jueves, 4 de diciembre de 2014

JUAN JOSÉ TÉLLEZ reseña "Después de la música", último libro de poemas de JESÚS CÁRDENAS



MÚSICA Y SILENCIO
DE JESÚS CÁRDENAS





Colección ANAQUEL DE POESÍA, nº 34
Prólogo: ENRIQUE GRACIA TRINIDAD
88 páginas • 10 €


“Después de la música” no es tanto un libro como una encrucijada. Un cruce de caminos en la vida y en la obra  de Jesús Cárdenas (Alcalá de Guadaira, Sevilla, 1973). Le interesa el lector, pero no se humilla ante él. Busca su complicidad, también, antes que la veneración. Su viejo profesor Tomás Valladolid, le sitúa en lo que últimamente se viene catalogando  como poesía humanista: desde su perspectiva, esta nueva obra “se inscribe –afirma-- en la recreación de lo humano, desde la cruda y desnuda humanidad”.

Afincado en Carmona y profesor en Constantina, Cárdenas empezó a darse a conocer a partir de los años 90, a través de diversas aproximaciones ensayísticas a Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado o Luis Cernuda. A finales de dicha década, empiezan a aflorar sus versos, tocados por su oficio de lector, fundacional para su lírica según él mismo confiesa y quizá herencia de su condición de alumno y a su vez profesor de Lengua y de Literatura española. Sus afinidades literarias le aproximan, entre sus contemporáneos, al querido y recientemente fallecido Domingo F. Faílde, a la voz sólida de Felipe Benítez Reyes y la belleza intimista que reflejan José Luis Morante, Francisco Basallote o Julio Rodríguez, por no hablar de Antonio Orihuela, Álvaro García, Luis Muñoz, Alejandro López Andrada, Manuel Jurado, Javier Egea, José Luis Rey, María Sanz, Josefa Parra, Raquel Lanseros y Dolors Alberola.

“La musicalidad no es circunstancial en el poema, sino determinante”, ha sentenciado. Más preocupado por el ritmo que por la métrica, el poeta no descuida los endecasílabos, alejandrinos, eneasílabos o heptasílabos, cree que la forma sigue siendo el fondo y que, como nos enseña Japón, el haiku “implica una filosofía, no sólo una medida”. Le fascina sobremanera la musicalidad, pero ahora invita al lector a apreciar lo que queda “Después de la música”. Como un alfarero de sonidos y de conceptos, los moldea en el mismo barro para darles una nueva piel. En el principio, fue el verbo. Y la literatura tiene mucho de sacerdocio. Pero también sabe que “la palabra debe ser humilde e innegociable”.

Próximo a Roman Jakobson y a Samuel R. Levin y en las antípodas respecto al new criticism y el Estructuralismo, Jesús Cárdenas se sitúa en la historia como sujeto literario. Esa es su actitud ante la vida, la del poeta. Y si el poeta es un fingidor, un impostor, llega a preguntarse cómo puede la poesía remover conciencias si no interesa. No sabemos si no interesa la poesía, si no interesa remover conciencias o si no interesan ambas pulsiones.
En cualquier caso, apuesta por romper los estereotipos al uso sobre la lírica, desde la visión romántica que todavía pervive en corazones actuales, al pastiche contemporáneo, fruto de una mala digestión de la generación beat y de las nuevas tecnologías. Quizá no sepa contar historias, como él mismo se reprocha, pero sabe transmitir emociones y destellos tan sentimentales como intelectuales. Lo íntimo y lo público se entremezcla, sin dogma, pero con un indudable criterio de belleza. La esperanza, en sus versos, apenas consiste en una mirada. El tiempo es el amor. Y el amor es el tiempo.

En una ocasión, le preguntaron por qué no escribía narrativa y prefirió responder a la pregunta de por qué escribía poesía: “La poesía es un conjunto de respuestas –razonó-. Es la percepción de emociones, sentimientos y experiencias reales e imaginarias; la creación de otra realidad más sensorial, menos cruel; el diálogo con uno mismo de la realidad; la poesía como brazos abiertos, como encuentro; una aventura por zonas hostiles de la memoria de la que difícilmente salgo ileso; una búsqueda permanente e inagotable por las palabras -mejor diré una batalla-; una cadencia armoniosa; lo que se calla cuando se ha dicho; una lucha constante por lo previsible… Presentimiento y nunca olvido•”.

El poeta y crítico Enrique Gracia Trinidad, autor del prólogo.
Aparecido en la colección “Anaquel de poesía”, la crítica ha apreciado en “Después de la música”, una cierta voluntad de fin de ciclo, una primera etapa caracterizada, según sus propias palabras, por la búsqueda alquimista de la sustancia poética. Y Enrique Gracia Trinidad, en su prólogo, advierte la principal directriz de este nuevo conjunto de versos: “Este libro –asegura- contiene la vida y sobre todo el amor, ese aliento que siempre asoma en cualquier intersticio de la vida, feliz o desconsolado. Pero también contiene la condición exacta de las palabras; el dolor permanentemente al acecho; la amarga cercanía de las desdichas; la soledad y su murmullo; el silencio que suena atronador en la poesía; la pérdida y la ausencia, el desamparo y el gozo”.
“Cada poema –añade el prologuista-, casi cada frase ha sido un ir y venir del deslumbramiento al desamparo, de la alegría a la tristeza, de la nostalgia a la esperanza, de los recuerdos al olvido”.  

Hasta el momento, Cárdenas había publicado  “Algunos arraigos me vienen (Diputación Provincial de Sevilla, 2005)”, “La luz de entre los cipreses” (Sevilla, Ediciones en Huida, 2012), y “Mudanzas de lo azul” (Madrid, Vitruvio, 2013). Su poética se ha visto reconocida con diversos galardones y aparece en varias antologías, al tiempo que publica con frecuencia en revistas y dirige talleres literarios. Su mentor, su maestro y su amigo Francisco Basallote, escribe en torno a dichos títulos: “De su obra poética anterior destacamos “ La luz de entre los cipreses”, (Ediciones En Huida, 2011)  un poemario en el que nos manifiesta su versión del mundo con una voz intimista y personal, cargada de ecos de la poesía de siempre: amor, desamor, memoria, tiempo, cotidianidad, incertidumbre y “Mudanzas de lo azul”,(Vitrubio, 2013)  en la que con una voz plena de madurez, un paso certero en su camino poético, profundiza en los aspectos ya apuntados en su anterior libro, aunque su palabra nos llega plena de bríos nuevos, matices en la profundización de su búsqueda que simbólicamente  en el título indica la intención del autor, ya que su “mudanza” no es sino una escala en el proceso personal de su propia identificación poética, de la autentificación en el sendero sin fin de su propia depuración. Un proceso que en este “Después de la música”, se manifiesta como una situación liminar, el punto donde se cierra una etapa poética  y en el que el poeta nos presenta todo su bagaje: la vida y el tiempo, la memoria, las pérdidas,  los días del amor y del desamor, la soledad, y  sobre todo el silencio, ese componente esencial de la música que la hace excelsa y prepara el corazón para el devenir, como una premonición…”.





A lo largo de dicho proceso, en efecto, Cárdenas ha ido depurando su estilo, descarnando sus emociones y sus experiencias, esclareciendo su telón de fondo, desde el tenebrismo amargo de sus primeros versos. Estructurado en cinco partes, bajo los títulos de  “El rescate en otras palabras”, “Vías de escape”, “Otro infierno puede ser posible”, “Demasiado espacio” y “Un cielo cegador”, Cárdenas busca una salida al callejón que no la tiene, o que el silencio nos rescate del abrumador ruido que nos nubla. Si lo consigue o no, debe decidirlo cada cual que se adentre en su misterio.



Juan José Téllez









Juan José Téllez Rubio es un escritor y periodista español nacido en Algeciras (España) en 1958. Colaborador en distintos medios de comunicación (prensa, radio y televisión). Fundador de varias revistas y colectivos contraculturales, ha recibido distintos premios periodísticos y literarios. Fue director del diario Europa Sur y en la actualidad ejerce como periodista independiente para varios medios. En paralelo, prosigue su carrera literaria como poeta, narrador y ensayista, al tiempo que ha firmado los libretos de varios espectáculos musicales relacionados en mayor o menor medida con el flamenco y la música étnica. También ha firmado guiones para numerosos documentales.

Sus seis primeros libros de poemas han sido recopilados bajo el título de "Ciudadelas y sextantes", en 2006, y por Las grandes superficies (2010) recibió el Premio Unicaja de Poesía. 
Como narrador ha publicado Amor negro (1989) Territorio estrecho (1991) El loro pálido (1999) Main Street (2002) y Señora Melancolía (2007).
Figura al mismo tiempo en numerosas antologías y algunos de sus textos han sido traducidos al inglés, al francés y al árabe. Desde hace un par de años es director de contenidos y programación del Centro Andaluz de las Letras.
































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