jueves, 29 de enero de 2015

JAVIER LOSTALÉ habla de EL ÁRBOL DE TU NOMBRE -Antología Bilingüe-, de JORGE DE ARCO.






EL ÁRBOL DE TU NOMBRE
-Antología Bilingüe-


JORGE DE ARCO

(Traducción de Almendra Staffa-Healey) 
Editorial Polibea
Colección el levitador

Madrid, 2014                      




                   



     La creación de existencia a través del lenguaje en que consiste la poesía,  adquiere en Jorge de Arco una tensión y una verdad siempre germinadoras dentro del lector.  

Nacido en Madrid en 1969, pero con raíces en el Sur, este poeta, crítico literario y traductor, ha ido alumbrando desde mediados de los noventa  una obra  inconfundible, tanto por  su férvido latido amoroso como por su léxico con respiración clásica y voluntad de belleza. Un universo poético formado  hasta el momento por seis libros, cuya columna vertebral es esa pulsión amorosa modulada por la memoria, el olvido, el paso del tiempo, la naturaleza y un entrañado sentimiento de culpa. Todo ello dentro de un animismo que no establece fronteras entre el cuerpo y el alma, de modo que hasta en lo más carnal sopla el espíritu. 

Ahora una representación esencial de cinco de esos seis poemarios ha sido incluida en una antología bilingüe ( español-inglés) que, bajo el título “El árbol de tu nombre”, ha publicado esa editorial modelo de rigor y de diseño que es Polibea. Ha traducido los poemas al inglés Almendra Staffa- Healey,   y en sus palabras preliminares Vicente Molina Foix se refiere a “la realidad exacta del recuerdo”, basal en esta poesía, y a “la verdad del amor  frente a la falsedad del olvido”.


     La lectura cronológica de esta antología desvelará al lector las claves apuntadas, servidoras en todo momento de ese núcleo vivificante y con aspiración de absoluto que es el amor. Y éste podrá también comprobar el desarrollo orgánico de la obra de Jorge de Arco, su crecimiento interior, pues en  ella no hay sino introspección. Basta para ello con que desde cierto estado de inocencia, como debe leerse toda verdadera poesía, se deje embargar por la pasión, no exenta de reflexión, que alberga. El título que acoge los poemas reunidos,  “El árbol de tu nombre”, -el de la amada entiendo-, pone ya en contacto al lector con esa fuerza primigenia y ascensional que posee el sentimiento amoroso, latiente  desde “Lenguaje de la culpa” hasta “Las horas sumergidas”, pasando por  “De fiebres y desiertos”, “La constancia del agua”, y “La casa que habitaste”. A lo que hay que añadir otros tres poemas que no forman parte de ninguno de los libros citados. 


Un sentimiento amoroso que desborda la relación entre los amantes para, desde sus mareas íntimas, crear un orbe donde con transparencia de corazón y hondura de pensamiento hacer del amor un presente permanente, porque el recuerdo es resurrección (…) Pues no era espejismo aquella transparencia,/ sino dulce tibieza, huellas de un mismo cielo,/ inevitable don que así nos conmovía; la ausencia sigue alentando vida y amaneciendo preguntas (…) Y allí, deshilvanados los instantes/ que me pertenecieron,/ escondo el rostro-niño-/ y permanezco aún, casi doblegado,/ bajo las luces tenues que me almendran; y el olvido desde lo que ya no existe engendra horizonte (…)  Sumido en el reflejo/ que devuelven las luces tibias del corazón, /rota un día la voz que mordiera el pecado,/ la voz de la venganza,/ queda el olvido mismo, los lugares soñados, la piel del paraíso.


      De este modo el tiempo es vencido desde las propias heridas que abre en el que busca fundirse, consumarse en la amada, y la idea de  culpa, presente en esta poesía hasta dar título a uno de los libros, obedece, creo, a la tentación de negar desde el dolor de lo perdido la naturaleza de don que tiene el amor, pues para Jorge de Arco la posibilidad de amar es un regalo en sí mismo por esa búsqueda de completud y gratuidad que le prestan una dimensión divina. 


Hay también en la obra de este autor una vena mística, un irse quedándose de la amada después de haber inundado al amado, y una elevación a estado de conciencia o alma de lo que sucede entre los amantes. Tampoco debemos olvidar el importante papel de las fuerzas de la Naturaleza a la hora de potenciar y transustanciar aquello con lo que se identifican. Por ejemplo al transmitir a una falda la  insolación (ahora amor) del verano, o el resplandor de un astro:



TU FALDA ES UN VERANO,

una lluvia de soles

que altivos se desploman en tus muslos.



Tu falda abierta

es el brillor amante de un arco iris,

el latido incesante que se anilla

al fulgor de los astros.







YOUR SKIRT IS A SUMMER,

a raining of suns

that proud tumble in your thighs.



Your open skirt

is the loving shine of a rainbow

an unceasing beat that circles

the glow of the stars.





O al hacer transpirar la infancia en el vuelo de un vencejo entre julio y la cal



Hacia el Sur se dirigen los vencejos,

los siglos más hermosos de mi infancia.

Rebusco en los andenes, las alcobas,

los puentes de mi piel,

y vuelve

el tacto ardiente y julio de la cal,

el mismo aroma a abuela y albahaca,

la calima febril de sus abrazos.





Y dentro de la Naturaleza, adquiere una simbología fundamental el agua. Agua que es lo primordial, lo transparente y lo profundo, lo natural y lo terrestre, lo quieto y lo que fluye. Y sobre todo representa la constancia porque en su pulso/ de prodigio y de azumbre/ se aquieta la firmeza de la vida,/ el ciego aletear de los olvido. Agua, manantial copioso del alma (…) Fluyera/ por siempre/ como/ alfaguara del alma,/ celeste borbotón,/ y fuera así la vida/ caudal sagrado de sus dones.



     “El árbol de tu nombre” es un árbol que tiene la altitud del amor, y está nutrido por la mejor tradición poética y por el pulso de San Juan de  la Cruz. Un árbol con la rica resina de su lenguaje que, sin duda, crecerá dentro de cada lector, como crece la poesía capaz de ser habitada, de ser reescrita por la propia vida de cada uno.



 Javier Lostalé






Javier Lostalé (Madrid, 1942).


Profesional de Radio Nacional de España, premio Nacional de Fomento de la Lectura y premio Ondas otorgado al programa de poesía «La Estación Azul», que codirigió con Ignacio Elguero, y del que ahora es colaborador.



Es autor de siete libros de poemas: Jimmy, Jimy; Figura en el Paseo Marítimo; La rosa inclinada; Hondo es el resplandor, La estación azul (Premio Francisco de Quevedo), Tormenta transparente y el recién aparecido, El pulso de las nubes. Los cinco primeros fueron publicados por Calambur bajo el título La rosa inclinada. Asimismo ha preparado las antologías Antología del mar y la noche, de Vicente Aleixandre, y Edad presente, sobre poesía cordobesa para el siglo XXI. También ha visto la luz una antología de su obra en Ediciones Cálamo, bajo el título de Rosa y Tormenta. Es crítico literario de las revistas «Turia» y «Mercurio».




No hay comentarios: