lunes, 20 de abril de 2015

VIDA DE PROVINCIAS, de MARÍA YUSTE (por Cristina Morano).






Vida de Provincias
María Yuste

Ed. Honolulu books
Barcelona, 2014









En la dedicatoria de mi ejemplar de este libro, me recuerda María nuestra admiración común por la Moix y la Ajmátova. Dos Anas que han señalado nuestra vida literaria, como dos polos de un arco que contiene la referencialidad Pop, los recursos estilísticos más modernos, las canciones de Los 40 principales por un lado y por el otro, la mirada feroz del autor como testigo implacable y genuino de su tiempo. Otra cosa que tenemos en común es una constante, infecciosa, febril preocupación por nuestro aspecto. Sabemos que antes o después la gente nos mirará y nos destruirá. Constatará el pelo lacio, la nariz grande, los granos, los hombros angulosos, las caderas de chico, las gafas obligatorias: todo eso que los demás golpeaban en el patio del colegio, de lo que se reían. Somos eso de lo que os reíais. Solo que para nosotras las risas no se han acabado. Ese eco. Por eso “Qué importante es vivir en un sueño o estar colocado o estar cachondo”.

Volver al barrio de la infancia y comprender un cierto fracaso vital como un bloque de pisos plantado en la conciencia. Desde cada una de sus ventanas, vecinos inanes miran a las raras. Y las raras no entendemos que en ese “montón de basura (…) la gente parece extrañamente feliz”. Las raras no sabemos por qué a la gente le gusta ser eficiente trabajador, delator, amigo del jefe, novia de un cafre, madre virtuosa, animales felices en definitiva. 

(¿Por qué os gusta tanto el corralito donde os ha tocado nacer? Dice María: “Tiene casa y dinero y, una vez, esposa. Me lo ha dicho él mismo. No está loco.” Así que es eso: no queréis estar locos. Os da miedo que os encierren. No os preocupéis, acabaremos así de todos modos. Todos acabaremos en un asilo de provincias. Pero a nosotras no nos encerrarán nuestros propios hijos, no los tenemos. Menudo consuelo, diréis vosotros. Sí, es que somos raras.)


De la Vida de provincias de María Yuste he subrayado muchos fragmentos con exclamaciones y comentarios al margen. Puede que los use como citas en algún poema porque me identifico con esta mini novela dividida en mini fragmentos. Me identifico con la loca del capítulo “Una mujer sola”, que encuentra en la suavidad de una bufanda “la bondad de los extraños” como decía Blanche Dubois en “Un tranvía llamado deseo”. Esta pequeña suavidad es todo lo que recuerdo del contacto humano (habla la rara de “Una mujer sola), este pequeño calor primigenio tengo todavía en la memoria; he olvidado sus nombres, sus caras, lo que hicieron por mí o su belleza, pero recuerdo esta suavidad, ahora en las bufandas.



Me identifico con ese edificio “que se cae a pedazos en medio del futuro” y cierra el libro. Libro que, a pesar de lo que acabo de decir es un artefacto narrativo, no es una confesión, ni un texto de no-ficción, aunque tenga un 70% de confesión y aunque lo sustente un argumento real, vivencial. Es un artefacto construido, con su estilo y su estructura. Su estilo: una niña habla. Su estructura: la autora otea su entorno y machaca. Breves ojeadas sobre vecinas cotillas, mendigos, adolescentes que al crecer desarrollan toda la capacidad de fracaso que se adivinaba en su brutal comportamiento, muchachas cuyo horizonte vital no va más allá del supermercado del barrio y creen que eso es lo correcto, sus miradas de superioridad, su confianza leal e inocente acerca de su propia valía como animales felices… Y por encima de todos ellos, brillando todavía (como diría Ángel Paniagua), La Porro, Ville Valo, Sean, un padre, un trago de vodka. “De momento, vamos aguantando”.


No hay comentarios: