viernes, 8 de enero de 2016

HOY FIRMA: ISMAEL CABEZAS. "HUELLAS EN LA PIEL Y JAIME GIL DE BIEDMA"


HUELLAS EN LA PIEL 
JAIME GIL DE BIEDMA


Tatuarse unas cuantas palabras en la piel, unas palabras que formen un verso. Pero no unas palabras cualquiera, ni un verso que simplemente contenga algo de belleza, sino aquel que nos defina, aquel que al unirse la tinta a nuestra piel, sea nuestra más íntima esencia, un recoveco más de nuestra alma. Porque a la poesía pertenece una clase de sabiduría antigua, que no encontramos en ninguna otra arte, esa sabiduría de los que han vivido mucho y han decidido contárnoslo. Nos lo dicen en tono de confidencia, como decimos a nuestra nueva amante el más oscuro de nuestros secretos, o contamos nuestros verdaderos miedos, cuando hemos bebido demasiado y ya han encendido las luces del bar y todos se alejan, quizás para siempre.


Tatuarse para recordar aquellas noches en Granada, allá por el año 1992, cuando leíamos a Ángel González y a Gil de Biedma en aquellas viejas ediciones de Alianza, cuando todo estaba aún por decir, libros hoy de hojas amarillentas como nuestras esperanzas. Noches en las que inaugurabamos la vida, como todos los jóvenes, porque poseíamos el don de la juventud, y conocíamos el día que nos esperaba y no precisamente por el placer. Cuando soñamos ser poetas y con la gloria de la poesía, sueño que se tornó en la más burda de las derrotas, en el más sucio de los fracasos. Y tan sólo nos restó seguir viviendo, sin esperanza, pero con convencimiento. Porque en la vida todo es perder, y entendemos, -tarde, pero comprendemos-, que todo consiste en escribir un mal poema en tono de elegía.

Pero como refugio del espanto que es vivir nos queda la poesía, la gran poesía, la que se escribe con mayúsculas, aquella que se dice con las copas vacías, los ceniceros sucios y agotado ya el tema de la vida. La que nos dice que nunca volveremos a ser jóvenes y que lloraremos con la frente derramada sobre los ansiados muslos que codiciamos, pero que ya nunca tendremos. La poesía como lugar de encuentro, para que nos entiendan y nos entendamos, la poesía como única sutura para las cicatrices más hondas y sucias del alma, aquellas de las que nunca hablamos, excepto cuando escribimos un poema.



Tatuarse unas palabras, un verso sobre la piel, para que se vaya ajando junto a la decadencia de nuestro cuerpo, para observar cómo se arruga ante el inclemente paso del tiempo que nada perdona, tatuarse un verso, uno de Jaime Gil de Biedma: De la vida me acuerdo, pero dónde está.



Ismael Cabezas




Ismael Cabezas (La Línea de la Concepción, Cádiz, 1969)

Graduado Social por la Universidad de Granada. Ha publicado los siguientes libros de poemas: La herencia bastarda de los días (1999), Breve tratado de melancolía (2001), Premio “Arte Joven de Poesía  2001” Ayuntamiento de Madrid, En mitad de ninguna parte (2002) ,accésit al Premio “Arte Joven Creación literaria 2002” Ayuntamiento de Madrid, El otoño del solitario (2003),  Paisaje para un ciego (2008), seleccionado para el Premio Andalucía de la Crítica de 2009, Pisadas en la nieve sucia (2014) y Sutura (2015)
Ha publicado poemas en diversas revistas como Karavanazine y El coloquio de los perros. Su obra aparece en diversas antologías como Conclave de náufragos (2000), publicada por la Universidad de Cádiz. Es miembro del Instituto de Estudios Campogibraltareños en su sección de literatura.


No hay comentarios: