miércoles, 10 de junio de 2015

DIARIO NÓMADA, de JOSÉ ANTONIO PAMIES (por Amparo Arróspide).






Diario Nómada
José Antonio Pamies
Editorial Sloper, 2014










Diario nómada, 326 estaciones, de José Antonio Pamies, comprende ciento dieciocho poemas escritos entre 2009 y 2013, desde su llegada a Madrid, en orden más o menos cronológico y sin títulos.
Su lectura supone un descubrimiento insólito en estos tiempos en que se aspira a prescindir de cualquier heroísmo, cualquier romanticismo, aunque más no sea del lenguaje. Y no podía ser de otra manera, auspiciados como están por Friedrich Hölderlin, Rainer Maria Rilke y Leopoldo María Panero. Dentro de los poemas mismos hallamos vínculos con Pound, Mallarmé, Ginsberg,  en un diálogo vivo con su material de tradiciones líricas, su tierra nutricia. Crecen sobre ella como flores de la locura

donde las baldosas de la noche se deshacen
cuerpo que se balancea solitario en la memoria.
Mallarmé pensó en la purificación de las palabras de la tribu como trabajo del poeta, pero el silencio es también la palabra o la espera de la palabra poética,  y

es preciso soportar el frío
allí donde el lenguaje duerme,
esperar pacientemente al milagro
de su fiel alumbramiento.
El poema es ave fénix si se cree, con el autor de  Diario nómada, que

Un golpe de dados
siempre abolirá el azar.
El poema
halla en sí mismo
su propia destrucción.

El poema se destruye, porque para el fruto solo hay un destino/solo hay una luz para la sombra, / morir en el versículo igual que la manzana se pudre bajo tierra.
¿Quién habla de victorias?/ Sopreponerse es todo, nos recuerda el autor de las Elegías del Duino, por cuya boca habla la gran tradición poética europea de raíces órficas y cuyos personajes funambulescos en perpetuo ambular – Quinta elegía—parecen reencarnar en el trapecista de sueños de Diario nómada. Consciente de que no sirve para nada, persiste en su búsqueda, en un mundo donde la palabra poética se ha dilapidado, degradado, cosificado, como la vida en los paisajes urbanos desoladores. Para Rilke y José Antonio Pamies, el deber del poeta sería memorizar una y otra vez la ausencia y la pérdida en el poema, en un drenaje de la herida simbólica, porque la amada de múltiples nombres, Eurídice, Beatriz, Sía, es belleza herida de muerte, está enferma para el doctor mercado que controla el sistema y el placer. (Po-e)- sía es la patria del poeta y diosa a quien se ruega

líbranos de los ciegos ojos de esta ciudad
líbranos del andamiaje de palabras huecas
y de su infecto panal de construcciones
muéstrame al fin tu verdadero rostro.

Estamos en el siglo de la cosificación y la palabra poética habla de sí misma, debe conservarse como saber. Hölderlin (lo que queda lo fundan los poetas) y el nómada yo lírico del Diario desafían la pérdida y la fugacidad:

El tiempo se detiene en el poema,
en su extensión rebuscas
las verdes hojas que fallecen,
antigua luz de otra piel.

Y también Poesía es lo que resiste: nada queda siempre.
No se trata, sin embargo, de un retorno aséptico, de una recreación del pasado por una poesía acrítica, sino  una acción de la tensión lírico-trágica en la modernidad, que se plantea a veces en versos desafiantes, como en la conclusión del poemario, en un tiempo presente de lucha:

Tiempo de vivir, de desenfundar las armas del destino y forzar
esas divinas fuerzas que la nada oculta. … 
Tiempo de arremeter sin miedo frente a las instituciones, tiempo de reír y de llorar, de no claudicar ante la desesperanza que inyectan multitud de ojos ciegos.
Tiempo de abrazar el mundo aunque te duela, aunque el veneno
se dispare sin culpa hacia todo lo que aquí y ahora es.
Se da una tensión entre naturaleza lírica y  perspectiva crítica del nómada consciente de su deambular, una naturaleza que se nombra en mar, en noche, en luz, en nube, se invoca desde la Grecia de las Musas,  y se vislumbra hundida en la degradación de  las  imágenes urbanas, con sus trampas de  cables eléctricos, sus ancianos desterrados que observan la autopista de vehículos circulando hacia ninguna parte. Urbe que aparece a veces como Madrid (con sus 326 estaciones de trayecto  público  subterráneo), urbe insomne o que duerme y se desvanece como un sueño, con sus soledades de asfalto y sucios parques, donde las aves se suicidan y reptiles quietos suplican colores. Que es también un circo abandonado /de una existencia sin raíces. Pero el trapecio oscila en su movimiento y el poeta recibe una admonición ¿No sabes que palpita una certeza de aurora/en cada rincón de la ciudad, donde el neón no alcanza?
El viaje incierto es el de la poesía y el del poeta, por lo que Diario nómada puede leerse como testimonio de la aventura textual, posibilidad de seguimiento, deconstrucción en sus formas que recrean odas, himnos, elegías en verso libre endecasilábico, en versículos, en dos sonetos consonánticos (Toda la eternidad tiembla de frío y Asombrado en silencioas quimeras),  un poema en prosa y en las estrofas japonesas de sus páginas finales – haikus, tankas y una chōka más breve que la clásica – con sílabas 5-7  5-7  5-7  5-7-7.
Viaje que también lo es desde la exteriorización de lo lírico hacia el retraimiento del poema. Como Rilke en cierto modo, quien pedía la vuelta de las palabras regresando a sí mismas.
Poesía  postmoderna, capaz de conmovernos en un mundo deshumanizado y desacralizado, donde resuena más poderosa la invocación a la noche que cobija a Orfeo en su callada luz, donde resuena el mar inmenso y se alza la imagen del ángel y la interiorización en la belleza de Sía, a quien se ama por espectro y por sombra, ángel maldito de mi guarda. Porque en el viaje de nuestra existencia se vaga errante por el mundo/efímero como diurna sombra  y todo se pierde sin remedio,/el presente aúlla como un mono sordo,/ lo que poseíste aquí se queda/ y huye para siempre de tu vida,/no hay otra ley,otra condena.

                                                                      
José Antonio Pamies (Alicante, 1981) es licenciado en Derecho por la UCH-CEU de Valencia. Cursó estudios de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad Complutense de Madrid. Fue Mención de calidad del II Premio de la editorial poesiaerestu con uno de sus primeros poemarios “Las Ruinas de la Aurora”. Ha publicado artículos, entrevistas y poemas en diversas revistas digitales e impresas, y en antologías.
Ha publicado los libros de poemas Campos de Hielo (Ediciones Babilonia) y Afonías (LapizCero ediciones). Diario nómada, 326 estaciones fue galardonado con el II Premio Internacional de Poesía Círculo de Bellas Artes, de Palma de Mallorca y publicado en 2014 en su colección Minerva.

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