domingo, 5 de octubre de 2014

¡QUE NADA SE INTERPONGA -SI ES POSIBLE- ENTRE EL LECTOR Y LA OBRA! (Dámaso Alonso)





 



COMO LA LUZ DE LA LUNA 
EN UN MARTINI

Enero, 2014




Esto no es una reseña al uso y pronto sabrán por qué.

Queríamos que alguien hablara de COMO LA LUZ DE LA LUNA EN UN MARTINI, el último poemario de José María Álvarez. Tras varios intentos fallidos, aparece en nuestro camino Mikel Ormaeche, declarado admirador de la obra de Álvarez pero –y uso sus palabras- un simple lector, nunca ha escrito nada de crítica literaria. Es extraño que, aunque en un principio se mostró reacio -puesto que consideraba esto un “atrevimiento”, algo para lo que él no estaba a la altura-, apenas seis horas después nos escribió de nuevo para mandarnos lo que ahora podrán leer.

No es una reseña al uso. Y no lo es porque está escrita desde el punto de vista de un lector de la obra de José María. Y esto nos llevó a pensar en aquellos tres ensayos que Dámaso Alonso publicó en 1982 bajo el título de “Poesía española. Ensayo de métodos y límites estilísticos”. Y Dámaso es, quizá, el crítico de poesía más lúcido en la historia de la lengua española, como sabrán quienes han leído esa serie de textos tan útiles.


En el capítulo llamado Primer acercamiento a la obra poética, nos dice: “La intuición del autor, su registro en el papel; la lectura, la intuición del lector. No hay más que eso: nada más”. Y es que, si lo pensamos, no se equivocaba. En el lector habita esa intuición a la que Dámaso llamó “totalizadora”, y ese conocimiento es inmediato, y “tanto más puro cuanto menos elementos extraños se hayan interpuesto entre ambas intuiciones”, finaliza Dámaso en el citado capítulo.




La crítica (necesaria, dicho sea de paso) es otra cosa. Y cito de nuevo a Dámaso en este párrafo que bien lo resume todo:

La crítica es imprescindible, y cada vez más, porque, sin ella, el lector, fluctuante en ese océano, no sabe adónde dirigir la mi­rada. El crítico debe o debería indicar al público cuáles son las auténticas obras literarias, debería apartarle de las groseras simula­ciones. Más aún: le debería explicar, en lo posible, la índole y la fuerza de la intuición estética suscitada por cada obra, para que el lector pudiera, aun entre obras auténticas, seleccionar la lectu­ra que vaya mejor a sus especiales condiciones. La vida contem­poránea ― ¡qué tropezones, qué atropellamiento!— no da lugar para otra cosa

Pero esa percepción en el lector es otra cosa, algo más puro y genuino, quizá no digna de llamarse “crítica”, “estudio” o “reseña”, pero posiblemente más auténtica y llena de Verdad. El crítico valora la obra y su juicio es “simple guía de lectores”. Y para Dámaso, precisamente esta crítica “teórica” es la que ha hecho mucho daño en nuestra literatura española: 

En Espa­ña ha habido bastantes eruditos, pero apenas ha existido la crítica. Hay, además, una tendencia nacional hacia el énfasis retórico (…) La tendencia retórica logra hacer pasar como genuino lo que es sólo imitación sin sentido ni voz, y toma por macizas las más vacías ampollas, con tal de que ofrezcan vivos colorines.

Por ello, y dándole la razón, queremos compartir con vosotros las palabras de Mikel sobre el último libro de José María Álvarez. Porque Mikel no es crítico ni erudito: es un lector. ¿Hay algo más verdadero?
 




Mi relación con la literatura es la de un mero lector amateur. Dicho esto, puede parecer, y lo es, un atrevimiento por mi parte escribir sobre COMO LA LUZ DE LA LUNA EN UN MARTINI

De manera un tanto casual abordé hace ya algunos años la obra de Álvarez. Fue como un relámpago que me atravesó ya para siempre. Supuso un trallazo, utilizando su expresión, del que, por fortuna, ya no me recuperaría y que me aboca a volver, ansioso, constantemente sobre su obra. Es para mí, junto con algunos autores como Jünger o Montaigne, un asidero para no perder la lucidez, siempre dolorosa, ni esa especie de desesperanza esperanzada que alienta en nosotros la valentía de seguir luchando por nuestra libertad, aunque sea desde la solitaria emboscadura. Contra todo y contra todos, si fuera preciso. Contra nosotros mismos muchas veces.

De su último poemario, qué decir. Yo, más que como una despedida, lo quiero ver como un nuevo comienzo. Veo coherencia e inteligencia y no quiero ver el adiós de una obra poética singular, arriesgada y valiente. Tanta vida, tanta intensidad, tanta emoción, toda esa fascinación y belleza, toda esa sangre y vísceras, toda esa celebración, sensaciones y recuerdos compartidos no pueden, no quiero que puedan, cesar ahora de seguir llegando a nuestras vidas. Una imagen que refleja una de las sensaciones al leer esta obra: como una mano de hielo que te estrujara las tripas (IV poema, página 20).

Maestro, mi gratitud por todo lo que me ha hecho y hará sentir y vivir su obra. Tantas imágenes y emociones que me acompañarán para siempre, toda esa dicha.


 Mikel Ormaeche




   

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