martes, 12 de mayo de 2015

HOY FIRMA: SOBRE JOAN MARGARIT (por Guillermo de Jorge).



Acerca de Joan Margarit

Para hablar de la extensa, profunda y comprometida obra de Joan Margarit, deberíamos hacer un pacto con Todorov y así parar el tiempo para poder trazar una leve semblanza de cómo un ser humano es capaz de dar forma y volumen a la arquitectura del aire.


“Todos los poemas (1975-2012)”, Ediciones Austral y “Amar es dónde”, Visor Libros, suponen para el autor la presentación inequívoca de su intención poética que aviva, aún si cabe más, la necesidad del lector de seguir existiendo entre sus poemas. De hallarse en el lugar más inesperado, aunque sea a costa de su propio ser, aunque sea a costa de la vida propia Y quizás de ahí esa auto-exigencia del poeta por buscar la interpretación de ese instrumento que es capaz de articular las galerías del alma más inconfesables, aquellas que tenemos y que aún no hemos descubierto. Así, el poeta despojado, proyecta sobre el papel su espíritu combativo e incansable, aquel que lucha contra los claustros antiguos de la memoria, que se alza contra la rectitud de lo humano y que perece ante el apego y la afección, ante el sufrimiento y la misericordia.

Joan Margarit es un poeta capaz de hacer matérico las epopeyas de los pueblos o las grandes épicas del hombre desde ese oficio cotidiano que supone vivir día a día, hasta llegar a los sueños de los hombres y convertirlos en el acto más perturbador y transformador posible: la ternura. Aunque el poeta sabe que, en ocasiones, no es suficiente.

Las obras que hoy presenta de Joan Margarit son un canto en contra de la opulencia.  Son un himno en contra de todos aquellos que luchan a favor de las vanidades. Que buscan reconocerse entre las veleidades del hombre.

Joan Margarit es un hombre comprometido con su obra y con el ser humano. Que busca desvelar la realidad que esconde el poema. Un trabajo arduo y duro, que necesita del esfuerzo del hombre para poder enfrentarse a sí mismo y a todo aquello que queda por conocer. No dejándose arrastrar por el torrente irracional de la vida y amparándose a la inteligencia sentimental.

Así pues, ante usted, mi querido lector, se presenta un hombre que necesita el poema como catarsis, como una tabla de salvación; donde experimentará la memoria, como una leve playa que jamás figurará en los mapas de los barcos; o que sentirá el dolor, como una pequeña playa que no conoce nadie; o la ternura o como ésta es nuestra casa y todo lo ilumina tu sonrisa; O apreciará la muerte, como el fin último; o la desesperación o como no habrá más desamparo que el mío; o sufrirá el amor o la humildad, como un maestro donde aprendimos a medir la luz de las palabras; O el pasado, como una fiesta para nosotros solos. Y así, y después de todo, purgar el alma y con ella las pasiones más íntimas del ser humano: ser un hombre práctico: brusco, fiel, solitario. Agradecido.



1. Hablando del ser humano y el poeta, Don Joan, en uno de sus discursos, habla de la existencia entre el buen poeta y el buen lector. ¿Cómo advertimos su existencia? 
Si el lector no sabe que debe hacer un esfuerzo, no puede existir el poema. En la novela, sin embargo, puedes relajarte. Maneja los tiempos y los ritmos internos, pero en el poema eso no sucede. Para leer un poema debe realizarse un esfuerzo mayor y eso le va a conllevar una tensión que sólo es resuelta con que se establezca una relación entre el poema y el lector. Si eso no se produce, el poeta ha fracasado. Por lo general, el poeta suele ser el responsable de esa derrota entre el lector y el poeta.

Un mal poema no es neutral. Como no es neutral dejar una basura en la calle. No cambaría el planeta, pero no va a favor de nadie. No hay nada inocuo.



2. Y es cierto que, para que un poema sea creíble, ¿debe de llevar consigo una cierta violencia íntima?

 Sí, claro. Pero me refiero al reconocimiento. Es decir, tú lo encuentras dentro de ti y el otro debe reconocerlo. Y el poema es como una partitura en donde el lector debe reconocerla y hacerla suya.

3. ¿Concibe el poema como una tragedia?

Desde un punto de vista platónico, sí. Se puede interpretar así. Es donde se encuentra el público y Sófocles en el escenario de la tragedia. Y aquí la tragedia es el poema. Es la causa del dolor. Es donde el lector y el poeta encuentran aquella parte que no conocían y que les perturba. Les conmueve. Y si por un momento nos paramos a pensar y definimos al lector de esa tragedia, nos daremos cuenta de que ese es el lector de un poema. Cualquiera que pueda leer, puede enfrentarse a un poema. Porque sería falso decir que no es así, ya que la lectura de un poema necesita un esfuerzo. Porque mirarse dentro de sí y buscar dentro del alma de un poema así lo requiere. Y aquí nadie regala nada por nada. Y si alguien da algo, es porque le está engañando.

4. Cuando leo sus poemas, a la hora de enfrentarme al texto poético, observo que obliga a seguir al lector a tener viva esa necesidad de búsqueda, a saber qué esconde el poema o sí hay algo más ahí dentro y aún no ha sido revelado. Y eso implica necesariamente un nivel de autoexigencia. ¿En la vida real es usted también autoexigente con usted mismo? ¿Suele ser implacable?

Sí, es así. Es la necesidad de hallar ese encuentro entre el lector y el poema. Un encuentro que previsiblemente les lleve a seguir juntos mucho tiempo, incluso toda la vida. Y, quizás, de ahí viene la autoexigencia.

5. ¿Cree usted en la honestidad del poeta a la hora de escribir?

No me gusta la honestidad, porque es una palabra anterior. Creo en la realidad: sé lo que es, pero cuando quiero explicarlo no sé lo que es. Y el poeta está a su servicio. El poeta que no respeta este valor, jamás hará un buen poema. Y cada poeta debe de intentar buscar esa realidad.

El poema debe de buscarse dentro de uno mismo. Un poeta debe partir de su propia vida. Lo primero que necesita un poeta es una inspiración. Es así de poco democrático. Pero es así. La inspiración hace que el poeta relacione una serie de cosas que hace que un rayo de luz en su interior se active. Uno se pone a buscar dentro de sí y es entonces cuando aparece o no el poema. Y en esa búsqueda tienes que intentar confluir en las mismas necesidades que el otro, que el lector,  para acabar pensando en esa persona que lee el poema: ese o esa soy yo.


Guillermo de Jorge



Guillermo de Jorge (Guillermo George Hernández), Santa Cruz de Tenerife, 1976. Actualmente, se encuentra en paradero desconocido. Escribe en la clandestinidad, aunque se le atribuyen la autoría de algunos versos. De vez en cuando se dedica a perpetrar algún poema que otro y lo que es más sospechoso: a buscar a gente que le oiga recitar. Las autoridades sanitarias competentes, así como la Asociaciones de Hosteleros, Bares y tugurios de mala muerte aconsejan no tener ningún tipo de relación con este individuo. Lleva el blog http://guillermodejorge.blogspot.com.es/


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