sábado, 10 de enero de 2015

"REVERSOS", de DIEGO RECHE (por José Antonio Santano)







Reversos

Diego Reche


Diputación de Granada (2013)










Un nuevo libro de poesía en este espacio dedicado a los libros: “Reversos”, del poeta almeriense Diego Reche, con el que obtuvo el premio andaluz de poesía “Villa de Peligros” en el año 2012, y que viera la luz pública justo un año después. 

Reche es autor también de los libros “El autobús de septiembre” (2004), “La fuente de la Novia” (Teatro, 2007)), “Didascalia: poesía y teatro para jóvenes” (2009), “Palomas” (2011) y “La aparecida”(2013). 

Pero no demoremos más el estudio de “Reversos” que, a mi modesto entender, marca un antes y un después en la trayectoria poética de este poeta velezano. “Reversos” está sabiamente estructurado en dos partes o apartados fundamentales: “Reverso del tiempo” y “Versos de amor y literatura”. Para la primera parte abre lúcidamente con una cita del poeta granadino Rafael Guillén –reciente Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca- que nos adentra en el cosmos poético de Reche, en ese tiempo reverso de otro ya vivido, en el cual las vivencias y las percepciones del poeta hallan la luz en el color sepia de unas viejas fotografías, esas fotografías con las que el poeta regresa al territorio de la infancia, de los sueños. Reche acude a la cita sin pensarlo dos veces, sabedor que en aquellos ya lejanos días descubrirá la verdadera razón de la existencia, la esencia del ser y de ser. 

La mirada del poeta entonces alza el vuelo de los años y recorre los lugares y las esencias de un tiempo huido, que nunca volverá pero que se adentra hasta los huesos y se alimenta de sueños: 

Yo veo tras la foto 
 los días de septiembre, 
 la luz entre los álamos trazando diagonales. 
 Y al hombre que pausadamente elige 
 el instante fugaz 
 que se salva del óxido del tiempo. 

El poeta se reencuentra con el tiempo –su reverso- y nos muestra su mundo primigenio y nos invita a ser sus huéspedes, mientras un aire de nostalgia visita la casa y los juegos, el cine, la escuela, los senderos: 

Las tapias del colegio y el partido, 
los cromos, la merienda, los vaqueros 
de plástico, las latas, los senderos 
de la rambla, el balón azul perdido. 


El tono elegíaco del poema titulado “El almendro”, en versos alejandrinos, es una muestra más del buen hacer de Reche: 

Como ahora tú, madre, allí tras los visillos, 
 sentada en un sillón, ausente en tu silencio, 
creyendo que visitan tu casa los que salen 
por la tele y te ríes cuando a veces se ríen, 
les aplaudes si aplauden y crees que eres la niña 
que corría en las ramblas, libre con pies descalzos. […] 
A veces estás triste, tus hijos son extraños 
que te visten, te peinan, te llevan de la mano, 
te pasean por frías calles que desconoces.
Todo se ha vuelto anónimo. Pero si llega el aire
de las sierras, aún sueñas con caminos de almendros. 


En “Versos de amor y literatura”, segunda parte de este poemario, el poeta se desnuda y se desdobla, recorre los caminos en amorosa entrega. Su condición de profesor de lengua y literatura marca este tiempo poético. Amor y literatura como dos caras de la misma moneda, anverso y reverso, pero ¿cuál es cada uno? ¿Dos amores en uno, dos vidas en una? El poeta se muestra tal es. Late el corazón acelerado y un temblor recorre el cuerpo entero. Es hora de lo cotidiano, de compartir los días en el amor y la literatura: 

Corrijo por las noches, 
y tú estudias inglés. 
Si vamos a la playa más cercana 
siempre hay alguien que cuenta: 
seis hijos, seis. ¡Dios mío! Están locos.  
Tendrán una criada, no tendrán 
 tiempo para aburrirse, 
esos no ven la tele… 
Que digan lo que quieran. 
Yo tengo lo mejor, estar contigo 
y compartir los días. 

Pero siempre hay una última pregunta, una reflexión final del poeta, como balance de vida: 

Y yo, del otro lado de los años, 
poeta, profesor de lenguas vivas, 
me pregunto si erré 
en la senda de la felicidad.

Feliz, al menos, ha de estar Reche por este poemario.



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