jueves, 7 de enero de 2016

ANFITRIONES DE UNA DERROTA INFINITA de Joaquín Juan Penalva (por Juan Lozano)


ABAJO, ABAJO TODO EXCEPTO LA DERROTA








Anfitriones de una derrota infinita

Joaquín Juan Penalva

Huerga&Fierro, 2015







A modo de añadido personal se me ocurre que, el verso de Luis Cernuda, deliberadamente aislado, que encabeza esta reseña, podría haber servido de pórtico al último poemario de Joaquín Juan Penalva, “Anfitriones de una derrota infinita” editado recientemente por Huerga y Fierro. También podría haber funcionado ese “Estamos en derrota” del poema “Lo que no es sueño” de Claudio Rodríguez. Hay muchos más. Desde los románticos ingleses hasta la segunda generación de la poesía de la experiencia pasando por Gil de Biedma y hasta en el ámbito del pop-rock, hay todo un código de la derrota que indefectiblemente asociamos a determinados autores y personajes de ficción. Luego hablaremos de ello. En todo caso, volviendo al poemario de Joaquín, las citas que le sirven de preámbulo, donde encontramos, entre otros, a Borges, Martínez Mesanza, Ramón Bascuñana o Stanilaw Lem,  están muy bien traídas, son suficientes y dan, de forma certera, el tono a los poemas que lo integran.


Debo decir que he disfrutado doblemente este libro de Joaquín Juan Penalva,  como amante del cine y como degustador de la buena poesía. Y ello es así porque, en el noveldense se da la doble condición de gran poeta y de gran divulgador del séptimo arte; esto último a través, sobre todo, de la revista digital “El espectador imaginario”. Y esa dualidad de poeta y de sensible cinéfilo, se fusiona en su poética para darnos una evocadora, perdurable y hermosa obra.  Joaquín es muchas otras cosas. Cualquiera, a poco que rasque la superficie virtual de la Red, podrá conocer sus logros académicos y profesionales. Yo sólo quiero destacar aquí, en lo personal, como en una especie de retrato hecho de cuatro trazos, su gran honestidad, su gran aptitud comunicativa, su don de gentes admirable y esa generosa sonrisa que aflora en un momento y lo ilumina todo.  Así, a su gran valía como poeta, crítico y comunicador, se ha de añadir la valiosa condición de  excelente persona y generoso amigo de sus amigos que siempre acaba sus comunicaciones con “un abrazo grandote”.

De regreso a su obra, un poemario de Joaquín siempre es, por esperado, un motivo de gozo. No es Joaquín Juan un poeta que se prodigue en demasía. Esta es, al decir quijotesco de Luis Bagué, su tercera salida en solitario. Llegó a decirme Joaquín hace unos meses que prácticamente había abandonado la poesía; espero,  por el bien de sus lectores, que esto no sea así. Por lo menos, a la vista de este libro, constatamos que la poesía no lo ha abandonado a él. Su lenguaje es coloquial y en algunos momentos adquiere un tono poético cercano al de su admirado Karmelo Iribarren. Como la Szymborska (creo compartir con Joaquín mi admiración por la Nobel polaca) huye  todo lo que puede de las grandes palabras.  Hace poco me comentaba nuestro común amigo Francisco Gómez que para leer a determinados poetas era  preciso tener un diccionario al lado y que con  Joaquín no pasaba. Quizás la dificultad estriba más en reconocer ciertas referencias y guiños, lo cual tampoco es óbice para el disfrute de su poesía. Al contrario, en ocasiones puede resultar un estimulante desafío. 

Esta misma mañana  de luminoso sábado, antes de comenzar su recital junto a Noelia Illán y Manuel Valero  dentro del ciclo “Poetas en cercanías” de la librería Pynchon & Co de Alicante,  lo he asaltado con premeditación y alevosía, interrogándole sobre su reciente poemario. Como siempre, con su amplia sonrisa, contesta a todas mis peguntas. Me dice, cosa que yo intuía, que su gestación corre paralela a “Hiberna hibernorum” pero también al inédito “Todas las batallas perdidas”. Los poemas de temática más cotidiana fueron conformando el intimista “Hiberna…” mientras que, los de inspiración cinematográfica  y los que podrían entroncar con la experiencia culturalista pasaron a engrosar “Todas las batallas…”. Los que fue descartando por una u otra razón, pasan a formar a guisa de cara B, el presente “Anfitriones…” que, por aquello de los azares editoriales ha salido antes que “Todas las batallas…”. Aún así estamos ante un poemario de gran altura que merece mucho la pena, no sólo leer sino también tener en propiedad. Sin conocer la cara A, lo primero que pienso es que, cuando yo compraba discos, muchas veces el reverso era aún mejor que la cara principal y que alguna dama de honor siempre es más guapa que la reina de la fiestas. Entiéndase este excurso, por supuesto, como caprichosa boutade.

Siguiendo con la producción poética de Joaquín, anteriormente existía un libro publicado, “La tristeza de los sabios” (accésit del Premio de la Academia Castellana y Leonesa de la Poesía 2006) y otro escrito al alimón con Luis Bagué Quílez,  “Babilonia, mon amour” (accésit del V Premio Dionisia García, Murcia, Universidad, 2005), ambos de temática cinéfila, además del mencionado “Hiberna hibernorum” (Ed. Frutos del tiempo-Le chat, 2013).  “Anfitriones de un derrota infinita” es un poemario, temática y estéticamente, cercano a “La tristeza de los sabios” pero resulta más maduro y acabado.  Con “Hiberna hibernorum” el registro, como se ha dicho, cambia. En “Hiberna..”, el eje se desplaza hacía su entorno más inmediato a modo de Beatus ille, aunque no falta algún punto en común con poemas de este libro de ahora. De hecho algunos poemas son intercambiables, podrían haber funcionado igual de bien en uno o en otro poemario.  Incluso hay un poema bisagra, “Recortes de vida”, que está en ambos libros. Cuando uno tiene la fortuna de estar cerca del autor y conocer de primera mano su caldero literario, entendemos que toda su obra entraña una gran coherencia interna.

Podemos decir que el pasaporte poético de Joaquín Juan está hecho de celuloide. Su amor por el séptimo arte, trasladado a su poética, es uno de los rasgos principales de su obra.  No es difícil adivinar que el cine ha constituido para Joaquín, desde su infancia, una suerte de educación sentimental. Los edificios donde antaño estuvieron los cines y que hoy han cambiado su función,  son como una necrópolis de los sueños de nuestra infancia, y en la edad adulta las películas continúan tributando  su parte de misterio. Por otra parte, Joaquín se siente fuertemente atraído por el tema del fracaso y la derrota. No podía ser de otra forma, en el cine, en la literatura y en la historia, el tema de la derrota resulta más sugestivo y fascinante para un poeta que los fastos de la victoria y del éxito personal. A mí me pasa lo mismo. No hay acaso en la derrota del capitán Scott en su carrera por llegar al Polo Sur algo sublime que no encontramos en la victoria de Amudsen; no nos conmueve hasta las entrañas el proceso autodestructivo de Fitzgerald y el destino trágico de su alter ego Gatsby, capaz de todo por recuperar un amor de juventud, comprendiendo quizás demasiado tarde que el pasado no vuelve impunemente. Y qué decir del descenso a los infiernos de Céline, Malcolm Lowry o Klaus Mann.   Sin olvidar, por supuesto a ese gran perdedor universal que es Alonso Quijano. 

En “Anfitriones ...” abundan los poemas dedicados a películas de cine. Algunas veces es más difícil reconocer su correlato fílmico y otras menos, pero siempre con su galería de personajes fascinantes.  Por ellos volvemos a visionar “La princesa y el guerrero”, “La versión Browning”, “Resident Evil”, “Belle de jour”/”Belle toujours”, “El fin del romance”, “Darkman”, “Stardust Memories”, “En la ciudad blanca”, “Una mente maravillosa” o “Nostalgia”. El cine y la poesía son, en Joaquín, experiencias complementarias. Pero en el poema, las películas no funcionan como ornamento o argumento, más bien son el punto de partida que pone en marcha el poema, resuelto como argumentación lírica de aquel. A manera de curiosidad y por ahondar en esa coherencia a la que antes hacía referencia, el poema “La caja china” aparece por primera vez en “La tristeza de los sabios” dedicado a la buñuelesca “Belle de jour”. En “Anfitriones…” vuelve con un poema del mismo nombre (con la indicación Reloaded) dedicado a la película “Belle toujours” en la que el cineasta Manoel de Oliveira recupera a los personajes de la película de Buñuel. Joaquín Juan también recupera entonces  su poema y lo continúa. Sin salir de la temática cinéfila,  “Cine Robledo” es un hermoso homenaje al cine y a los cines al tiempo que narra una triste historia de amor postergado. El antiguo novio que vuelve ha envejecido mientras los héroes del celuloide conservan intacta la raya del pelo y no es reconocido por la paciente Catalina. También relata en algunos poemas algunos episodios históricos como la rebelión de los cipayos en “El viento del diablo” o “Cena fría” en el que Churchill acude a un desierto Palacio de Buckingham para hablar con Jorge VI sobre cómo pararle los pies a Hitler mientras la Lutwaffe ensombrece los cielos de Londres. Otro poema de carácter histórico es “Casa Ipatiev (1977)” en alusión al lugar donde fueron ejecutados los Romanov y que en el año 1977 es derribada por Boris Yeltsin, muchos años antes de ser presidente de la Federación Rusa. También hay espacio para las pequeñas derrotas personales como en “Cuando perdí el Adonais” y lugar para la evocación en “Un día llamado Ángel”,  “Siempre Lisboa” y “Madrid periferia” en el que hallo cierto parentesco con “Bienvenida” de “Hiberna...” En el de ahora vuelve a interrogarse sobre las incógnitas familiares que deparará el futuro. Si en “Bienvenida” se preguntaba el poeta: “¿Cuándo desmontaré la cuna? / ¿Volveremos a usar el moisés?”, en “Madrid periferia”  se cuestiona: “¿Volveremos aquí algún día?/ ¿Cuándo? ¿Quiénes? ¿Cuántos?”. En “Un diario de odio” la experiencia  se aúna otra vez con el cine, culminando en un excelente ejemplo de ubi sunt. Por último, mencionar el poema “Título de este libro”,  compañero de “Rivalis, rivale” de “Hiberna…” que funciona a modo de poética de la derrota junto al brevísimo pero formidable “Visión de futuro”.

Para terminar, sólo decir que esperamos con impaciencia el inédito “Todas las batallas perdidas” que, a juzgar por este excelente adelanto; debe ser, como dice Garci de ciertas joyas del cine, de reclinatorio. 






*Lee el magnífico artículo sobre Kavafis 
de Juan Lozano pinchando aquí.



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