martes, 31 de marzo de 2015

HOY FIRMA: JOSÉ LUIS TORREGO. "WHITMAN: EL POETA DEL CUERPO Y DEL ALMA".


El poeta del cuerpo y del alma



Recuerdo la primera vez que leí el Canto a mí mismo de Whitman:

         I celebrate myself
         And what I assume you shall assume

         (Me celebro a mí mismo
         Y lo que yo de por hecho, lo darás t)

Me produjo desagrado inmediato, me pareció una elevación presuntuosa del yo al altar del tema poético exclusivo, muy de acuerdo con las consignas de Emerson y su renegar de los clásicos europeos para dar una base cultural propia a la naciente Norteamérica, que, recién independizada, ansiaba rasgos diferenciales de Gran Bretaña.

Me duró apenas un verso:

         For every atom belonging to me as good belongs to you.

         (pues cada átomo que me pertenezce a mí, también te pertenece a ti)

De pronto se esclarecía todo, (assume, no era sólo asumir sino apropiarse; no era un acto vanidoso sino un canto al género humano, pues el autor se confiesa no suyo, su voz me pertenece a mí y a todos, no es Whitman quien canta, es el Hombre:

         I am the man ,… I suffered ,… I was there

Después vendría la universidad y el estudio técnico. Me enteraría de que eso se llamaba transcendentalismo y delataba influencias del pensamiento oriental, quizás a través de The Philosophies of India, publicado por H. Zimmer en 1851 en Nueva York. La impresión, sin embargo, ya estaba causada de forma imperecedera, como la huella de un isisaurio sobre las rocas del Cretácico.

Porque los grandes, los pocos universales ­­—y Whitman es uno de ellos—, los que transcienden las épocas y hasta soportan las traducciones, te miran cara a cara desde su verso y se tatúan en la retina. A partir de entonces hacen la filigrana de las cartas que ya escribas.

Hay algo de grandioso en la expresión, de secreto atávico revelado, algo de bíblico en Whitman. Ese poeta esclarecedor, con la clarividencia del profeta y el sentido común del anciano del poblado, me decía:


There are the thoughts of all men in all ages and lands
They are not original with me
They are not yours as much as mine

(Ahí están los pensamientos de todos los hombres de toda       época y país
No son originales para mí
No son más tuyos que míos)




Tardaría más de una década en abarcar el alcance de esas sentencias, en entender que existe un universal inmenso, al que algunos llamamos Dios —otros de otras mil formas—, un fondo común de espiritualidad y sentimientos, al que los artistas tienen el privilegio de poder ascender en ocasiones y descender como Prometeo con una llama de ese fuego. O una tesela de ese mosaico que nos va formando y nos recuerda lo que somos, la dimensión divina del hombre. Unas veces esa tesela se llama Missa Solemnis en Fa mayor de Beethoven, otras A los espacios de Martí, otras Nymphéas de Monet. De ahí el primer verso:
de lo que yo me apropie, lo que yo conquiste, lo conquistarás también tú.

Seguí leyendo y resultó que estaba dentro de los planes de Whitman el que no llegase a comprenderlo sino ya en la madurez:


1334
Failing to fetch me at first, keep encouraged,
Missing me one place, search another,
I stop some where waiting for you

(si no logras hacerte conmigo a la primera, mantén tu ánimo
Si me pierdes en un lugar, búscame en otro
en alguna parte me detendré a esperarte)


Y es que Whitman, como Machado, es un poeta que te espera edad adelante, al término de un tránsito de vivencias y lecturas.
Ahí estaba, como en la portada de su primera edición —esa que él mismo tipografió—, mirándome con su aire despreocupado, “non-chalant”, apoyado en un árbol; seguía ahí cuando empecé a escribir. Era la pose que mostraba la escultura de pedernal que iniciaría la chispa:

Is this then a touch?... quivering me to a new identity

(es una caricia acaso? … lo que me estremece hacia una identidad nueva)

Y sí, hubo una caricia de labios que me llevó al anhelar doliente que nos vuelve ingrávidos, nos vuelve palabra deslumbrada —y balbuciente, que diría San Juan—. Y él te dice, escribe lo que sientes, escribe sólo si sientes, escribe para ti ante todo.

I exist as I am, that is enough
If no other in the world be aware, I sit on content
And if each and all be aware, I sit content

(Existo como soy, eso basta
Si nadie más en el mundo se percata, me siento satisfecho
Y si se percatan todos, me siento satisfecho)




Cuando uno lee a Whitman, con su voz desbocada y serena, a la vez de orate y de cuerdo, hablando como el oráculo de Delfos y como el Tío Gallo, juez de paz de un pueblo castellano; uno queda como queda  la cobra ante el faquir, como el crío ante los cuentos del abuelo que el abuelo oyó cuando era crío.
Whitman es todo: es el hombre, uno de los curtidos, un cosmos. Es el poeta del cuerpo y del alma, a veces canta al cuerpo eléctrico y a veces asume la voz de Jesús y no pregunta al herido cómo se siente porque él mismo es el herido (841) y te comenta de pasada cómo paseaba por las colinas de Judea con el bello y leve Dios a su lado.

Uno quiere ser lo que le dice Whitman que es, un hombre que contiene dentro multitudes y por eso se contradice, quiere ser el alumno que supera al maestro y el maestro que es superado
Y escribir la poesía que se logra cuando es el salmo el que canta en lugar del cantor (171).


Las briznas de hierba de Whitman, como el Réquiem de Mozart, como el Partenón, son pruebas de la existencia de Dios, son teselas que vamos reuniendo los seres humanos con nuestras pizcas divinas para formar ese gran mosaico en el que todos juntos somos dios.


¿Qué   es   la    hierba?,  me pregunta un niño mostrándomela en su mano.

Intentar responderle es iniciar el camino hacia su creador y hacia nosotros. La hierba es la parte divina del hombre perecedero, que se rebela ante la muerte soterrada y asciende en destellos hacia el cielo. Herba —que retomaría Cunqueiro— aquí ou acolá.



José Luis Torrego




José Luis Torrego es Licenciado en Filología Inglesa y se dedica a la docencia de idiomas, y docencia o popularización de la  literatura siempre que sus obligaciones le dejan, ya sea en cursos universitarios (UAH), conferencias (como la Semana de Estudios Románticos o Centro Español de Núremberg) o en la radio (Interradio). Es autor de  Levantas los párpados y amanece (Vitruvio, 2013) y de Piel disidente, que sacará Lastura en unas semanas.

1 comentario:

NickDeckard dijo...

Ha sido un placer leer el artículo. Una lectura trepidante y una brillante exposición de Whitman.

Le doy las gracias.

Saludos.