miércoles, 3 de febrero de 2016

UN POEMA DE DAVID PUJANTE EN ITALIANO



Hoy queremos compartir con vosotros un poema de DAVID PUJANTE, uno de nuestros autores del Número DOS (La Minoría Virgiliana), traducido al italiano por Francesco Dalessandro

En otras ocasiones sus poemas traducidos han aparecido en La Galla Ciencia (en concreto, dos poemas de La propia vida), además de haber colaborado con varios artículos. Ahora os dejamos el poema CALÍMACO de La Isla (Pre-Textos, 2002) en su traducción al italiano.



CALÍMACO


Vuelve a escaparse el viejo poeta cada noche;
después de haber leído algunos de los libros que le mandan
jóvenes, que imagina
hermosos además de inteligentes;
y, quizás con el tiempo, alguno de ellos sea
incluso un buen poeta.
Que también la poesía a veces es cuestión de voluntad.

¡Le hace tanto bien la noche!
No se ve en los espejo ni encuentra a los amigos,
desmoronados, llenos de plagas y quejas.
Se oculta en un rincón de cualquier bar de encuentros y chaperos,
y elige, por el precio que el mercado propone cada noche,
mala bisutería que el deseo
le hace asimilar a aquellas muchedumbres divinas que alegraran
las noches de Corinto, de Florencia, de Londres,
de Lisboa o Berlín, cuando él mismo era joven,
y en tantas otras vidas que ha leído en los libros.

Hoy aún no ha encontrado a nadie que le guste y que le quiera
ofrecer sus favores a cambio de unos miles.
Se atalaya en la zona de más oscuridad
y pide una cerveza.
Enfrente está sentado un marroquí.
Piel sabia, manos grandes, la camisa entreabierta.
Ni un pelillo en el pecho; ¡cómo le gusta! Pero lo descarta.
Es chico conflictivo: anda siempre metido
en asuntos de drogas, y en peleas.
Se dice que sus manos generosas
lo han sido en ocasiones con la muerte.

Vuelve el viejo poeta a echar una ojeada
por el local. Ningún otro le gusta.
Y el morito comienza a insinuarse,
a buscarle los ojos al notar su interés.
Entre el uno y el otro, el silencio y la duda construyen un abismo
en fracción de segundos.
Llama entonces el viejo al camarero
y le da una orden.
                                  Ante el joven,
espumeante, fresca y decidida, se muestra otra cerveza.
Alza el chico los ojos, negros como el silencio,
fríos como el destino; y brinda con sus generosas manos,
en el aire enrarecido, por una oscura nupcia.

Cuando cruzan la puerta,
se levanta un murmullo
entre los habitantes del peligro y la noche;
del brazo del muchacho, ya en la calle,
por un instante piensa el anciano poeta
en su último libro,
que acaba de salir con honores de crítica y premios importantes.
No teme; nada teme. Al contrario, confía.
No existirá la muerte.



*Pincha aquí para leer la traducción 
de Francesco Dalessandro.



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