martes, 13 de enero de 2015

LOS TRIPULANTES DEL LÍRICUS, de José Siles González. (Por Jean Paul Caribdis).



Los tripulantes del Líricus. PRÓLOGO DE ANTONIO MARÍN ALBALATE

Devenir Poesía JOSÉ SILES GONZÁLEZ. 64 pá12 €. 2014


Fotos viejas. ALFONSO VILA FRANCÉS
José Siles es salitre. Podría llevar un parche en el ojo, una pierna reconstruida tras amputársela en la isla de La Tortuga, o faltarle tres dedos por un pistoletazo recibido en Puerto Príncipe. Me lo imagino siendo ayudante de fogonero, o marinero en un viaje desde Liverpool al Lejano Oriente con dieciséis años.  El criarte al borde del Mediterráneo sobre las ruinas de la vieja Cartago Nova, leer a Conrad, a Melville o al Lowry de Ultramarina, y poseer la imaginería aventurera que a todo buen lector juvenil le proporciona Jules Verne, Salgari o Stevenson, han hecho que José Siles lleve el mar en la sangre y parezca querer probarse a sí mismo como un hombre entre otros hombres a bordo de este viaje hacia la muerte que es cualquiera de nuestras vidas.  

Nacido en Cartagena y llevado por la profesión a Alicante, todos sus títulos, tanto sus novelas -Resaca Estigia (1987), La última noche de Erik Bicarbonato (1992), El hermeneuta insepulto (1993), La delirante travesía del soldador borracho (1994); El latigazo (1997); La Venus de Donegal (2012)- como sus poemarios –Protocolo del hastío (1996); El sentido del navegante (2001); La sal del tiempo (2006)- son deudores de este “pasado marino”, se anclan en lo vivido para que vida y obra anden de la mano, aunque sea a costa de imaginar una singladura fantástica, un periplo por los muelles de la existencia para que la travesía nos resulte más amable, con un recuerdo redondo, sujeto al baile de las olas y el salpicar del mar.

Foto de ALFONSO VILA FRANCÉS
 A lo largo de veintiséis poemas se declara un mundo, a modo casi de monólogo interior en algunos, donde brilla un verso más apasionado, devoto de la épica de José María Álvarez, al que se huele en todo el libro con ese poso que sólo saben dejar los grandes maestros; y se declara ese mundo en otros poemas en voz de un cronista pacífico que nos relata, más narrativa que líricamente, los aconteceres del “comandante” del Líricus. Los más poéticos y elegíacos se encuentran al principio, se desata allí cierta pasión, algunos en primera persona y otros desde un “tú” pero en ambos casos desde un yo escribo con el que se construye el poema, servido tanto por la verdad histórica como por la verdad ficcional. Los más narrativos, que no prosaicos, en los que el estilo deriva hacia la sobriedad y la objetivación, nos llevan sin ninguna tensión por los entresijos de un universo rudo en el que reconocer los elementos que hacen de su “tripulación” personajes amables, y de su “comandante” un personaje que observa a su espaldas y sin ninguna tensión su mundo; porque como dice muy bien Antonio Marín Albalate en el prólogo del libro – que les recomiendo leer  después del poemario, y no antes… Como epílogo a la obra es espléndido- dice Albalate que

© ALFONSO VILA FRANCÉS

Escribe bajo un rumor de rememoraciones, acerca de “la gran sepultura colectiva” de todo, ese lugar donde nada es ahora.

Aquí está el sentido del libro. Una remembranza que en el fondo no es más que una invitación a detenerse, a mirar -con la calma de los años- hacia atrás, pero no como el que lee un epitafio, más bien desde una postura reflexiva y desengañada, al mismo tiempo tranquila y desvergonzada, capaz de reconocerse hasta en sus propios errores y mirando sin rencor ese pasado que vive todavía en la memoria. Porque la memoria guía los poemas, se sustenta y es el desahogo de nuestro poeta dándose a esos recuerdos como el que se da de nuevo a la bebida1.

© ALFONSO VILA FRANCÉS
Desde el principio nos lo deja claro: los años se miran desde lejos queriendo creer que aún seguimos en el mar de entonces, que sigue siendo un verbo vivo al que agarrarse con la esperanza del náufrago, mientras ve como “la tormenta” lo arrastra “hacia el sur”. Las citas previas de Antonio Marín Albalate, José María Álvarez, María Teresa Cervantes, Joaquín Piqueras y Samuel T. Coleridge son el auténtico prólogo, nos sitúan ante los poemas que arrancan con una DESPEDIDA DESDE EL ROMPEOLAS donde José Siles nos dice “Dese el rompeolas del faro / (…) saludan las mujeres y los viejos, / el paso del Líricus / en su lento navegar hacia / los puertos más lejanos”2.
Ya la muerte se nos presenta en PARADOJA como “esa fulana maldita / con fama de puta, / es la asalariada peor retribuida / por la vida,…”3, -que me ha hecho recordar aquel poema de Oliverio Girondo4- y vuelve a aparecer en EL LENTO HUNDIMIENTO DEL LÍRICUS5 y en MAR DE VÍSPERAS o en TIERRA A LA VISTA: EL FINAL DEL PERIPLO. Luego la tienes de forma tácita en todos los poemas, esa sensación de fin próximo, esperado pero sin ninguna conmoción: asombro, despedida, cementerio marino, adiós sin esperanza, soledad, vacío colmado,… 
© ALFONSO VILA FRANCÉS
© ALFONSO VILA FRANCÉS
No hay angustia, no hay preocupación existencial ni se transforma por ello en una poesía moral o moralizante. La muerte que anticipa es la suya y la del Líricus donde navegan todos sus fantasmas, pero no son por ello poemas fúnebres, ni elegíacos en el sentido más puro del término. El recuerdo es un consuelo. No hay sensación de soledad, aislamiento o marginación, más bien de cierta alegría al exhibir esas aventuras gestadas contra todos los elementos del mundo, esas tormentas e infiernos que moran en el interior del hombre pero que no le llevan a asustarse de sí mismo, más bien lo alientan porque en todo ello se reconoce y en el fondo ve la luz también en sus remordimientos, algo que podemos ver en uno de los mejores poemas, EL HUERTO DEL COMANDANTE6: “Ya retirado de los mares, / el comandante del Líricus / tienta al tiempo…”

Lo que no encontramos son sentimientos explícitos ni tampoco pesimismo grandilocuente, sí un cierto romanticismo por todo lo perdido “sin más recuerdo que un adiós marchito”7 y una aceptación consciente de ese acabarse sin fin paradójico. Son versos que depuran desde la madurez la llegada al límite de la existencia con la aceptación de que el viaje se hace “sin resplandores memorables / que merezcan la pena”8. Sólo nos queda la duda huérfana y sin miedo a lo que se tenga que producir, como cuando narra el lento hundimiento del Líricus.9

No hay hermetismo de ningún tipo, todo el verso transcurre en una estructura sencilla y libre de cualquier atadura métrica pero con un ritmo cerrado que acompaña dulcemente, al arbitrio del oleaje que zarandea el discurrir de la lectura fácilmente, no se confunde el mensaje, depurado hasta perfilar el paisaje, los aromas y la memoria con desesperanza. El tiempo es un mar inmenso sobre el que navega en círculos hasta descubrirse a él mismo como la isla hacia la que dirigir la proa10

© ALFONSO VILA FRANCÉS
A destacar dos licencias en el tono general que me han gustado: la recuperación de la niñez y la amistad en NIÑO DE ABRIGO AZUL EN EL MONTE SACRO. CRÓNICA DE UN BOMBARDEO CASI IMAGINARIO, con ironía y optimismo; y el deseo manifiesto de alcanzar la inmortalidad literaria que leemos en PANTERA URBANA Y COSMOPOLITA RECITANDO “LA TRIPULACIÓN DEL LÍRICUS”11, donde ironiza sobre su propia obra y su condición de “mortal sin vocación de inmortal”. Y esa es otra figura que aparece y desaparece como referente para el poeta, esa pantera urbana a la que desearía escuchar eternamente susurrando “los poemas más invertebrados” de La tripulación del Líricus.

La sensación, al final del libro, es la que deja esa muda soledad en la que, también al final, nos encontraremos todos. Ficción o realidad, los poemas nos trasladan aquello que seguramente Malcom Lowry sintió a bordo del Pyrrus y que alimentó sus grandes novelas, eso que todo escritor debe sentir para hacer verdad lo que, real o imaginario, puebla siempre sus versos.

"Siento dentro de mí, por así decirlo, una corriente tempestuosa, mientras mi corazón late al ritmo de las máquinas y yo voy con el barco hacia los veranos eternos. Fuera estalla la tormenta, ¡se ve el resplandor del fuego tropical! Bueno o malo, parece que esto es existir... Es como si hubiera estado silencioso y confundido por el sueño toda mi vida".

 El viaje que nunca termina no ha hecho sino comenzar, para fortuna de nosotros, los lectores, en estos poemas de José Siles.



Jean Paul Caribdis






1.       El poema ESPÍRITU DE DRAKE APARECIÉNDOSE AL GIRAR CABO DE HORNOS es la mejor muestra de ello (pp. 22 y 23).
2.       DESPEDIDA DESDE EL ROMPEOLAS, P. 15.
3.       PARADOJA, P. 16.
4.     Muerte puta, muerte cruel,/ muerte al pedo, muerte implacable,/ muerte inexorable,/ misteriosa muerte./ Muerte súbita, muerte accidental,/ muerte en cumplimiento del deber.
5.       P. 27.
6.       p. 24.
7.       TODO, P. 30.
8.       TIERRA A LA VISTA: EL FINAL DEL PERIPLO. P. 40.
9.       “…el Líricus se mantuvo / embarrancado veinte años, / cuatro meses y doce días, / con siete larguísimas horas y media, / las peores y más graves; / su tripulación aguantó en sus puestos…” EL LENTO HUNDIMIENTO DEL LÍRICUS, p. 27.
10.   LA ISLA FLOTANTE. P. 44.
11.   P. 38.

Más sobre José Siles: http://culturacuidados.wix.com/copy-of-jose-siles


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Las fotografías que ilustran este artículo son propiedad, y han sido cedidas por él mismo para tal fin, del también poeta ALFONSO VILA FRANCÉS, al que agradecemos desde aquí su gentileza.

Alfonso nació en 1970 en Valencia, donde actualmente reside. Ha vivido en Orihuela, Madrid, Bruselas y Debrecen (Hungría). Ha trabajado como  monitor de tiempo libre, bibliotecario, archivero y profesor de secundaria. Ha escrito en muchas revistas, como por ejemplo: “Cuadernos del matemático”, “Dos disparos”,  “Calicanto”, “El vendedor de pararrayos”, “Cuadernos del lazarillo”, “Factorum” “Groenlandia”, “Agora”, “Acantilados de papel”, “La bolsa de Pipas”, “Fábula”, “El coloquio de los perros”, “La ira de Mofeo”, “Hypérbole”, y “Jot Down” . También ha ganado algunos premios (entre ellos “Miguel de Cervantes”,  “Jaume Roig”, “Vila de Canals”, “Diputación de Castellón”, Ciudad de Getafe”, “Cortes Valencianas”,  “Marco Fabio Quintiliano” y “Mariano Roldán”) . Ha publicado novelas, libros de poesía, de relatos y de ensayo.

 Para conocer más de Alfonso:

-Últimas colaboraciones en revistas:
http://www.jotdown.es/author/alfonso-vila/
-Blogs propios:

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