás
mis huesos
y el vacío de los días
que nos restaron por vivir.




Samuel Jara 



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