miércoles, 2 de diciembre de 2015

TRADUCCCIÓN DE LEIRE BILBAO (por Aitor Francos)




Leire Bilbao (Vizcaya, 1978) estudió Derecho económico en la Universidad de Deusto. Ha publicado dos libros de poesía: Escamas (2006) y Scanner (2011), ambos en la editorial Susa, y muchos libros de literatura infantil. Ha colaborado con diferentes medios de comunicación, como el periódico Deia o el Berria, o radio Euskadi.


Aitor Francos (Bilbao, 1986) ha publicado los libros Igloo (XIV Premio Surcos, 2011), Un lugar en el que nunca he escrito (2013), Libro de las invitaciones (2013), Las dimensiones del teatro (2015) y la plaquette Ahora el que se va soy yo (2014). Ejerce la crítica para suplementos como El Cuaderno de Trea, Pérgola o Quimera. 

Aitor Francos, además, fue uno de nuestros autores del Número DOS y ahora participa en el CU4TRO con una traducción de Leire. Hoy nos trae la nueva versión del poema con el que colaboró en nuestro último número.








BIHAR EZ DAKIT ZER EZ DUDAN JAKINGO

    
                                
    Ama hil zaigu lanak itota.
J.A. Artze


Gure amak ez daki nor den Walt Whitman
kapitain baten hilotza maitatu zuen arren.
Ez du Victor Hugo inoiz irakurri,
Jean Valjean, Fantine eta Monsieur Madeleine
ametsetan agertu izan zaizkion arren.
Ez daki nor diren Faulkner, Jelinek edo Carver
nahiz eta maleta zahar batean hilobiratu zituen
denei hautsa maitekiro kendu ostean.

Gure ama pianotzat hartu izan dute
inoiz Bachek, Mozartek, Ellingtonek.
Haren begi elurtuetan odol tanta bat da
Malevitxen etxe gorria.
Gerriko minez dabil aspaldian
eta hala ere etxeko lanak amaitu eta
kalera ateratzen da egunero izebarekin
eguzkia, hotza zein beroa, hartzera.

Gure amak, paperezko deiak egiten
etxean utzi duen alabari,
bizitza zertarako den jakitera iritsi gabe
hilko direla biak ala biak
azaltzen jakin nahi luke.




MAÑANA NO SÉ QUÉ IGNORARÉ



Se ha muerto nuestra madre ahogada entre tanto trabajo.
J. A. Artze



Nuestra madre desconoce quién es Walt Whitman,
a pesar de que amó el cuerpo inerte de un capitán.
No ha leído nunca a Víctor Hugo,
aunque en sueños a veces se le aparezcan
Jean Valjean, Fantine y el señor Madeleine.
Ignora quiénes son Faulkner, Jelinek o Carver,
aun cuando les dio sepultura en una vieja maleta
después de desempolvarlos con ternura.

Alguna vez han tomado por un piano a nuestra madre
Bach, Mozart, Ellington.
En sus ojos nevados la casa roja de Malevitx
es una gota de sangre.
Se queja de dolor de cintura desde hace meses
y, a pesar de ello, una vez acabadas las tareas
sale a pasear con su hermana,
a tomar un poco el sol, haga frío o calor.

Nuestra madre desearía saber explicar
a la hija que ha dejado en casa
que tanto una como la otra morirán
sin conocer el sentido de la vida.












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