lunes, 14 de marzo de 2016

DELIRIUM TREMENS de KATY PARRA (por Charo Guarino)






Delirium Tremens








Inaugura la colección de Poesía “Malanoche”, de la editorial Raspabook, la poeta murciana Katy Parra, colocando muy alto el listón de una colección que promete deleitarnos a juzgar por los avances que de los nombres de sus futuros componentes se ha hecho.
Damos la enhorabuena a Raspabook tanto por su selecta elección de autores como por la idea que alienta la citada serie -que reúne en volumen de lujo lo más granado de su producción, con vocación antológica-, y desde luego a la escritora. Prestigiosos premios, de los que da cuenta en el prólogo la poeta Pilar Verdú, y varios títulos de poemarios y antologías que preceden a este Delirium tremens (Síntomas de olvido, 2000; Espejos para huir hacia otra orilla, 2004; Coma idílico, 2008; Carteles de trastienda, 2009; Por si los pájaros, 2008; La manzana o la vida, 2013) en el que también tienen cabida un ramillete de veintitrés poemas inéditos, avalan una trayectoria literaria brillante, que ha coincidido con casi dos décadas de coordinación de talleres literarios.
Comprometida con la vida y con los más indefensos, los animales ocupan para ella un lugar de honor, donde los gatos son los dueños y señores, pero también tienen un marcado protagonismo los pájaros -preciosa metáfora de fragilidad y a un tiempo libertad y liberación de convenciones-, que aparecen con profusión en sus versos. Buena muestra de esta faceta es su participación en la Antología, también publicada por raspabook, Animales entre animales.
Poeta leída, que ha bebido, comme il faut, en y de los grandes poetas (la amplísima dedicatoria de su Delirium tremens es sólo una muestra explícita de lo que implícitamente es evidente), agradecida a sus fuentes inspiradoras, no duda en citar tanto a contemporáneos como a poetas consagrados por la tradición que forman parte ya de ese universo intangible en el que la palabra se enseñorea y reina.
Foto: Mª José Valenzuela
Arropan a su Delirium tremens a manera de introducción las palabras de poetas como Antonio Praena, o Raquel Lanseros, y el brillante prólogo de Pilar Verdú.
La poesía ama a Katy Parra. La busca y la ronda, y ella se deja querer y la atrapa al descuido, en un juego de elegante seducción del que participa el lector, conquistado por ambas.
Sus títulos nos hablan, como si fueran una declaración de principios (que es, por cierto, el título de uno de sus poemas), de ese estilo claro y sincero y al mismo tiempo marcadamente irónico que la caracteriza (“Clasificados”, “Testamento Intimísimo”,...). Los latinajos –confieso mi debilidad por ellos- son certeros y muy elocuentes: delirium tremens, vita socia tua est y le imprimen una pátina singular.
Insiste la poeta en la necesidad de trabajar la palabra, en la labor limae, en la idea de sacrificio y entrega, y denota cierto desdén por las Musas, que bajo mi punto de vista no la visitan porque la habitan. En su avant-propos dice así: “Es muy difícil escribir poesía sin un cierto grado de delirio, de entrega y sacrificio. No creo en exceso en las musas “milagreras” que de un plumazo te sirven en bandeja el poema perfecto. Creo en las ideas, en la búsqueda, en la entrega...”
Su poema “Noche de corderos”, en el que toma el testigo a Goytisolo y le replica, nos hace testigos de esa actividad poética laboriosa y a un tiempo imprescindible, y su verso “contra un papel helado” es una poderosa metáfora cargada con todo el peso que conlleva el oficio del poeta, que recrea en muchos de sus poemas  (así en “Lámpara de invierno”).
Escribo porque soy insuficiente, confiesa, y con esta declaración nos deja admirando la forma en que nos toca el alma con su poesía, profundamente evocadora.
Es la poesía de Katy rotunda (sobre todo en sus finales, inesperados y sorpresivos, que llegan a crear adicción), como en “Himno para un tonto”, el poema que abre el poemario y que recuerda al “Autotango del cantautor” de Aute. Es una poesía para la reflexión, a lo que coadyuva ese recurso tan aristofánico del “aprosdóketon”:
           
Para esta sabandija que repite mi nombre
                cada vez que preguntan, cómo se llama usted;
para este esquizofrénico
que se pone mi ropa y mis escrúpulos,
me hace un corte de mangas e interroga
cada vez que me encuentra en el espejo,
voy a escribir, y esta vez sin lindezas,
los versos que jamás le dispensé...

Este recurso lo encontramos también en los títulos de sus poemas, que sorprenden, como es el caso de “Con premeditación y mariposas”, o “Por cuestión de fe se recomienda no morir de repente”, por poner un par de ejemplos representativos, si bien está omnipresente, como su sutil ironía, que lo impregna todo como un suave perfume. Quiero resaltar su poema “Agradecimientos”, en el que son cabras, gatos y pájaros los destinatarios.

Directa, cruda, sin artificios ni aspavientos, sin adornos superfluos (“sin florituras”, dice ella misma en sus palabras preliminares), de una claridad transparente y cristalina. Su poemas aparecen desnudos, casi descuartizados, si se me permite el atrevimiento del símil, y al mismo tiempo repletos de matices y sugerencias que surgen de su palabra atinada, de un vocabulario rico en su aparente sencillez, sin pretensiones, que trasluce saber y dominio de la forma y el fondo, que en uso de una libertad absoluta desdeña y hasta ignora, siempre conscientemente.
En cuanto a temática, la poesía de Katy es, al menos para mí, difícilmente clasificable por lo variada, aunque siempre conserva como hilo irrompible su estilo tan personal y característico, en el que predomina el arte de hacer sublime lo más banal, y de imprimir  a lo ordinario y común elegancia y un profundo lirismo sin afectación.
Dibujo de Katy Parra (por María Simó)
Destaca por su protagonismo relevante el tema de la cotidianeidad (como puede muy bien percibirse en su “Carta abierta a los poetas”), y brilla con luz propia su reivindicación de la libertad, del amor y el desamor, de la defensa del más débil, que nacen de su compromiso con la vida al que anteriormente aludía, y de su enfrentar la muerte y la cruda realidad con valentía y arrojo.
La desilusión y el engaño se hacen presentes, en forma a menudo de velada premonición, pero sin inquina, como en “Prudencia elemental”, poema en el que la cobardía adopta forma humana, como en otros casos lo hace la estupidez:

Alguna vez, quizá, en alguna parte
alguien te compre flores,
te quite la corbata, te ame de verdad
y entonces llegará com una daga
el sueño que no has sido,
pero no abrirás nunca las puertas de tu armario,
preferirás soñar como un cobarde,
seguir con tu mujer,
pintando de silencio tus mentiras.
Katy Parra denuncia sin ambages todo aquello que considera denunciable, encontrando en la sinceridad la liberación: decirle al vecino que es imbécil (así en “Pacto de cordura”), o constatando tanta estupidez que me persigue en “Confesiones de un gorrión”.
         
   En este devenir inoportuno
                donde las horas se posan como buitres,
                queda tan sólo un hombre
                mendigando el oxígeno
                a tanta estupidez que me persigue,
condenando estos versos al fracaso...

Es llamativa la recurrencia en el vocabulario de palabras como volar, plumas ligeras o alas (“Desde el tejado”, “A un ángel caído”), en las que es evidente la referencia a esa libertad que se anhela y a la que se aspira. Uno de sus libros responde precisamente al título de Por si los pájaros, e incluye los poemas “Pájaros de barro” y “Tiempo de pájaros”, al cual pertenecen estos versos:
Las orillas del cielo
despliegan en el alma
un concierto a dos voces
y los oyes venir:
pájaros y más pájaros
sobrevuelan a un tiempo
las flores y la nieve.

Con frecuencia aborda temas propios de la poesía social sin dejar de ser profundamente intimista. Toca fondo y sube, pero también nos eleva y nos deja caer sin contemplaciones (como en “Pabellón general psiquiátrico”):

Hoy sólo quiero hablar
el idioma de los pájaros
asirme a la voz de sus orígenes
y recorrer los pasillos deformes
desde el acceso principal
hasta el Pabellón General Psiquiátrico...
...tal vez no venga nadie.
Los psicóticos cumplen con rigor su tarea.
Las entradas de urgencias se cierran a las cinco.

En la confluencia entre la valentía y las alas aludidas está la magnífica “Carta abierta a los poetas”, poema inédito hasta el momento, que nos muestra sus gustos estéticos sugiriendo deponer versos almibarados y a poner los pies en la tierra:
            “...aterricen, poetas, aterricen, y quítense esas alas de gavilán en celo, que la noche es muy puta y ustedes (nosotros) sólo somos aviones de papel.”
El amor y el erotismo son enfocados con sinceridad y elegancia. “Declaración de principios” y “María”, que ocupan aproximadamente el centro del poemario son buen ejemplo de ello. Quiero destacar especialmente por su delicadeza sublime el segundo de ellos, que nos sumerge sin darnos cuenta en una especie de ensoñación lírica en la que nos identificamos completamente con lo relatado.
...La soñé tantas noches
que acabé por creer
que mi vida era un sueño.
Su poema “Orgasmo” es una magistral evocación poética de una sensación que va mucho más allá de lo puramente físico y que sabe reflejar, después del clímax, el estado de beatitud que lo sucede. Entresaco de él estos versos y les invito a su lectura pausada:
            El tiempo abre un paréntesis
contra la eternidad...
...Irremediablemente,
te cruzas con los ángeles, sonríes...
Entre sus versos encontramos recuerdos teñidos de nostalgia, pero sin concesiones ni a la lamentación ni a la culpa: Arrojo la tristeza que jamás me sirvió, dice de forma rotunda, mientras constata sin dramatismos realidades tristes (v. gr. en “La antítesis del viento”, “Siempre lejos”, “Ahora que no estás”, “Inventario”...). Entresaco estos tres de “Parador Nacional” que a mí personalmente me conmueven:
Si supieras, amor,
cómo te echo de menos.
No sé lo que me escribo.
Hay una aceptación de la realidad despojada de lamentos estériles, abrigada por la poesía y la palabra, que sin embargo no es suficiente, en su grandeza, para superarla, como en “Pacto de cordura”:
...subir al tejado con algún viejo libro de poemas
por si se nos ocurre escribir tonterías...
La poesía no es redentora, pero sí necesaria. Imprescindible, aunque paradójicamente pueda ser también incluso inútil, como ella misma dice:
todo será inútil, incluso este poema
La soledad es otro de sus temas recurrentes, así como la amargura contenida, la introspección, que lleva al aprendizaje vital (“Desde el tejado”), o el olvido, a menudo ligado metafóricamente al frío, el invierno, la lluvia o la nieve. El último verso de “Amigas” dice así a la propuesta de ser “sólo amigas”:
            ¿Pero con qué puñal me arrancarás el frío?
Katy Parra sabe hacer poesía de la cruda realidad, como muy bien se puede advertir en el último de sus poemas, broche del libro, dedicado a Mikel, en el que dice así:
Es el mundo, hijo mío...
un gran estercolero que a veces se me antoja
hermoso de algún modo.
En “Vita socia tua est” se aventura a dar una pequeña receta para alcanzar la felicidad en la que de nuevo nos ofrece una visión realista de la vida y su necesidad de lo material, pero en la que el amor resulta esencial:
Si no eres feliz,
será porque no sabes encajar la derrota,
malvivir con tu nómina,
elegir a quién amas.
Y, cómo no, también la palabra y la propia poesía es objeto de su análisis poético, que da lugar a una Metapoética con letras mayúsculas, como evidencia el caso del poema “La Palabra”, de transparente título, o del genial “En legítima defensa”, en el que se declara secuestrada y manipulada por la palabra, que “unamunianamente” se apropia de la autora y de su voluntad y libre albedrío. Abundan por doquier los términos que hacen referencia a la poesía: poema, versos, palabra... Así, por poner un ejemplo de los muchos que podríamos, valgan estos versos de “En blanco y negro”:
Un cuaderno amarillo
con cien versos tachados
fue el único testigo de su historia

En la misma línea es especialmente brillante el poema “Hipótesis de todo lo improbable”, con su final sorprendente:
sería otro tarado el que firmara
la historia insustancial de este poema
o “Epanadiplosis afectiva”, que sólo en el título evoca la referencia al recurso estilístico, mera metáfora aquí, pero en cualquier caso reveladora de sus inquietudes metaliterarias, que se funden con las vitales, en las que el amor y el desamor actúan como epicentro:
No sé si vengo o voy hacia tus labios,
tus besos son idénticos
los unos a los otros.
¿viaja en este tiovivo algún psiquiatra?
De nuevo innovadora sin dejar al mismo tiempo de seguir una tradición que nace en la antigua Grecia, la de combinar la palabra con la música, ésta hace también acto de presencia a lo largo del poemario como una banda sonora que le proporciona calidez de fondo. Aunque son muchos los ejemplos, valga el de las sonatas de Mozart en el ya mencionado poema “Lámpara de invierno”:
            No podrás evitar pensar en mí
                cuando acudan tan tristes
las sonatas de Mozart a tu oído...

Podría continuar glosando y comentando ad infinitum los versos de Katy Parra y sus interminables referencias y evocaciones, pero creo que es mejor dejar que sea el lector quien se adentre en su poesía como lo haría un neófito en un bosque sagrado, y sirvan en todo caso mis palabras –si algún valor tuvieren- como humilde preámbulo de la travesía que auguro propedéutica y, sobre todo, gozosa y cautivadora.
Acabo ya con los últimos versos de “Visita preliminar”
¿Qué haremos esta tarde
con tanta primavera?


Katy vive y respira la palabra, y la vida se le hace poesía. Nada más y nada menos. Yo de ustedes correría urgentemente a leerla sin perder un instante, ahora que la primavera apunta y en cualquier momento, porque es una poesía atemporal, como lo es la de los Grandes Poetas, entre los cuales su nombre ocupa ya un lugar de honor indiscutible. Les recomiendo empezar por “Credo urgente”.



*Para leer la entrevista de Katy Parra en LGC, 
*Para oír a Katy recitar, sigue este enlace.



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