viernes, 15 de mayo de 2015

FISTERRAS (por Mario Grande).




FISTERRAS, 
celebración colectiva de las Letras Galegas








Fisterras
(Antología)










Coordinada por Xavier Frías Conde y Rafael Yáñez Jato, la editorial Lastura acude a su cita anual con el 17 de mayo, Dia das Letras Galegas, con la publicación de Fisterras, un libro que reúne once voces de poetas que escriben en gallego y tres en portugués. Seguramente, la composición binacional de la colectánea quiere ser, además de homenaje, expresión de la unidad de la lengua, pese a las vicisitudes históricas de todo tipo y a eventuales diferencias de criterio sobre cuál sea la manera idónea de preservar en adelante la unidad de una lengua de dimensión mundial. 


Sea como fuere, bienvenida la iniciativa que permite leer en la lengua de Rosalia y Camões un abanico tan diverso de voces en verso y prosa poética. 

Antes que nada, varios destellos invitan a la meditación sobre «a lengua atlântica das sílabas imprevisíveis», como deja caer Xavier Frías Conde. Inolvidable la imagen de «a folerpa», el copo de nieve de Ana Cibeira —que reivindica al cartonero Washington Cucurto— y pone el dedo en la llaga de las «linguas en-tre-cor-ta-das», «linguas sangrando», del mal llamado bilinguismo para acabar preguntándose(nos): «¿Qué é unha lengua/ ¿Que é unha enfermidade?». En ello incide también el verso de Yolanda López «mallando as nosas verbas/co látego de pnatera ignorante ». La situación de las lenguas minorizadas solo la entiende quien la sufre. Mérito de Fisterras es presentarlo tan naturalmente. 


La nostalgia, los abedules fugaces, el instante, bellamente evocados por Victoria Veiguela cuando dice: arden aún «os recordos / en cacharelas sen sentido / arredor das que brincar / nestas noitadas sen lúas »… «todos os trens que perdemos». El ritmo prodigioso de los versos de Luz Pichel («Triloxía do íntimo»)  y Pilar Mera, con bellas imágenes de levedad, para ser escuchados en voz alta. El erotismo sin rodeos de Rita Capucho: «este tempo nosso / já se desfez na pele…» o  Begoña Regueiro: «deixar que a pel diga todo». O el desgarro del desencuentro en la voz de Verónica Martínez: «Jamais imaginarias / como ardia cada dia / a recriar-me en ti, sen ti / desde o meu centro / até a extenuação do corpo». Los mazazos del paso del tiempo fijado en la voz de João Rasteiro: «A morte não fere: a carne é que está demasiado centrada numa versão inacabada do martírio»; en Manuel Pereira Valcárcel: «a vida anóase na gorxa e / ficamos coa voz ancorada / con todos os reloxes parados e a paixón vencida»; o en Montserrat Villar González: . «Os nós da madeira /acumularon nunha idade indefinida /e non lembro cando fun fraga frondosa e verde». O la ambiciosa revolución frustrada de Xavier Frías: «Sou o pai de uma trovoada… oxalá tivesse nascido oliveira». Y la oración de Marília Miranda Lopes contra la incertidumbre: «Por que linhas se hão-de resolver estas duvidas, porque barco sulco este enorme desalento?», la constatación de su pequeñez ante la teofanía: «Meu Deus, cómo é possível que sejas meu? Que infantilidade a minha dizer que és meu, só para me sentir mais próxima!». Y la conclusión de todos los viajes que retrata Rafael Yáñez Jato:  «foi que já não é /foi para sempre /desde todos /os pontos cardinais /nunca há                mar em calma».


Al cabo, uno se queda con la viva imagen de la pujanza de esta lengua plural.






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