viernes, 20 de noviembre de 2015

BARBARIE de Andrés García Cerdán (por Antonio Rodríguez)









Barbarie

Andrés García Cerdán

Rialp, 2015









Todavía golpea nuestras sienes el pulso de La sangre de Andrés García Cerdán y ha llegado Barbarie, “Premio Alegría” 2015. De nuevo un título conciso y contundente; de nuevo una mezcla de los mejores ingredientes de su poesía.
Sorprende, sin duda, la cercanía entre ambos libros (apenas unos meses), pero así son los avatares de la edición y de los premios literarios. Y es que no estamos ante un libro escrito de forma apresurada, sino ante un trabajo constante que cristaliza en años de esfuerzo, y que solo el tiempo y una dosis de azar siempre necesaria ponen fecha y sello editorial.


Quiso el destino que la llegada a las librerías de Barbarie se produjera el mismo día de la masacre de París, como una coincidencia macabra y, por desgracia, cada vez más frecuente. Teniendo en cuenta las repetidas muestras de atrocidad con las que nos enfrentamos a diario y atendiendo a su rotundo título, podríamos esperar un libro de áspera denuncia o cruda desnudez; una incursión poética en el caos cotidiano trufada de desconfianza y desengaño. Pero eso sería no conocer lo suficiente la obra de García Cerdán. En efecto, fuera del contenido de algunos poemas, la barbarie no es sino una invitada más entre un buen número de temas y preocupaciones poéticas exigibles a la buena poesía.

Ya desde el primer texto del libro, “Flash”, se hace presente la indagación en la naturaleza del lenguaje poético. De nuevo, aparece el poema como sublimación del discurso y el lenguaje poético como una fuerza natural irrefrenable y poderosa, capaz de transformarlo todo:

Igual que un puñetazo en el estómago
te deja sin respiración,
[…]así este poema, recogido
de la lava de los volcanes,
a tus labios acude y en ti hierve, […]
Este poema explota en ti:
tú eres su estallido.    

La preocupación por la naturaleza del lenguaje y el papel de la palabra poética continúa, de forma más sutil, a lo largo de todo el libro, en poemas como “La piedra” (Para ti ha guardado este trozo de cielo / endurecido aquellos días / que fueron el origen, las primeras / mareas del mar, la primera luz, / la palabra primera.), “Manzana” (Adorarás el cielo / que acaba / con tu tristeza de supermercado, / con el vacío de los signos / que no dijeron cuanto podrían haber dicho.) o “La selva”, incluso, mezclada con la meditación intimista.

En la línea de este último poema, encontramos también “Olas”, una breve y exquisita pieza que juega con el tópico para desembocar de nuevo en la verdad poética, en la relación entre significante y referente en unos versos finales memorables:

[…] en su asalto incesante al límite
y a esta verdad de carne y hueso
en su estoica extracción
de la médula pura de los días.

Los poemas que suceden a este son los que guardan una relación más estrecha con el título del libro. “Los bárbaros” es un extenso poema de corte narrativo que repasa con crudeza la destrucción del arte; mientras que “Fresas” fresas denuncia las matanzas de Kenya mezclando la brutalidad de la noticia con un intranscendente episodio cotidiano, que refleja muy bien la recepción de la tragedia en la “era de la información”, y los mecanismos que conducen a la desinformación y la indiferencia.

Pero Barbarie, además de su carga social y metaliteraria, está plagado de belleza. A lo largo de todo el libro brillan poemas introspectivos que ensalzan lo cotidiano hasta convertirlo en hermosura. Esto ocurre en textos como “Nocturno en la bahía del Ij”, “Arroyos”, “En la piscina de Fuenteálamo” o “Historia Naturalis”, un texto prodigioso a la altura del mejor lirismo de Kazantzakis:

Perdonadlo por su belleza,
por su arrogancia.

Después de todo, el lirio del jardín
conoce los destinos del insecto
que en su cáliz durmió la noche […]




En esta línea destaca “Eloy”, un largo poema narrativo en tono conversacional que utiliza la anécdota de una conversación telefónica para rendir un entrañable homenaje al gran poeta murciano Eloy Sánchez Rosillo; y “Si tienes miedo”, uno de los mejores poemas del libro. En este último, García Cerdán emplea el tono apelativo de Horacio para construir una versión revisada del carpe diem, y en el que brillan especialmente todas sus virtudes poéticas, incluido un excelente dominio del endecasílabo y del encabalgamiento:

Acuérdate del sur y de los años
felices cuando tengas miedo. Acuérdate
de las cosas hermosas que has vivido,
de la clara paciencia de los árboles, […]
 Si tienes miedo, piensa en la mañana
que te vio volar por Carnaby Street
exultante y transida de placer,
loca de amor. Los días te lo dieron
todo y ahora esperan más de ti, […]
Haz tuyo para siempre el día
en que todo vibraba a tu lado
o abre, con todo tu encanto, un libro
y en voz alta lee, para tus adentros,
el poema que canta los deleites,
los frutos y las rosas del jardín de Epicuro.

Un libro que no defrauda en absoluto las líneas abiertas por los magníficos Carmina y La sangre, sino que las prolonga añadiéndoles matices; quizá con más espontaneidad pero con la misma calidad. Barbarie, en definitiva, es la expresión de la sinrazón y de la estupidez más cruda solo en parte, porque fundamentalmente es belleza, esa parte también humana que sí merece poesía. Un gran libro de un poeta que no deja de crecer.





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