lunes, 14 de diciembre de 2015

DESORDEN de Sergio Arlandis (por Cleofé Campuzano) y entrevista al poeta



Y escrutando en la nocturna pesadilla,
encontrar el orden como un desordenado torbellino
para que en el inexpresivo resplandor del arte
descubramos el mortal incendio de la vida.
Aleksandr Blok



            Orden,  sentencia de la luz, dos puntos. Serían estos los elementos delimitadores,  la vida en términos de avance y retroceso. Es lo que hacemos de una forma reincidente para seguir, tal vez para caotizar lo necesario de continuar. Homónimos además a los bloques que vertebran "Desorden", último libro del poeta Sergio Arlandis, editado por Valparaíso y con salida en febrero de 2015.
            Algo habitual en la poesía del autor va tomando forma, una confluencia en la que se aúnan tres dominios:  la fluidez estilística, la calidez expresiva  y una profunda interpretación del mundo, traslúcida entre letras. Desde una poética preciosista a la vez que realista, se retrata la hostilidad del tiempo, la inseguridad del amor o del propio presente. "Desorden" se cuestiona la percepción sentida de los convencionalismos, a los que el tiempo nos obliga; cómo lo "instaurado", las instituciones...  su rol sistémico, en definitiva, nos aboca a una realidad no elegida. 



Asimismo interpela al lector con la reflexión sobre "el orden" instaurado  y la asunción que todos hacemos de él en nuestra vida. Arlandis ahonda en los periodos de la infancia y la madurez, con las esperanzas y las aspiraciones depositadas y por depositar, los deseos confiados a la suerte y al esfuerzo (en ocasiones frustrados), el influjo de la familia y el de los determnantes sociales con lo que se espera de nosotros; ese orden que se desmorona al declinarlo porque no obedece a lo que que nos rodea, no se corresponde con el dictamen aprehendido. Se desentroniza ese orden para dar paso a una fase de entropía que flexione la razón para lograr entender aquello que se nos escapa. En un tiempo de incertidumbres para unas generaciones que se ven apocadas a una vida de vacuidad de acuerdo a lo que los demás esperaban de ellos y a las propias exigencas personales, el truncamiento, la desesperación y la idea de "búsqueda de sentido"  impregnan el argumentario vivencial del libro.  No queda más que adentrarse en su lectura y vivirla.




ENTREVISTA A SERGIO ARLANDIS

Siempre que nos acercamos a la poesía, estamos ante una razón en construcción, una perspectiva que no deja de ser una visión de la realidad, una cesión que ella misma nos hace para que podamos conocerla o al menos aproximarnos en parte. En un mundo excesivamente complejo, esta misiva se hace cada vez más acuciante, el hecho de “acercarse a”, “intentar comprender qué”, “asimilar el tempo que pervierte la cadencia del tiempo”; por eso, no es de extrañar la búsqueda y la experimentación con el lenguaje y sus canales. Todos, la gran mayoría, escribimos en el móvil, mandamos WhatsUps, escribimos en Facebook, Twitter... tenemos en la cotidianidad y al alcance de una tecla la posibilidad de expresarnos, de que nos lean y no solo eso, también de que nos interpreten. Tal vez por este motivo, y no exclusivamente por él, estamos viviendo una algidez de la  expresión escrita sin precedentes. Sobre algunos de estos planteamientos, incardinados a la vivencia poética que hoy se cierne sobre nosotros reflexiona Sergio Arlandis, con un discurso de alto calado que él argumenta desde su experiencia y sus horizontes poéticos.

Cleofé Campuzano


¿Crees que hacer poesía es hacer la vida?

No creo que hacer poesía dé más vida, ni la haga o la construya: solo— y esto no deja de ser una opinión muy personal—da otra perspectiva de la misma, lo que, en parte, amplía su percepción, reflexión y experimentación y da ese sensación de sentirnos complementados. Sí, en cambio, creo que cada poema crea su propia vida, donde el sujeto creador se convierte en una abstracción vaga de fondo. Y digo esto porque cada poema vive muy al margen de su creador, tiene su camino propio, su temporalidad también propia y hasta su certificado de nacimiento propio. Solo así puedo comprender que la poesía hace vida, aunque desconozcamos a qué tipo de vida nos estamos refiriendo en concreto y si solo existe un tipo en concreto de vida, pues ¿un poema muere?

¿En qué medida consideras que la poesía ha ido conformando tu identidad de hoy con el paso de los años? ¿Es el que escribe el mismo que escribía?

Estoy plenamente convencido de que cada poema ha querido enseñarme algo nuevo de mí mismo, pero sin vulnerar mi percepción concreta de lo vivido. Me exige la reflexión y en ese gesto sí creo que ha ido modulando parte de mi identidad, que es sumamente cambiante, estrictamente temporal, cíclica (aunque desconozco en qué dirección). Si bien, considero que el poema es el vacío, pues es su eco, su testimonio y por tanto nunca puedo verme exactamente reflejado en los poemas ya hechos, como no puedo verme fidedignamente en el poema que estoy escribiendo o en el que escribiré. Supongo que tampoco soy el mismo al leer los poemas escritos y que mi mirada, por ello, se adapta y se hace comprensiva con los momentos que ya no son, pero alguna vez fueron en mí.

¿En qué punto de tu andadura poética y literaria te encuentras?

En el del aprendizaje incondicional. Es decir, una fase de creatividad que vive su momento más enriquecedor: el de la lectura.

Intenta definir el estado de la poesía actual para ti a escala planetaria, sin cercar territorios; concretamente, me refiero a tu percepción de la atmósfera poética que se respira en nuestros días.

La poesía actual goza de una productividad mayúscula: si damos una patada a un piedra salen cinco poetas; y eso es tan bueno como altamente perturbador (lo digo con toda la ironía posible), pues en este país no está bien visto ser poeta. Pero no solo eso: lo malo de este dato es que, sin embargo, se lee poca poesía, así que somos más creadores que lectores y eso sí que es preocupante. Creo que en ese sentido la poesía, tan rica en su magnetismo y en su atracción a la escritura, es sumamente pobre en su alimentación, pues tan desbordante banquete de libros, blogs, plaquettes, etc. da sensación de ser inabarcable, inaccesible al fin y al cabo. Y, más allá de eso, también produce ese efecto de auto-alimentación: es decir, que al final los mismos solo se leen a los mismos y ese efecto no nos conduce al enriquecimiento general, sino todo lo contrario, al empobrecimiento progresivo. Y esto se basa también en esa poesía, bastante pobre en recursos, pero rica en imprecaciones, en palabras altisonantes, muy en la sintonía del discurso político más tenso e irritado. Eso es poesía, sin duda, pero al final, leído un libro: leídos todos. Ocurrió en algunos casos también de la poesía de la experiencia, como de la diferencia, igualmente ocurre con esa línea del fragmento, de lo neovanguardista, o cualquier otra corriente que nos planteemos (y son muchas). Así, la pluralidad es necesaria, es positiva, pero que sobre todo impere el estilo personal. Quizá eso es lo que le falta al actual panorama poético español. Pero las sensaciones, más allá de esto, son muy positivas porque la poesía está especialmente viva no solo entre los más jóvenes, sino también entre los colectivos más mayores, que tantas actividades organizan y que, con esa imagen (algo clásica) de lo poético, deciden envolverse entre versos, propios o ajenos. Eso es increíble, y sinceramente, creo que habría que cuidarlo mucho más, conseguir una mayor concienciación por parte de las instituciones políticas, con un mayor apoyo económico para sacar adelante todas estas iniciativas. Y que conste que no quiero solo reivindicar lo poético: por supuesto, que ayuden para talleres de todo tipo, porque hay demanda, hay voluntad, hay ilusión. Por suerte, la poesía, por fin, ha entrado en esa misma demanda, voluntad e ilusión con fuerza. Creo que esto creará un efecto a medio plazo inigualable, con una cantidad de poetas (aún muy jóvenes) realmente destacables. Ya hoy se pueden ver algunos de esos resultados. Así que el panorama no puede ser mejor ¿verdad?: los autores más mayores arrojan sus mejores poemarios, con un tono rico en matices,  mientras que los más jóvenes ya apuntan que el futuro será indiscutiblemente de ellos. Ahora solo falta que se lea más poesía, que se vendan más libros, que se recupere el gusto por el papel, y así se habrá alcanzado, posiblemente, el mejor momento de producción poética en España, al menos en números.

Aterrizando en los títulos que dan nombre a los capítulos de tu último libro “Desorden”, una cuestión por cada uno de ellos,  a propósito de un verso:

I ORDEN
Porque aprendes a sobrevivir entre alfileres

¿Cómo crees que el ser humano incorpora el orden a su vida? ¿Dista mucho de un cierto orden poético?

Nos han ido enseñando (y eso es el centro temático del poemario) un orden de la vida que, al crecer, no se cumple y nos lleva al desencuentro entre lo que aspirábamos a ser y lo que somos finalmente, entre nuestros deseos y sus realizaciones. Y eso suena muy romántico, muy atormentado, pero quizá nuestra generación sea aquella en la que la ilusión más claramente entró en los esquemas iniciales, en aquel “estudia, ten un trabajo, una familia y sé feliz”. Eso se desmiembra, se rompe: no queda nada de esa estabilidad prometida y debemos reinventarnos unas nuevas aspiraciones en una edad (aquella en la que descubres que se rompieron los pronósticos) en la que el margen de error ya es menor. De aquí surge la infelicidad, el sentimiento de soledad y el desencanto, pero también esa otra alegría que te produce el haber podido cambiar algo de tu vida, el haber conseguido dar un giro en lo que sea y tener la sensación de volver a empezar, aunque ya llevas un bagaje de experiencia importante. Experiencia que, por otro lado, te ha enseñado todo aquello que no querías saber, aquello que te ha ido corrigiendo el tiempo. Sin duda, creo que el libro gira en torno a esto, entonces ¿en qué medida la poesía ordena todo ello? El poema es el único orden que nace de nosotros mismos realmente: el otro, el orden social y existencial, no nace de nuestra mente, nos lo incorporan “de serie”. El poema es nuestro propio sistema, nuestra regla de medir y con él podemos observar con detenimiento el tremendo caos que tiene ese orden impuesto y el paradójico orden que tiene nuestro desorden más profundo, por eso, por ejemplo, la mitología es tan poética, pues da orden al caos existencia, que es, al fin y al cabo, el conflicto interno que tenemos.


II SENTENCIA DE LA LUZ
Algunas veces fui verdugo de
mis silencios para compensar
la mano de la noche

¿Es posible una creación poética que no contemple los opuestos?

Sinceramente creo que es en el contraste de esos opuesto cuando surge la creación poética. Pondré un ejemplo: si pudiera dar un beso ¿estaría escribiendo un poema sobre el beso? No, sin duda estaría besando. El poema surge en el lugar del vacío, de la ausencia, precisamente porque quiere crear (o recrear) una presencia. Así que el beso (presencia) y el poema sobre el beso (no presencia) son posibles y se complementan. La creación poética es siempre un deseo, una aspiración, aunque nazca de la más estricta reflexión: aspira, por ejemplo, a la comprensión, al conocimiento, a la emoción, a su recuperación, a su recuerdo, a su descripción, etc. El poeta aspira a algo, el poema también, y muchas veces son hasta contradictorias esas aspiraciones, ya que el poeta seguramente busca definir una emoción, y el poema necesita dejar esa misma emoción bien abierta para que el lector la haga suya. Como ves, siempre la paradoja, el juego de contrarios, porque en ese contraste surge la palabra, como en el propio contraste surgen los colores.


III DOS PUNTOS
Cabe mi grito junto al tuyo sin hacer arista

¿Suponen “dos puntos” una predisposición a estar vivo?

“Dos puntos” combina la explicación, la definición y la unión. Y esto solo lo da el amor realmente. Al final, es lo único que nos salva de lo mediocre. Pero el Amor con mayúsculas y este tiene muchas facetas: la compañía, la complicidad, la sensualidad, la sexualidad, etc. Los dos puntos te permiten respirar desde la afirmación inmediata y eso es lo que te produce el amor: respiras, tomas aire, y vuelves a la lucha, al día a día, al desgaste. Llegar a casa y recibir el amor de tu pareja, de tu hijo, incluso (espero que se me entienda) de tu mascota, da vida, alegría. Obviamente, no hay mayor empuje de alegría que el que tu pareja o tu hijo o hija puede darte, creo. El no tener esto pues a veces también desgasta, porque en ocasiones sientes que te falta el salvavidas y que no dejas de ir a la deriva, siempre náufrago.


IV UN ESPAÑOL QUE SE MARCHA
No cabes en la sangre

A veces me viene a la mente la idea de “¿Cuántas vidas tengo que vivir para vivir la mía?”, y esa es la pregunta que te hago yo ahora.

He vivido mi vida muy intensamente y no es un tópico. Quien me conoce lo sabe: he tenido tantos y tan variados escenarios vitales que me siento realmente afortunado de ello, aunque muchas de esas mismas experiencias fueran tristes y duras.  Y por eso y por otros motivos, me siento un privilegiado de la vida si me comparo con los cientos de millones de personas que no tienen la más mínima oportunidad de hacer algo en su vida o que han tenido períodos tan dramáticos que parece mentira que puedan mantener la sonrisa. Si lo comparo a lo vivido por mí, me siento afortunado, sinceramente. Si escribo es porque necesito sacar toda esa vivencia interior e incluso imaginármela de otro modo; pero también, si escribo, es porque aspiro a vivir otras vidas que se salgan de esta mía, esa que no tiene nada en particular: levantarse por la mañana, ir a trabajar, llegar a casa, decir que estoy cansado, ver un poco la televisión, echar una lecturilla furtiva, preparar algunas clases, desear algo, y poco más. Entre los renglones de ese texto busco el nexo del poema.


 Cleofé Campuzano




Cleofé Campuzano (Murcia, 1986). Estudios de Filología Hispánica, graduada en Educación Social y Máster en Antropología social y cultural por la Universidad de Murcia. Recientemente, ha finalizado el Máster en museos, educación y comunicación de la Universidad de Zaragoza.
Participa habitualmente como colaboradora en Mito revista cultural online con artículos y creaciones propias. Ha participado en revistas de poesía (La galla Ciencia 2014, El coloquio de los perros 2015 y el número especial de Empireuma 2015). También ha reseñado las novelas Volveremos a ser valientes de Luis Miguel Moreno (Editorial Lulú) y Berlín Vintage de Oscar prieto (Tropo Editores). Divide su labor actual entre sus investigaciones sobre artes y educación disruptiva, el comisariado en arte contemporáneo y la poesía.



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