jueves, 11 de febrero de 2016

SISTEMAS INESTABLES de RUBÉN MARTÍN (por Elisa Alaya)






SISTEMAS INESTABLES

RUBÉN MARTÍN 

BARTLEBY EDITORES, 2015







Rubén Martín nació en Granada en 1980. Entre sus publicaciones destacan los poemarios Radiografía del temblor (Premio Andalucía Joven 2007) y Locos de altar (2011), que contó con la participación de Begoña Callejón y Leopoldo María Panero. Su último libro, Sistemas inestables, ha sido publicado por Bartleby Editores en 2015.

Sistemas inestables agrupa cinco secciones en forma de versos intercalados con prosa, dípticos o trípticos conceptuales que trasladan al lector a un mundo estético rico en imágenes y sensaciones a un tiempo cercanas e inabarcables. En “Contemplación/En blanco/El retroceso” el lector siente una suerte de parálisis en blanco, un recorrido poético delante de una pared inamovible y blanca dentro de un cuerpo que despierta tras haber sido anestesiado: “Tabula rasa. ¿Cuánto tiempo llevo aquí? […] he vivido lo sagrado al volver de la anestesia. Tuve una pared frente a mí, y ahora tengo otra”. La materialización del blanco frente a la parálisis del cuerpo mantiene el temblor entre el mundo de lo visible y lo invisible, convierte al yo reflejado en el espejo en el yo que se aleja dentro de él perdiéndose en un infinito aún más blanco y vacío; una suerte de abismo sagrado, una deformación de la monotonía contemplativa en constante retroceso (in) y constante fuga (ex): “El giro, la reflexión […] lo interior, lo exterior/lo excluido, lo incluido/y dentro el mundo que implosiona […] el sacrilegio de insistir/lo intraordinario”. El sonido se filtra en esta respiración entrecortada, se escuchan las imágenes, pensamientos blancos.

La segunda aproximación, “No mirar/borradores para un poema en reacción a Anticorps, de Antoine D’Ágata”, vuelve a situar al lector frente a una superficie. Pero esta vez se hace tejido, va desapareciendo, va migrando, como el corazón que la contempla y se apaga. Igualmente, los poemas se deshilachan y pierden el hilo que los va tejiendo mediante tachones constantes. Lo tachado es tan importante como lo que no lo está. La conclusión viene resumida en la cita que cierra esta parte y abre la siguiente: “Tanto en la historia como en la naturaleza, la podredumbre es el laboratorio de la vida” (Karl Marx). Pero volvamos al inicio, a cualquiera de ellos, porque esta segunda parte es una lluvia constante de imágenes vitales y destructivas: “Temblor de los edificios abandonados, perdidos, beyond repair”, “Lugares demacrados, lugares donde el ojo no puede entrar, salir, indemne”, “El agujero […] es el fin de la materia: no su ausencia, pues solo vemos el borde, momento de torsión”, “Más allá de los sistemas mentales […] un solipsismo del cuerpo, su resistencia elástica”, “Arrancar la belleza, a mordiscos de luz, en colores sustractivos”, “Hay una rebelión aquí, hay un realismo otro”. Idas y venidas por un tejido confuso, roto, laboratorio de vida enferma. Podredumbre hecha jirones.

“Microfisuras/Sedimentos” es el título de la tercera parte. Si la primera parte transcurría en paralelo a una pared blanca y la segunda frente a un tejido que se descompone, en esta se exploran los agujeros, lo sagrado: aquí se respira a Rothko y sus Seagram Murals: “Si respira te drena los pulmones, en rojo, desde dentro […] sacrificio”. También a  Anselm Kiefer (Sternenfall), Kaija Saariaho (Miranda’s lament), Olivier Messaiaen (Quatuor pour la fin du temps), Paul Klee (Der Goldfisch), Dead Can Dance (Spleen and Ideal), Manuel Millares (Homúnculo), Kokichi Umezaki (Requiem), de nuevo Antoine d’Ágata y Anticorps, Cy Twombly (Wilder shores of love), Merzbow (Music for Bondage Performance) y Diamanda Galás (This is the Law of the Plage). Todo un retablo con banda sonora.

En la cuarta parte, “Fármaco/Un tríptico”, el lector encuentra, quizá, la prosa más poderosa del libro: “la objetividad fría e inevitable del diagnóstico; el temor a la enfermedad y la muerte extendido a todo el cuerpo social; el sufrimiento como mal necesario (pre y postoperatorio); la extirpación de los elementos necrosados o infectos; el investimento con la pureza moral del cirujano y su poder demiúrgico, taumatúrgico. Traumatúrgico”, “Mira por primera vez estas paredes porque será la última”, “estamos en el centro de un espacio en que no estamos, en que no arraigamos […] la función de las paredes era hacerse necesarias, tengo frío por las noches desde que voló el tejado”, “y encontrar ahí las ropas l los vestidos l donde hubo mujeres, hombres, niños l vacíos”. Todo un torrente, un verdadero sistema inestable, luminoso y oscuro que recuerda al estilo de autores como William Burroughs: cirujía, fármacos y una máquina blanda que emite enfermedad: “el cuerpo no es sino l esa certidumbre hecha astillas, y sin embargo – respira, sigue respirando, aún respira l”.

Finalmente, “No existen mapas/Fragmentos de un cortocircuito/Panorámica” aborda una mirada a una realidad hostil y confusa. De nuevo, sorprende la acumulación de imágenes y, ahora, el intento de cambiarlas por otras mediante la creación también de otra realidad, como la que se viene dando en todos los sistemas inestables anteriores: “¿y si un poema/pudiera deformar la realidad, filtrarse por los poros, sustituirla lentamente, como en ósmosis?”. Ahora la pared que fija la inmovilidad se convierte en máquina y las imágenes aparecen multiplicadas y mezcladas en un tejido lleno de filtraciones prácticamente apocalípticas. Todo es aparición y fuga, la inestabilidad de no poder llegar a un fondo, a una certeza. El poemario se cierra con una sentencia contundente: “Creo en la especie humana como quien falla en el diagnóstico de un virus”. Cualquier reflexión se nos escapa y solo queda el remanente: la sensación, la imagen, la música, la biología del propio virus.


Como diagnóstico personal, recomendaría la lectura de estos Sistemas inestables a quien quiera adentrase en el álbum íntegro de imágenes y sensaciones que se ha intentado trasladar al posible lector en esta reseña. Solamente así se pueden experimentar la sacudida y la reunión de sensaciones imposibles de reproducir sin acercarse al libro como un todo. 






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