lunes, 14 de septiembre de 2015

PRINCIPIO DE GRAVEDAD, de VICENTE VELASCO (por Sebastián Mondéjar).








PRINCIPIO DE GRAVEDAD
Vicente Velasco
Balduque, 2015










Espléndido. He disfrutado y aprendido mucho con las sucesivas lecturas de Principio de gravedad, el reciente segundo poemario del poeta Vicente Velasco (Cartagena, 1976) y el quinto que la Editorial Balduque saca a la luz en su colección de poesía en apenas un año de existencia. Altamente recomendable. Sobre todo para el gremio. Vayan por delante mi gratitud y mi enhorabuena al autor y a los editores.

Cuando leemos o escuchamos “principio de gravedad”, lo primero que se nos viene a la cabeza es la famosa manzana que dio pie a Isaac Newton para formular la ley de gravitación universal. De ahí a salirnos de un salto con la imaginación del planeta Tierra y plantarnos en una nave espacial, en cuyo interior flotan las manzanas y en la que nos sentimos más solos que la una, no hay más que un paso. Pero el principio de gravedad al que se alude en este libro tiene poco que ver con dicha ley, y tiene también poco que ver con los astronautas, por mucho que su primer poema nos sitúe de inmediato en un hipotético espacio exterior y esté protagonizado por un astronauta que, tras una hipotética misión espacial fallida, “quedó vagando en la gravedad / de aquella que fue su casa”. Es lo que tiene la poesía: todo puede ser metáfora de todo. El principio de gravedad al que se refiere Velasco no es otro que el de “la gravedad de la existencia” (soberbio el poema IX, en el que recuerda la muerte de su madre). La existencia. Nuestra verdadera y única casa.

Un principio que requiere ser comprendido y compartido con la mente, con el alma y con el corazón; un examen de conciencia (altamente social y reivindicativa, por otra parte) en el que no caben mentiras ni artimañas ni concesiones de ningún tipo a la galería, a la que antes bien se atreve a reprobar e interpelar casi bíblicamente en el poema VIII: “allí los tenéis, posando. A todos. Y tú entre ellos / como anzuelo. Todos conocedores del precio / por el que nos vemos siempre en las subastas. // ¿Quién da más?”.


Porque Principio de gravedad es una obra tremendamente honesta, sincera, conmovedora, desgarradora a veces, personalísima, en la que acompañamos al poeta en un viaje espacial que en realidad es un descenso, el de su propia caída al centro de su ser. Un viaje sin paradas, vivido de un tirón, como parece estar escrito el propio libro; una larga y profunda caída inexorable cuyas causas y cuyas consecuencias el poeta nos confía tan fluida como vertiginosamente, con la lucidez, la circunspección, la humanidad y la nobleza que sólo un verdadero poeta es capaz de demostrar. ¿Con qué fin? Con el de poner las cosas en su sitio: ordenar su mente, su alma, su corazón, su soledad, sus sentimientos... Porque hay “mucho ruido, mucha basura espacial /rodeando nuestras conciencias, / toda una gravedad cero, un punto exacto / de ignición donde arder y consumirnos, / implosionar y caer en la boca del olvido”.
 
Foto: Noelia Illán

Imaginemos a un personaje creado por Homero, Dante y Kafka y visualizaremos al “astronauta” en el que Vicente Velasco se transfigura para contarnos su odisea: un viajero de su propio, vasto y solitario espacio interior cayendo a lo más hondo de sí mismo y radiando su “descenso”. Difícil misión. Sobre todo cuando el viajero se enfrenta a su vacío: “Me di por vacío. / Completamente, completo vacío / y sin palabras que pudieran nombrarme”.

Con pulso en ocasiones deliberadamente narrativo, incluso periodístico, pero con una conciencia poética muy madura, Velasco ha conseguido dar cuerpo a un magnífico poemario que no puede faltar en los estantes de los amantes de la poesía ni de aquellos que sientan el más mínimo apego por el viejo y complicado oficio de juntar palabras. ¡Misión cumplida!


Sebastián Mondéjar

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