lunes, 18 de enero de 2016

Mari Cruz Gallego nos habla de EN LA TIERRA DE NOD de Pedro Gomila Martorell




En la tierra de Nod

Pedro Gomila Martorell


La Lucerna, 2015





En la tierra de Nod es el tercer libro de poesía publicado por el poeta Pedro Juan Gomila Martorell (Mallorca, 1967). Este poemario, publicado en septiembre de 2015, es la segunda parte de la tetralogía Eidolon, cuya primera entrega, Arcadia desolada,  apareció en 2013. Eidolon, para los antiguos griegos, significaba “espectro”, “copia o fantasma de un ser humano”, el autor usa esta referencia para desarrollar un mundo poético que canta el descubrimiento, doloroso y satisfactorio a la vez, de su propia homosexualidad, la transfiguración del fantasma en el ser auténtico.

Además de escritor, Martorell es traductor de lenguas clásicas y de catalán, formación humanística que está muy presente en su obra. El propio título del libro ya nos sumerge en un mundo de referentes clásicos que dan pie a la idea central del mismo: el sentimiento de expulsión y rechazo, tal y como se sintió Caín al ser desterrado a la tierra de Nod tras la muerte de su hermano, una tierra estéril, nos dice el Génesis, en la que el protagonista vagará sin recoger frutos jamás. A partir de esta imagen bíblica, el autor configura cada uno de sus poemas como un universo mitológico particular que nos muestra un mundo en el que se desarrolla una eterna lucha de contrarios: la moral cristiana y la pagana, la madre y el hijo, lo establecido y lo reaccionario, la heterosexualidad y la homosexualidad. Como en un continuo realidad y deseo cernudiano, el poeta declara el sufrimiento de un proceso de descubrimiento y ocultación que sólo puede tener sentido acudiendo a episodios clásicos pues se trata de una lucha tan antigua como la existencia misma. 

El poema que abre el libro ya nos pone de manifiesto el hilo que vertebra todo su devenir posterior: la madre, la cuidadora ancestral de la infancia, que acaba transformada en la castradora que huye del hijo “sin reconocer mi voz, ni el rostro, ni mi tacto”.  Esta lucha de contrarios culmina, en el último de los poemas, con la victoria final de la carne sobre la moralidad (“¡Apostato definitivamente!”, gritará en uno de sus versos),  con el descubrimiento de la plenitud en comunión con el otro de su mismo sexo: “Mas, yo, ardiendo / compruebo que estoy vivo por primera vez./ Y el bosque y los ríos, la brisa y la llama, / se me revelan testigos de la maravilla / de mi carne redimida por tu Carne.”

Martorell crea un poemario  estilísticamente alejado de la sencillez lingüística y la pobreza cultural a la que nos han llevado los excesos de la poesía de la experiencia. Sus poemas son herméticos, complejos, plagados de referencias mitológicas y bíblicas que ponen a juego el bagaje formativo de cada lector y lo retan a no dejarse vencer por las dificultades de comprensión. Quizá sea este punto el más complejo a la hora de valorar el poemario, pues, si bien es cierto que la lectura a veces resulta abrumadora y el lector puede desear algo  más de sencillez, no en el sentido de simplicidad, sino de intimismo desprovisto de toda referencia, también es cierto que el uso de episodios e imágenes clásicos no aparece como mera superficialidad denuda de todo significado, sino como un lenguaje propio que conecta el mundo interior del poeta con el universo ancestral de nuestra cultura.


Mari Cruz Gallego


*Para leer la entrevista en LGC a Pedro Gomila, 
pincha el siguiente enlace.


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