miércoles, 4 de noviembre de 2015

PRÁCTICAS DE CATA (I): TRÁNSIT0 de Álvaro Guijarro.


PRÁCTICAS DE CATA


Primera:
TRÁNSIT0, de Álvaro Guijarro (Chiado Editorial, 2011).





La ligereza del amor se produce cada vez que se lee un libro. S
in embargo, siempre será muy pesado si se lee con prisa u obligado.

Óscar Cuadrado Mendoza, 
Las drápas del jengibre (Madrilenian, 2011)



Siempre que me invitan los amigos de La Galla Ciencia a leer me encuentro en esa tesitura amarga que el bueno de Óscar Cuadrado supo resumir de forma brillante en uno de los aforismos, greguerías y/o refranes que forman ese libro singular que fue Las drápas del jengibre, libro al que me gustará volver de vez en cuando… Y es que me he propuesto, modestamente, y a diferencia de las lecturas habituales que pueden ustedes disfrutar en este sótano que es la web de LGC, me he propuesto, digo, notariar otras lecturas pretéritas con la intención de invitar a la relectura –cuando proceda- o al eterno olvido –cuando mi juicio así me lo indique-, dedicar un tiempo a ciertos primeros libros. No hay el más mínimo interés en crear estériles polémicas ni tampoco filias innecesarias, más bien se trata de recordar que todo autor tuvo una primera incursión en este noble oficio para el cual no todos están destinados, pero que cada vez más visitan los que repudiados por la musa se empeñan en lo contrario. El porqué es bastante fácil de explicar: porque me apetece y no lo ha hecho nadie todavía, que a mí me conste, eo ipso. Surgirán a partir de aquí manos que copiarán el modelo, como otras cosas que desde esta Galla Ciencia han ido surgiendo, y que se ven replicadas en sendos covers que deberían reconocer, al menos, quién fue primero, si el huevo o la gallina –en este caso, La Galla!-.


Decía Andrés Trapiello allá por el 2006, prologando la antología que realizó de Eloy Sánchez Rosillo para Renacimiento*, que

Hay poetas de un solo y primer libro, que repiten o emborronan. Otros cuyo desarrollo, en diente de sierra, es un avance y retroceso continuos; y otros, en fin, que sólo en la vejez alcanzan lo mejor de sí mismos.
Si quieren saber la opinión de Trapiello sobre el poeta de “figura alta y erguida; el porte, corpulento…”, no tienen más que comprar el libro. Pero vayamos a lo de hoy: primeros poemas que como los dientes de leche parece que solo se pueden calmar con el chupete de la opera prima, adormecer la desazón del creador con el analgésico de las páginas impresas, someter la irritabilidad de quien parece que no puede dormir a la nobleza del encuadernado, frotándose así las encías con el libro como si fuese un mordedor mágico, la cucharilla fría que alivia a los lactantes. ¿Y qué ocurre muchas veces? En su mayoría terminan siendo versos repudiados, cuando no reescritos por el autor –conocida es la anécdota de JRJ recorriendo las bibliotecas de los amigos buscando sus propios libros y hacerlos desaparecer para siempre-, y quedan como poemas escritos en el albor de la vida cuando su propia evolución les ha hecho abandonar la bisoñez de esos primeros versos, o que fueron escritos llevados por la moda del momento o las poéticas dominantes y bla bla bla… Pero lo único cierto es que ahí está todo: que sería de Juan Luis Panero sin A través del tiempo, o del Luis García Montero de Trystia (escrito al alimón con Álvaro Salvador, bajo el simpático nombre de Álvaro Montero), o de José María Álvarez sin El libro de las nuevas herramientas –menos- o el fantástico 87 poemas –muchísimo más-; porque aunque de manera prístina en ellos está ya el misterio de un auténtico poeta, porque como decía Jorge Guillén “hasta la más enredada poesía suelta enigmas” que en el futuro se despliegan en un mundo nuevo.  Porque a todos se les caen los dientes de leche y en su mismo sitio, mismo lugar, nace ya sin dolor la dentadura firme que terminará desgarrando hasta el hueso más resistente.

Así que como diría Aleixandre, “heme aquí, luz eterna, vasto mar sin cansancio”, dispuesto a embarcarme hacia mundos prometidos y dispuesto a divertirme con ustedes. Y hoy me mojo con, y empiezo ya, dejémonos de prolegómenos –por otra parte necesarios-, con este TRÁNSIT0 de Álvaro Guijarro.

Este, o esta, o como dicen de él en la contraportada, este “diario-novela-poema,(…/…) o fábula moderna. O un fresco y duro monólogo. O un feminismo cósmico (sic). O una mano tendida a los desheredados…” (¿?). En fin, este libro vio la luz en el 2011 como la primera obra publicada de un autor con veintiún años, dedicado a diversas actividades literarias y musicales y que con los años también ha probado las mieles de la fotografía. Un culo inquieto, dicho en román paladino y que nos ofrece estas partes:

INCOHERENCIA
?
Π INDIVIDUO
۞ POLÍTICA
Ω POESÍA
0
COHERENCIA

Y digo yo que serán estas porque el libro carece de índice, algo que los que tenemos cierta edad seguimos necesitando en cualquier cosas que lleve tapas, título, y vaya patrocinado/publicado por una “editorial”. A simple vista llama la atención el juego pitagórico de los símbolos, no en vano Álvaro estudió Filosofía, algo que se evidencia a lo largo de todo el libro, y yo -que no soy muy dado a ciertas oscuridades- quise interpretar la “Π”  inicial como el principio, ya que tenemos la “omega” en la última parte. Pero consultados los demiurgos del alfabeto griego dijéronme que -¡ERROR!- Pi es la decimosexta letra del alfabeto. ¿Entonces? Me dice otro amigo que también es el símbolo de la Pedagogía: “dirigir al niño” como explicación etimológica donde Paidós es el niño, (παιδός ), y el pedagogo el esclavo que acompañaba al niño hasta la Palestra (en griego παλαίστρα), la escuela de lucha en la Grecia Antigua en la que además se desarrollaba toda una instrucción educativa y social… Pero tampoco me cuadra. ¿Símbolo matemático? No procede.

La cosa se complica cuando pasamos al bloque que bajo el título de POLÍTICA viene precedido de la simbólica estrella de ocho puntas. Ésta sí me la sabía: la bandera de Marruecos la luce, la arquitectura árabe está repleta de su maravillosa presencia y es la estrella tartésica que a través de los musulmanes inundó el Reino de Granada y… Pero ésta no es la misma, ésta tiene un círculo en el centro que la identifica claramente como Rub el hizb, la estrella de ocho puntas que se usa en el Corán para indicar el fin de un capítulo. En árabe, rub significa "cuarta" e hizb significa "parte" o "partido", por lo que vendría a significar "cuarta parte". Entonces… ¿ésta es la cuarta parte del libro? Veamos:

INCOHERENCIA (primera parte, digo yo…)
? (Esto no puede ser segunda parte, no hay texto entre ambos epígrafes, parece más bien una parte dentro de la propia “Incoherencia”, no sé, supongo, presupongo…)
Π INDIVIDUO (¿segunda pues? Es que no hay texto entre “INCOHERENCIA” y “?”, y aquí un único poema de título “Origen”)
۞ POLÍTICA (Sería entonces la tercera, y no la cuarta. ¡Santa Apolonia, patrona de los dentistas, ayúdame en este entuerto, qué estoy haciendo mal!).
Ω POESÍA
0
COHERENCIA

¿Tendrá entonces su simbolismo unido al del número 8, símbolo de la perfección y cuya forma simboliza el nudo sin fin, el infinito? ¿O la estrella de ocho puntas es la estrella de Salomón? Desistí al fin. Creo que la simbología obedece más al capricho creativo que a una significación consciente, salvo que el mismísimo Freud me traiga otra explicación. Hay clases de Filosofía que las cambié por tabaco (u otras cosas) y reconozco mi ignorancia.

Puestos ya a leer, el primer texto, “ORIGEN”, vendría a ser esa “poética” que todo autor responsable lanza en su primer libro de modo auto-reivindicativo: el poeta justifica su llegada al mundo de la mano de las musas, normalmente agradece de algún modo a sus maestros esa deuda perpetua ante la que agacha el rostro y se muestra dispuesto a no desmerecer el privilegio de seguir sus enseñanzas. Lo que el autor nos dice es:



Este, bueno, más o menos es eso, ¿no? Pasemos página. Llegamos a INDIVIDUO y a POLÍTICA, que los meto en el mismo saco porque para ambos me sirve igualmente el diagnóstico, y me apropio de lo que decía Juan de Dios García en su cacareo del pasado 8 de Octubre en esta misma web, porque él lo dice mucho mejor que yo al respecto de otro libro pero que se ajusta a mi lectura de esta parte de TRÁNSIT0:

No sé con exactitud quién inauguró esta tendencia de prosa exhibicionista y liberadora que, imagino, sería el sueño cumplido de cualquier sicólogo (…/…) Una especie de subgénero neorrealista de interior o un ultra-retratismo terapéutico. No sé, no soy crítico literario ni académico. Además, seguro que hay ya estudios que analizan esto de forma muy sutil y no voy yo a descubrir ahora el nombre científici de la culpa, la miseria o del “mal rollo” que anida en este tipo de escritura.

Juan de Dios dixit. Gracias, Juande, te debo una.

Y llegamos a la parte nutritiva, salimos del quilombo para hincarle el diente a auténticos poemas, y explico mis porqués: tropezamos aquí ya con un mundo donde las escenas describen un proceso de búsqueda, desde la contemplación pero no la complacencia, aquí el autor nos invita en ocasiones desde un yo más cerebral y otras desde una mirada que acercándose a los actos cotidianos anulan la aleatoriedad de nuestra vida, ese mal concepto llamado suerte. Hay en muchos de esos versos una premonición y una vulnerabilidad que es a la vez fuerte porque su fortaleza no está en lo que describe sino en el modo en que se supera esa complejidad del mundo. No hay aquí poemas domésticos, más o menos líricos, no hay contemplación de las estrellas y la nieve, poemas dedicados a la colada, a peras y patatas, a camisas y atardeceres. Pero se transmite el pesar por la naturaleza y por el despertar del dolor. El autor nos transmite una rebeldía psíquica con la que arrancar nuestra simpatía, busca arrastrarnos fuera de la manada en la que “tú eres solo, siempre, solo”(1), “aburrido del aburrimiento / y del subjetivismo atroz de las catástrofes.”(2). Buena parte de los poemas se pueden resumir en éste de una manera más diáfana:




Hay un canto a la amistad precedido por una larga dedicatoria a amigos y amigas –poetas, algunos-(3);  prolongadas reflexiones sobre el tiempo y la memoria, ese inexorable perderlo todo donde el poeta es un “funambulista de un tiempo intocable”(4), una imagen realmente acertada; luego tenemos silogismos y poemas brindados al juego y la experimentación y al subjetivismo más absoluto, moviéndose entre la exaltación y la minuciosidad, y otros en los que se profundiza en las incoherencias de este mundo con versos de mayor calado y mejor recuerdo para este lector (Pliegues del día -59-; No hay edad para la edad -61-; Grietas y otras puertas -66-; Primer nacimiento -70-, y uno de los mejores poemas, Infancia desvalida -67-, en un claro homenaje a Jesús Urceloy, al que dedica el poema, junto a Antonio Rómar). Pero yo me quedo con EDIFICIO:




A veces la vida de los poetas se parece enormemente a la vida que hay en sus obras, de forma que no podemos decidir si sus versos se basan en la existencia o se ven obligados a ser coherentes con lo que están escribiendo. En el caso de Álvaro Guijarro no sé si expresan un sentido de “estar perdido” que ha experimentado sabiendo dónde estaba. Quiero decir con esto que Álvaro Guijarro ve la poesía como un lugar seguro, un refugio donde encontrar un poco de paz a la dolorosa situación con la que contempla los paisajes de la desolación, una mirada que espera, creo, compartamos. Porque lo que un poeta realmente ambiciona es la identificación con su lector, con la esperanza de que nuestro mundo, aunque diminuto, un día cambiará radicalmente movido por nuestros actos cotidianos. Queremos que nuestra vida sea dichosa siendo las cosas de otra manera, haciendo esa vida distinta. Ése es el canto de Álvaro Guijarro para entender “la respiración confusa del tránsito”(5).

Me dicen que este año publica dos libros. Iré en su busca como el que sale hacia el rescate de un cuerpo perdido en la nieve. Quiero saber qué queda de este primer “guijarro” tras la erosión del tiempo.


 Jean Paul Caribdis


*Sánchez Rosillo, Eloy. Confidencias, (Antología poética). Selección y prólogo de Andrés Trapiello. Editorial Renacimiento, Sevilla 2006.
(1) Ceremonia, página 84.
(2) Aburrimiento, página 86.
(3) Amistad, pág. 88.
(4) Aquí sin aquí, pág. 91.
(5) Página 29.





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