domingo, 20 de septiembre de 2015

LITERATURA Y CINE: LA REINA DE ÁFRICA.


LA REINA DE ÁFRICA




 Pasaría más tiempo con mis hijos; ganaría el dinero antes de gastármelo; 
aprendería los placeres del vino en lugar de los de las bebidas fuertes; 
no fumaría cuando tuviera pulmonía y no me casaría por quinta vez.
John Huston


Cecil Scott Forester fue un novelista histórico, periodista, biógrafo y guionista británico. Nació en El Cairo en 1899. Sus principales obras las conocemos, ante todo, por el cine.  Forester es autor de una serie de novelas sobre el marino Horatio Homblower, combatiente en las Guerras Napoleónicas, una de las cuales, El Hidalgo de los mares, fue llevada al cine e interpretada por Gregory Peck.

Hoy me centraré en La Reina de África (1935).  A pesar de que el esquema de las novelas de Forester suele ser bastante repetitivo, el egipcio sabe conjugar muy bien los datos ficticios con los reales. Sin embargo, al parecer, la novela La Reina de África tiene dos finales distintos: uno para la edición americana y otro para la inglesa. El motivo lo desconozco, pero al parecer ninguno de los dos finales le satisfizo. Tampoco al director de la película Huston ni al guionista James Agee, por lo que optaron por un final feliz.
La Reina de África es todo un clásico que se ganó estar entre las novelas de aventuras o en la historia dorada del cine.  El ritmo es trepidante, tanto en la lectura como en la película.

La cinta fue dirigida por John Huston (1951). Obtuvo tres nominaciones: al mejor director (Huston), mejor actriz principal (Hepburn) y al mejor guión (James Agee), pero la estatuilla se la llevó Bogart, como mejor actor principal. Sería el único Óscar en su trayectoria cinematográfica, con un papel muy distinto a los que solía interpretar (gánster o detectives privados).


Personalmente, pienso que es una película de obligado visionado para todos los amantes de las aventuras. Es de las llamadas de “primera clase”. La historia comienza en Uganda, allá por el año 1914. En Europa ha estallado la Primera Guerra Mundial.  Los alemanes han destruido la misión metodista de Rose Sayer (Katharine Hepburn) y han asesinado a Samuel Sayer, reverendo de la misión y hermano de Rose.
Ésta no tiene otra solución que escapar con Charlie Allnut (Humphrey Bogart). Charlie es un marinero maduro, fumador empedernido y alcohólico que abastece los poblados del este de África con un pequeño barco al que bautizó con el nombre de “La Reina de África”. 


El viaje es muy peligroso y lleno de riegos a los que hay que sumarle las disputas entre la pareja protagonista, de muy opuestos caracteres.  Rose es una solterona estirada y muy creyente. Charlie es un borracho fracasado, y ambos deben convivir en una barcaza ruinosa, pero capaz de hacer cosas increíbles y en circunstancias muy extremas.  La barca en cuestión es la tercera protagonista del film. Siempre averiada y en la que se viven riesgos, enfados monumentales, risas y, también, amor e intimidad.

Al inicio de la película observamos a un Charlie que sólo bebe alcohol y a una Rose que sigue el ritual de preparar el té. Sin embargo, a lo largo del recorrido por el río, que está plagado de sorpresas (enemigos alemanes, mosquitos enormes, sanguijuelas, cocodrilos, rápidos y cascadas), Rose se vuelve menos intransigente con el alcohol, pues acaba pidiéndole perdón por tirarle las botellas por la borda.  
Al principio de la aventura, Charlie sólo quiere ponerse a salvo de los alemanes, pero finalmente es convencido por Rose para atravesar el río hasta la desembocadura en el lago Victoria, con el objetivo de hundir un gran vapor alemán, con el que los germanos controlan la zona africana.

Finalmente llegan al lago donde se encuentra anclada la patrullera “Louisa”. Allnut dispone de unos torpedos en su lancha, pero tanto él como Rose son capturados antes de que puedan llevar a cabo su ataque. Condenados a morir ahorcados, piden como última voluntad que se les permita contraer matrimonio. Entretanto, el “Louisa” se va deslizando por el agua hasta colisionar con los restos de “La reina de África” y saltar en pedazos. Los dos prisioneros salen despedidos y caen al agua, libres de todo peligro.

En un principio el film fue encargado a Howard Hawks, pero éste rechazó el proyecto. El encargado de dirigirla fue John Huston, que logró convertir una novela trágica en una película divertida llena de acción, humor y romance.  Rodó en exteriores, cosa que por aquella época no era muy habitual (1950).  El director estaba convencido de que el rodaje en localizaciones reales y remontando 1500 kilómetros de río era la única forma de hacer creíble su historia. Su estancia en África fue aprovechada para cazar, sobre todo ansiaba abatir a un elefante blanco. Más tarde, esta historia de los elefantes la aprovechó Clint Eastwood para rodar Cazador blanco, corazón negro.

En el guión de la película participaron Huston y James Agee (poeta, novelista y crítico de cine). Agee sufrió un infarto y no pudo ir a África- También participó Peter Viertel, pero no apareció en los créditos pues abandonó el rodaje al estar exasperado con los actos de Huston.


Y en el reparto, la friolera de Humphrey Bogart, Katharine Hepburn, Robert Morley, Peter Bull y Teodore Bikel. Huston reunía, por vez primera, a dos “grandes” del celuloide como eran Bogart y Hepburn, quienes nos hicieron disfrutar de un duelo interpretativo maravilloso.  La química que hubo entre ellos fue clave para el éxito de la película. Bogart acabó admirando a su compañera de rodaje por el buen humor que irradiaba siempre aunque estuviera llena de hormigas: “¿Cómo es posible que esta mujer aguante, si tiene hormigas hasta en las bragas?”, decía el actor.

Creo que el anecdotario de la película es de los más extensos en los rodajes de Hollywood debido a las numerosas penalidades acaecidas. Rodaron durante 9 semanas en el Congo Belga y Uganda, pues en Kenia no les dejaron entrar con armas. Imagino que Huston pensó que si los actores sufrían tanto como los protagonistas sería mucho más creíble la historia. Casi todo el equipo de rodaje cayó enfermo de disentería y malaria, menos Huston y Bogart, que nunca bebieron agua, sólo el whisky que llevaron.

Hubo incidentes con serpientes venenosas y animales salvajes. No faltaron las lluvias torrenciales, invasión de hormigas soldado, avispas negras y mosquitos gigantes. La escenas dentro del agua tuvieron que rodarse en un enorme tanque de unos estudios británicos, pues el agua del río estaba infectada de esquitosomas (parásitos que se introducen en el sistema venoso y las discapacidades que producen pueden llegar hasta causar la muerte).

El calor y la humedad eran insoportables, de hecho los técnicos tenían que enterrar las latas con la película filmada en fosas bajo tierra para evitar que el sol y la humedad las destruyera. También llegó a hundirse la embarcación en pleno rodaje y tuvieron que sacarla con cuerdas entre todos los que formaban el equipo.

En una de las escenas de la película, las sanguijuelas debían cubrir el pecho de Bogart, eran falsas, pero Huston le hizo creer que eran de verdad debido a un error del encargado de los efectos especiales. El actor, horrorizado, rodó muy deprisa la escena con gestos de repugnancia, dato que aprovechó Huston para darle más credibilidad a la escena.
John Huston llamó a Bogart para ofrecerle el papel, éste le dijo a Lauren Bacall (su esposa por entonces y a la que se llevó al rodaje) que:” El Monstruo (Huston) quiere que vaya a rodar en plena selva africana, con cuarenta grados a la sombra, en una aldea plagada de mosquitos y rodeada de animales salvajes. Naturalmente, he aceptado”. Y es que Bogart decía del director con el que trabajó en El halcón Maltés" que era la única persona capaz de beber más whisky que él en una sola tarde.  ¡Dios la cría y ellos se juntan!

Dicen que Katharine Hepburn era una fanática de la higiene y al enterarse que iba a África, durante el rodaje revisaba a los miembros del equipo por si habían cogido piojos. Bogart y Huston no cesaban de gastarle bromas por ese motivo de la higiene.



Quizás lo peor de la película fueron los efectos especiales, algunos bastante malos (que tener en cuenta que estaban en el año 1950), pero resulta una magnífica obra que debemos revisitar.


Águeda Conesa



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