domingo, 29 de noviembre de 2015

LITERATURA Y CINE: A CIEGAS


A CIEGAS





Darle al play del mando cuando en la bandeja del DVD gira el disco de A ciegas es comenzar un viaje de dos horas hacia la angustia y el dolor. La película, basada en el Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago, es una reflexión sobre la crueldad del hombre en una sociedad que se desmorona por una epidemia desconocida: una ceguera blanca. Los ciudadanos comienzan a perder la vista, es como si nadaran “en una piscina de leche”.





Fernando Meirelles se puso al mando de un proyecto para llevar a la pantalla una de las más celebradas novelas del Nobel portugués. En 2008 aparecía el film. Una adaptación que consigue captar el ánimo de tensión que el escritor desarrolla a lo largo del texto, que plasma con notable éxito el propósito de Saramago: recordar que la humanidad, bajo la capa de cortesía y civismo que la cubre, es como un animal herido que lucha por subsistir.

Mark Ruffalo protagoniza el film y se pone en la piel del médico, uno de los protagonistas junto con su propia mujer en la ficción, interpretada por Julianne Moore. Ambos serán, como en la novela, el bastón sobre el que se apoya la historia.

Un semáforo en rojo. Hora punta. La hilera de coches con conductores agotados por la rutina espera que el semáforo cambie a verde para salir a sus trabajos, besar a sus mujeres, abrazar a sus maridos o revolver el pelo de sus hijos. Cuando toca arrancar, todos los vehículos lo hacen salvo uno. El conductor se ha quedado ciego.


Así comienza una historia apasionante. Ya en los primeros minutos se comienzan a escuchar frases que dejan entrever la visión de un mundo corrupto y basado en las apariencias que quiso retratar Saramago: “¿quién es capaz de robarle a un ciego?”, se pregunta el primero de los afectados por esta enfermedad cuando sufre el primero de los muchos abusos que vendrán.

Meirelles refleja muy bien el viraje al egoísmo que ocurre cuando nadie ve a nadie. Arropados por la ceguera luminosa, los que consiguen no perder la vista y los que se adaptan mejor a su nuevo estado se posicionan como reyes autoritarios de una manada rota, desarticulada. El pánico se cobijará en el interior de los ciudadanos y la ceguera sacará sus peores instintos: infidelidad, egoísmo, violencia.

En la novela de Saramago, como en todos sus escritos, la voz del narrador se sitúa más allá. El escritor se sirve de esta figura para opinar, reflexionar, apostillar…, algo difícil de llevar a la ficción y, lo que en numerosas adaptaciones supone uno de los mayores retos. En este caso, el guión se apoya en la interacción de los personajes, que soportan, por la variedad de los mismos y división coral de su peso, la historia.

Además, el director se sirve de la técnica para transmitir la sensación de ceguera. La sobreexposición en algunas escenas, la presencia de los escenarios blancos y otros juegos similares ayudan al espectador a entender el pánico de los protagonistas.



Daniel J. Rodríguez




Precisamente el Ensayo sobre la ceguera fue el libro que se trató en el segundo programa de Qué leen los gallos, de ROM MURCIA, en el que cada semana participa LGC. Puedes escucharlo pinchando aquí.




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