jueves, 17 de marzo de 2016

DENDROPHILIA de CARMEN JUAN (por Sara J. Trigueros)






DENDROPHILIA

CARMEN JUAN

Ed. ad minimum, 2016










Carmen Juan tenía algo dentro del pecho gestándose, ahuyentando sus pájaros, convirtiéndose de pesadilla en arte y tiñendo el papel de un negro petróleo que ha dado lugar a un Dendrophilia que tiene la suerte de ser el quinto volumen de la —pequeña en formato y grande en espíritu— editorial ad minimum.



Con este cuadernillo, ad minimum y Carmen Juan tienen ante sí un reto doble y recíproco. La microeditorial murciana, el de cumplir con las expectativas de un público que guarda y cuida los cuadernos como el pequeño tesoro que son. La poeta, hacer justicia a este amarillo nada baladí con el que, como Cristina Morano da a entender en el prólogo, entra en su particular edad adulta poética proyectando un discurso que no empaña los elogios que recibió hace dos años por parte de colegas y críticos.

Después de haber recibido Beatriz la versión definitiva de este Dendrophilia, alguien aconsejó a Carmen —desde el cariño y con acierto— que fuera cauta para sobrevivir al prematuro éxito que un poemario como Amar la herida ponía sobre sus espaldas. La suerte ya estaba echada y ahora Carmen, como Fernández Larrea, a nadie le debe la sobrevida —a nadie, salvo al trabajo que hay detrás de este cuaderno. Hay algo en la estructura de este poema en dos/cuatro movimientos que me lleva a pensar que Carmen ha estado a la altura. Las estrofas están cuidadas con detalle y sirven de marco para dos sueños que tienen como punto de intersección la asimilación de la angustia. La asimilación de una angustia que crece y se asienta en el sujeto poético. No se supera, pero se convive con ella, algo así como la niña bicho que aprendía a amar las heridas por las que se asomaba.

Para completar el cuadro Marina Guerrero, desde Cartagena, traduce al lenguaje visual su interpretación, sacando a la luz ese punto de unión entre los dos sueños. Juega con los colores negro, blanco y pájaro para complementar y entrelazarse al texto, como los elementos del poema hacen al aflorar en el último acto.

Creo sinceramente que editora y editada pueden estar satisfechas con el resultado. Ambas han cumplido y ahora queda, del otro lado, que lo convirtamos en experiencia.

Sara J. Trigueros



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