martes, 17 de marzo de 2015

HOY FIRMA: AMPARO ARRÓSPIDE. "LA MAGA, UNA VEZ MÁS".




LA MAGA, UNA VEZ MÁS


A más de cincuenta años de la primera edición de Rayuela, Cortázar sigue hablándonos como un compañero de juegos capaz de transmitirnos la sabiduría menos la solemnidad. Horacio Oliveira, bohemio e infiel, nos arrebata con su lirismo, con ese dedo que toca tu boca y al tocarte te inventa, según el fragmento famoso: 


"... hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja..." (c.7, Rayuela) 


¿Pero quién querría ser la Maga? ¿O la misteriosa Pola? Ni con una ni con otra, Oliveira marcha en pos de su destino protagónico, ese errar que le conducirá al centro del mandala y a otra mujer: Talita. Hasta tal punto la Maga, Pola y Talita son creación de Oliveira que él puede predecir su transmigración:


"...Pero qué hermosa estabas en la ventana, con el gris del cielo posado en una mejilla, las manos teniendo el libro, la boca siempre un poco ávida, los ojos dudosos. Había tanto tiempo perdido en vos, eras de tal manera el molde de lo que hubieras podido ser bajo otras estrellas..."(c.34) 


A él le repugna su propia prepotencia intelectual ante la Maga y se desdice de lo anterior segundos después: 

"Oí, esto sólo para vos, para que no se lo cuentes a nadie. Maga, el molde hueco era yo, vos temblabas, pura y libre como una llama, como un río de mercurio..." 

Con ella da rienda suelta a un lirismo del que también se avergüenza a solas. Un mundo de contradicciones, un buscar de adolescente fervoroso y novelesco. Volviendo a la narración en ese momento, en la habitación donde la Maga no está, Horacio proyecta su vergüenza en lo que lee la mujer (una novela de Pérez Galdós): "pero mirá las cursilerías de este tipo... es sencillamente asqueroso como expresión".



 

En su conflicto (porque Horacio es un intelectual honesto), emplea el sexo-amor como una de las pocas vías irracionales de acercamiento al centro del mandala, a la iluminación. Cortázar aquí le deja explayarse sin autocrítica, y estas expansiones de Horacio, a cincuenta años de distancia  pueden resultar involuntariamente risibles : 


"...entonces había que besarla profundamente, incitarla a nuevos juegos, y la otra, la reconciliada, crecía debajo de él y lo arrebataba, se daba entonces como una bestia frenética..."



Y también: 

"A Oliveira le gustaba hacer el amor con la Maga porque nada podía ser más importante para ella y al mismo tiempo, de una manera difícilmente comprensible, estaba como por debajo de su placer, se alcanzaba en él un momento y por eso se adhería desesperadamente y lo prolongaba, era como un despertarse y conocer su verdadero nombre y después recaía en una zona siempre un poco crepuscular que encantaba a Oliveira temeroso de imperfecciones..." (c.5) 

Parece ser que, sin embargo, hablando no se entendían muy bien, porque "eran tan distintos y andaban por tan opuestas cosas". La Maga se nos rehúye también como personaje porque está teñido del afán utópico y ácrata de Horacio; por momentos resulta inverosímil. Sin embargo, la coherencia intelectual y moral del narrador se trasluce, por ejemplo, en el anticlímax más triste de toda la obra, la muerte de Rocamadour. Aquí no hay sentimentalismo, pero tampoco brutalidad. 


La otra cara de la Maga es Gekrepten, la novia que pacientísima aguarda a Horacio en Buenos Aires. A la pobre Gekrepten solamente se le concede la categoría de caricatura.  El diálogo con ella es absurdamente hilarante y devastador, pues Gekrepten encarna el habla que nada dice, que perpetúa inmovilismos, cuya contrapartida textual sería el diccionario de la Real Academia, el cementerio de los juegos (c. 40). 


Gekrepten y la Maga son figuras antagónicas aunque no se conozcan y forman parte de una simetría de oposiciones: 


la Maga:                         Gekrepten:

bohemia                          convencional

promiscua                       monógama

fascinante                       aburrida

hace bien el amor           hace el amor pésimamente 


Si Gekrepten es una "esperanza" y la Maga una "cronopia", cronopios y esperanzas se revelan a ratos también Manú/ Traveler y Talita, que acogen a Oliveira como lado de un triángulo. Desde la altura de la Maga (la que podemos imaginarnos gracias a él), Talita resulta menos atrayente, nos llega a  través de la desazón de Oliveira que envidia esta felicidad de la pareja, la fidelidad de Talita por Traveler, y la censura por ello aunque  él no ha ocultado los celos que sintió por la Maga. 


"Era tan estúpido pensar en el amor cuando el amor era solamente Manú, solamente Manú hasta la consumación de los tiempos..." (c.47) 

Atando algunos cabos, podríamos intentar un primer esbozo del perfil de Horacio en su relación con los personajes femeninos. Primero, Horacio es a ratos lúcido ante su atadura a los modelos genéricos de varón, que parecen beneficiarle pues le permiten atesorar libertad aparente (esa "soberana" libertad con que dibuja la boca del amante, ese poder darle su "verdadero nombre" a una mujer). 



Sin embargo, esta libertad lo lanza a una especie de desintegración interior que culmina en el capítulo 56, cuando  siente la llamada del vacío (del viaje al centro del mandala)  desde la ventana de un manicomio. Horacio se debate entonces entre sus propias limitaciones racionalistas para volver al delirio de su santísima trinidad femenina: la Maga, Talita y Pola le aguardan ahí abajo, en una de las casillas de la rayuela: 


"Cómo transmitirle algo de eso que en el territorio de enfrente llamaban beso, un beso a Talita, un beso de él a la Maga o a Pola, ese otro juego de espejos como el juego de volver la cabeza hacia la ventana..." 


Lo demás es... Rayuela , y seguirle la pista a la evolución intelectual de Cortázar, que en obras posteriores (como 62 Modelo para armar , Usted se sentó a tu lado,  Nueva visita a Venecia)  logró acercarse aún más al misterio de la Otra. 





*Bibliografía

Julio Cortázar: Rayuela (1963), 62 Modelo para armar (1968), Usted se sentó a tu lado y La barca o nueva visita a Venecia, en Alguien que anda por ahí (1977).

           

                                                                                            

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