martes, 17 de febrero de 2015

HOY FIRMA: MIKEL ORMAECHE. "LA OPCIÓN VITAL DE ERNST JÜNGER".



Nada nuevo pretendo descubrir sobre la obra de Jünger. Simplemente quiero plasmar algunas de las impresiones que me ha producido la lectura de algunos de sus libros a lo largo de los años.


Resulta muy indicativo de lo que fue su vida y su obra la larga y estrecha amistad que mantuvo con Albert Hofmann, el sintetizador de la LSD. La vida de Jünger fue en gran medida una vida de curiosidad, de búsqueda. Búsqueda de experiencias (también las enteogénicas), de la libertad, de la verdad, del significado de la realidad. Nada mejor para granjearse un buen número de enemigos que una honesta búsqueda de esa índole. A pesar de lo que muchos pretenden, cualquiera que conozca realmente su obra sabe que fue un anti-nazi avant la lettre, al igual que lo fue Sebastian Haffner ya con su “Historia de un alemán”. 

Mientras en gran parte de Europa y EEUU la simpatía por nazis y fascistas era moneda corriente (aunque nadie quiera recordarlo, al igual que no se quieren recordar otras muchas cosas de la Europa de entreguerras), sólo unos pocos se atrevieron a denunciar y anticipar lo que para algunos resultaba ya evidente y previsible: el horror totalitario que anegó en sangre el siglo XX. Esos pocos fueron a la vez lúcidos y valientes. Entonces y más tarde. En nuestras monótonas, uniformes y falsamente  seguras sociedades es más cómodo olvidarse de la “era de los titanes”, olvidarse del precio y las consecuencias del uso irresponsable de la técnica/tecnología, olvidarse en definitiva de que la vida tiene sus inexcusables ciclos y sus múltiples facetas. Que igual que en los años treinta volvieron a triunfar los “desolladores”, pujantes se encuentran ahora los nuevos, y el miedo y cierta fascinación nos paralizan igual que entonces.


Jünger y Hofmann

Haberse enrolado voluntario en la Legión Extranjera francesa con 18 años, ser un héroe de la Gran Guerra -que le inspiró “Tormentas de acero”-, llevar una vida valerosa, defender la aristocracia del espíritu y profundizar en la realidad las cosas frente a un mundo en el que la persecución de un desmedido y paralizante confort y una imposible y engañosa seguridad, no puede nunca resultar muy popular y sí muy antipático. En unas sociedades en las que se ignora de manera suicida e insensata el riesgo e incertidumbre que resultan consustanciales a la vida (no me refiero al puenting o a los juegos de apuestas, esos sucedáneos), alguien como Jünger, Hofmann, Orwell, Huxley y muchos otros son peligrosos, son el enemigo a batir, son esa conciencia que nos saca del sopor (ese engaño universal que persigue convertirnos en dóciles consumidores, si es que no lo ha conseguido ya) en el que hemos decidido vivir y que tan adecuado resulta para que nos sigan desgobernando.  Todo ello bien reflejado en el cuadro de Brueghel el Viejo “La parábola de los ciegos”.






Esa actitud aristocrática y elitista de Jünger junto con su permanente búsqueda del conocimiento y reivindicación de la libertad hacen de él un personaje incómodo, inclasificable. Pocas cosas producen más temor en el ser humano que la auténtica libertad, a pesar de que todos decimos y pretendemos lo contrario.


Otra de las constantes en la vida de Jünger son los viajes, por buena parte del mundo y también los viajes interiores (llegó a definirse como psiconauta). Los viajes interiores son parte sustancial de ese largo y profundo vínculo que le unió con Hofmann. Todos esos viajes, experiencias y análisis conducen, entre otras cosas, a la destilación de dos cruciales figuras en su obra: el anarca y el emboscado. Si no resulta fácil describir lo que Jünger entiende por anarca, confuso resulta en castellano el término emboscado (Waldgänger: aquel que se retira al bosque). Lo más significativo, desde mi punto de vista, es que ambas figuras representan unas de las pocas alternativas que actualmente tiene el individuo para permanecer como ser libre. La retirada al bosque no se refiere, obviamente, a un bosque en el sentido literal. Se puede ser un emboscado viviendo en Manhattan. Para ello, el viaje interior, único viaje que nos queda a lo desconocido en la era de Google maps y del devastador turismo globalizado, resulta esencial. Pocas cosas producen tanto miedo a los gobiernos de cualquier signo como el viaje interior, el viaje que nos permite llegar a conocernos de verdad. Ver al evolución, la  historia de la LSD y de cómo y porqué llegó su prohibición resulta sumamente esclarecedor. Ese uno que ha descendido a los infiernos y ha regresado más lúcido y más fuerte resulta un peligro para cualquier gobierno. Ya no se dejará engatusar con las baratijas con que los poderosos pretenden distraernos, sino que buscará la autenticidad en su existencia y tal vez en la de otros.

Una vida vivida con plenitud, intensidad y corazón aventurero; y una obra singular, profunda y luminosa. Esa fue la opción vital de Ernst Jünger. Un defensor de la dignidad individual y del humanitarismo frente al sufrimiento ajeno.





No hay comentarios: