viernes, 18 de diciembre de 2015

DELIRIOS Y ÉXTASIS de PATRICIA ALONSO (por Francisco Álamo Felices)



EL YO Y LA VIDA. UNA POÉTICA DE LA RENUNCIA A LA DERROTA: 
DELIRIOS Y ÉXTASIS  DE PATRICIA ALONSO



Es tuya tanta luz. 
JAVIER EGEA, Troppo Mare



Convendrán algunos que no hay encuentros más decisivos en la historia de las personas que aquellos en los que la literatura es partícipe y mediadora de manera determinante y es que, aquellos que así lo experimentan, bien saben que lo allí nacido termina formando parte de lo más insobornable de su existencia.
Descubrir la amistad literaria con Patricia ha sido el premio de reencontrarla tras el gris de la monotonía de las clases y disfrutar de la escritura generosa que es su persona y del valor, cada vez más cuestionado, de la fuerza de su discurso poético.


            Pues bien, frente al nuevo y dominante paradigma ideológico contemporáneo de la denominada “postmodernidad”, conformado en una descarnada triada de la explotación humana que se desarrolla en torno a las recategorizaciones de la soledad, de la competividad y del cuerpo como mercado, la poesía de Patricia Alonso se ajusta a un inexcusable y continuo trabajo -que no otra cosa es la escritura- por la salvaguarda de la memoria -el presente sosteniendo el no siempre agradecido pasado- junto a la apuesta desesperada por la palabra como imprescindible cobijo para la dignidad de la vida y los hechos cotidianos tan difuminados, hoy día, por esteticismos y poses huecos y deshistorizados.

            Las líneas más sintomáticas de Delirios y Éxtasis tienen su trazo grueso en una visión del recuerdo -la memoria, decíamos- como salvaguarda del autismo actual. La autora bien sabe que el recuerdo nos sostiene, nos enseña e intenta que aprendamos que, aunque la vida depende mucho de lo que hicimos, los esperanzadores amaneceres, frente al error o al fracaso, no tienen por qué ensombrecernos cuando despertamos a vueltas con nosotros mismos. La localización, por otra parte, no se superpone al asunto poético, ya que ambos se sumergen y se matrimonian para sostener y contar verosímilmente su experiencia: son poemas de la poesía de la cotidianeidad (el bar, la calle, la ciudad -Granada-, los meses del año, los estados de ánimo), junto a un tratamiento delicado de lo erótico-sensual mesurado, medido pero cargado de connotaciones que se aleja de la vulgar carnalidad. Un verso cuajado como “Necesito alguien a quien besar lento”, te lleva de la mano a aquél tan hermoso del gran Ángel González: “Pongo tanta atención cuando te beso”.  Y, por último, la palabra, la verdadera compañera: “Escribo porque con las manos/ atadas a la espalda/ no se puede vivir”.

            En Patricia Alonso, la subjetividad del discurso poético, lejos de autosatisfacciones y ridículos narcisismos, se vuelve interrogante, mirada serena -que no complaciente- a los desplantes de la vida, sin tragedias para la derrota del desencanto y sin tregua para los fracasos, ya que, para nuestra autora, nada es ayer y siempre se pueden reclamar unos ojos.


Francisco Álamo Felices
Universidad de Almería

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