jueves, 22 de octubre de 2015

"Ficciones para una autobiografía" de Ángeles Mora (por José Antonio Santano).





Ficciones para una autobiografía
Ángeles Mora

Bartleby Editores, 2015






En una continua búsqueda del yo poético, más allá de modas o corrientes, en esa soledad o aislamiento que halla su máxima expresión en la palabra escrita, escrita desde el desasosiego y la serena mirada, toma la voz Ángeles Mora (Rute, Córdoba, 1952), en esta ocasión con un poemario Ficciones para una autobiografía que indaga en la memoria, ese espacio abisal en el cual todo poeta, antes o después, se despeña consciente o inconscientemente. 

Nadar en sus aguas procelosas unas veces y calmas otras es la razón que mueve a la poeta, el desafío o reto que necesita hasta sentir el temblor del verso, su luz deslumbradora. Ficciones para una autobiografía es un poemario coherente, argumentado sobre dos pilares fundamentales: el tiempo y la memoria, ambos entendidos como ese lugar o refugio al cual siempre vuelve el poeta, en este caso la poeta Ángeles Mora. 


Siempre se ha dicho que los textos de un escritor contienen aspectos biográficos, ineludibles, puede ser, pero en esta ocasión la autobiografía que nos propone Ángeles Mora persiste en mostrarnos “ficciones”, que vienen a ser realidades en sí mismas, imaginadas, soñadas. Preceden a las cinco partes que conforman el poemario (¿Quién anda aquí?, Emboscadas, Palabras nuestras, Los instantes del tiempo y El cuarto de afuera) los poemas “A destiempo” y “Retazos”, en ambos hallamos las claves de este sólido  trabajo. En el primero de ellos, “A destiempo”, el desajuste temporal es bien visible, y así escribe Mora: “Llegué muy tarde al año que se iba / y el que venía me encontró dormida”, “el tiempo” como actor principal. El poema “Retazos” aporta la segunda clave: “la memoria”: 

Tengo pocas cosas que guardar 
realmente salvables 
en los viejos rincones 
-también de la memoria- 
donde escondo los posos 
secretos de mi vida. 

Son los recuerdos que acuden a ese espacio tan desconocido como habitable llamado “memoria”, origen de la biografía, de la historia personal. Destaca de la primera parte del libro el poema “Noche y día”; en él nos muestra de forma sencilla y magistral a la vez, no solo su condición de poeta, sino también de mujer, su rebeldía ante la imposición de roles domésticos:

Nunca quise hacer ganchillo, 
prefería leer el periódico 
o escribir garabatos a la luz de la lámpara. 
Aprendí a amar lo quieto, ser dueña de mis noches.  

Los hombres no barrían la casa, 
mi hermano entraba poco a poco en la cocina, 
yo hacía la mayonesa 
o limpiaba el polvo para ayudar: 
de día. 

Ejercicio metapoético en que nos ofrece en la segunda parte, en poemas tales como “Consonancias conmigo en asonante”: “La poesía no mata, pero encuentra / la punta de su flecha” o en “Lugares de escritura”, donde las labores domésticas se mezclan con el  sujeto poético: 

Mientras lavo los platos, 
como pájaros, 
nuevos versos me rondan, 
entre el jabón y el agua, 
exigiendo cobijo, letra escrita 
(que luego borraré seguramente 
para empezar de nuevo)…
Escribir es un vicio que nunca se detiene. 

Engarzado por las anáforas “como” y “crecen”, el poema que da título a la tercera parte “Palabras nuevas”, en esa búsqueda incansable de la palabra que es “Como un murmullo”, “Como el crujir de unos zapatos” y crece “en las laderas oscura de tus sueños” o “bajo la cara oculta de la luna”, poco, / esparce sus semillas”. De muy buena factura son también los poemas “Tántalo o el mañana”, “Dedicatoria” (al poeta Ángel González) y “Con luz propia”, de la cuarta parte “Los instantes del tiempo”, pero es el poema  “El cuarto de afuera”, que da título también a la quinta parte y última, la razón de ser de este magnífico poemario, donde el tiempo y la memoria nos aventuran en la poesía auténtica, esa que vibra en el interior de la poeta hasta formar parte del tú, del otro, de un singular humanismo, que el ayer calló por miedo y que hoy se libera hasta conformar una única voz:

En el cuarto de afuera, mi reino, 
nunca supimos comprender tus silencios 
ni tu guitarra rota en las noches de lluvia. 

Pero ahora sí, 
ahora veo la aspereza crecer, 
la impaciencia de un médico ante el daño, 
el día a día / de los desheredados, 
los pobres, los malditos, 
enfermos de alma y cuerpo, 
malheridos de guerra, hambre y tristeza. 




José Antonio Santano


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