lunes, 26 de octubre de 2015

POEMAS PARA LA PAZ, selección de Rosa María Grillo (por Daniel J. Rodríguez)





Porque las guerras no se libran, bien se sabe, solo en el campo de batalla; lo contaminan todo: protagonizan miedos, legitiman el odio e invaden todas las facetas del arte. La influencia de la guerra en la poesía queda patente en la antología Poemas para la paz, una selección a cargo de Rosa María Grillo que fue editada el pasado mes de diciembre para conmemorar el centenario de la I Guerra Mundial.



Apenas cien páginas sirven para demostrar que el poeta es un creador que se nutre del mundo en el que vive y que, efectivamente, se siente afectado por el dolor de la muerte, la impotencia ante decisiones movidas por intereses alejados de los avatares diarios de aquellos que viven a expensas de los poderosos y la insignificancia del soldado que va a la guerra pensando en un Dios que le protege. Grillo hace pasear por el volumen, editado por EL CIERVO, a casi cincuenta poetas que, tal y como se especifica en el prólogo, han reflejado en sus versos alguna de las múltiples dimensiones de los conflictos bélicos de los últimos 150 años, “desde la guerra franco-prusiana de 1870 hasta el momento actual, con la paz soñada por el poeta Yehuda Amijai para el candente conflicto árabe-israelí”.

Un ejército coral de autores, entre los que se cuentan a Antonio Machado, Jesús Munárriz, Pessoa, Rimbaud o Keith Douglas, cohabitan en este libro que trata de reflexionar, a través de los poemas, sobre todo lo que implica la guerra. Poemas para la paz es una edición no venal de 150 ejemplares que “no pide a la poesía olvido y consuelo, sino que ayude a comprender, a luchar con el arma de la palabra para que nuestro tiempo pueda gritar con convicción un nunca más finalmente definitivo”.

Y en esa inquietud andan los textos, divididos en tres secciones y que se abren con ‘La muerte del niño herido’, de Antonio Machado. Este primer poema sirve para marcar el tono de toda la selección que, si bien aborda el conflicto desde distintas perspectivas, siempre presenta un sentimiento común de pérdida (tiempo perdido, vidas perdidas y razón perdida).

La primera parte del libro, dedicada a autores relevantes del castellano, deja brillar a la voz de Borges que a través de la prosa lírica de ‘Juan López y John Ward’ achaca a los poderes políticos el respaldo a la creación de fronteras inútiles que parcelan (parcelaron) el mundo y generaron el sentimiento de patria y enemigo:

“Les tocó en suerte una época extraña.

El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos, de símbolos. Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras.”

El argentino lo deja claro: la guerra es una suerte extraña, una ficción en los mapas, que se convierte en una realidad sangrante en la tierra.



En esa división entre los que mandan a la guerra y los que caen heridos y muertos en ella también incide la obra de Lorenzo Gomis, que abre su poema, un soneto con sabor a fruta demasiado madura, con una evidencia que a veces parece quedar en el olvido:

“Llamar a los ciudadanos a la guerra
es lo primero que hacen los Estados
cuando se encuentran ya bastante armados
para arrancar kilómetros a la tierra,”


Salvador Espriu (“diverses són les parles”)  es el autor elegido como cita al inicio de la segunda sección del libro. Una parte íntegramente dedicada a otras lenguas, que se presenta íntegramente en bilingüe. La compiladora opta aquí por dar mayor protagonismo al texto original y presentar la traducción tras él en una tipografía menor y a línea seguida. Una decisión que dificulta levemente la lectura del poema y que impide, en ocasiones, percibir en una primera lectura el ritmo que proponen autores como Pessoa, Gerardo Murkuleta o Joan Margarit.

En esta segunda parte destacan los versos del catalán nacido en 1938, que explica claramente el sentido que tiene recopilar poemas de guerra en un volumen como es Poemas para la paz. Para él, en momentos en los que parece que no puede haber un atisbo de belleza, aparece la poesía “cuando el tiempo / es tan glacial para la poesía, / que aún sigue encendida / como un neón furioso de farmacia de guardia”.

La breve sección de traducciones deja paso al último plato de la selección, donde otro amplio catálogo de geografías y temporalidad incide en el sinsentido que suponen los conflictos y en lo necesario de evitar ese dolor a través de la paz. Quizá, con Yeats, solo quede observar que aunque el poeta y el lector de poesía estén, vivan, sufran la guerra, es algo totalmente ajena a ellos.

“Los que combato, yo no los odio;
Los que defiendo, yo no los amo
(…)
Que ganen unos, a ellos ¿qué les va?
Que ganen otros, a ellos ¿qué les viene?
No lucho por deber, por ley, por un caudillo,
Ni tras gloria y clamor de multitudes”.


Entre todas las voces que integran Poemas para la paz el lector destacará algunas que por su belleza, tono o temática se acerquen más a su posición ante la guerra. Y quizá ese es el quit, comprobar que al cabo, todos encuentran un verso o una palabra con la que enarbolar la bandera de la paz.


Daniel J. Rodríguez

No hay comentarios: