martes, 22 de marzo de 2016

HOY FIRMA: MIGUEL PÉREZ MONTAGUT. "LEER HOY A ARQUÍLOCO"


Siete razones por las que leer hoy a 
(o lo que nos queda de) Arquíloco


Es cosa sabida que, cada vez que un comienza un nuevo año, los medios de comunicación comienzan a hacer inventario de las efemérides literarias que cabrá celebrar durante los siguientes meses. A las consabidas celebraciones por el cuarto centenario de la muerte de Shakespeare o Cervantes se suman otros nombres ilustres como los de Ramon Llull, Ruben Darío y un largo etcétera.

Pero, puestos a celebrar, podríamos remontarnos (mucho) más allá y desempolvar la memoria de un poeta sepultado en la historia de la literatura occidental, y al cual ésta le debe más de lo que cabría imaginar. Y digo "podríamos" porque, a decir verdad, cuando se trata de reivindicar a autores tan enigmáticos y extremadamente añejos, las dataciones se mueven en el terreno de la elucubración. A grandes rasgos se puede afirmar que se cumplen (aproximadamente) 2.660 años de la muerte de Arquíloco de Paros, poeta nacido en la isla griega de Paros cuando el siglo VIII a. C. agonizaba. Es decir, debemos situarlo en el tiempo incluso antes que a Safo, que se dice pronto, y antes incluso que cualquiera de los nueve autores (la propia Safo, Alceo, Alcmán, Estesícoro, Anacreonte, Íbico, Simónides, Píndaro y Baquílides) incluidos en la lista canonica de poetas líricos.

Comparte con la autora de Lesbos la mala fortuna que corrieron sus escritos —conservándose únicamente un puñado de fragmentos dispersos— pero, a diferencia de ésta, no fue incluido en tan ilustre lista. Sin embargo, no faltan motivos para que merezca ser honrado o, al menos, leído con curiosidad. Afirmaba Gerardo Losada que su mayor mérito consistía en haber sido "el inventor de formas literarias nuevas: elevó a categoría literaria el épodo, dio profundidad y madurez a la elegía y creó la invectiva yámbica". Y, siendo cierto todo ello, Arquíloco parece haber sido bastante maltratado por la historia. Ello se debería —afirma Losada— a su carácter polémico y a sus habilidades difamatorias.

Píndaro (Píticas 2,54) acuñó el término psogerós (regañador) para describirlo, y esta fama de crítico zafado alimentó un prestigio sólido entre los comediógrafos y satíricos pero provocó las reservas de la gente seria, que lo consideró inconveniente como lectura en la escuela. Así quedó fuera del canon bizantino, camino obligado de los textos de la antigüedad griega llegados a nosotros.

Pero a pesar de su manifiesta mala fama, se debe destacar su condición de pionero en algunos aspectos que no son menores.

1- Es un poeta popular y, naturalmente, su sarcasmo y su lenguaje obsceno —”pero tengo rotos los músculos del miembro”— son los propios del pueblo llano, lo que le confiere un interés antropológico añadido. Desligado en gran parte de la antigua tradición aristocrática o de autores posteriores como Anacreonte, se debe a él "la elevación a la esfera del arte de formas populares de expresión y sentimiento”, motivo por el cual muchos de sus versos son aún conservados por la tradición oral de los actuales griegos, del mismo modo que sucede en China con Li Po, o en el mundo árabe con Abu Nuwás.

2-  Es un poeta estoico antes incluso del estoicismo. Más modesto en sus aspiraciones que otros autores más o menos contemporáneos (Calino, Tirteo, etc.), defiende el valor de la ecuanimidad y de una actitud serena ante los sinsabores de la existencia —"En las alegrías alégrate y en los pesares gime / Sin excesos. Advierte el vaivén del destino humano". Nada que ver, eso sí, con la rigidez moral de los estoicos posteriores.

3- Es un poeta guerrero. Debido a su origen humilde, su medio de subsistencia no sería otro que la milicia, participando en las campañas militares contra las ciudades rivales, y por ello se consideraba “a la vez, servidor del divino Enialio / y conocedor del amable don de las Musas”. Por lo tanto ni Byron, ni Garcilaso, ni Manrique, y ni tan siquiera Esquilo fueron pioneros en la facilidad tanto para la pluma como para la espada.

4- Es probablemente el primer poeta humorístico. Bastante conocidos son los versos en los que narra con gran desparpajo el modo en el que abandona su escudo para conservar la vida en un combate —"Algún sayo alardea con mi escudo, arma sin tacha, / que tras un matorral abandoné, a pesar mío. / Puse a salvo mi vida ¿Qué me importa el tal escudo?"—, algo castigado con el descrédito o la muerte (conocido es el caso de Esparta) en la mayor parte de las ciudades griegas. Este motivo, por cierto, sería copiado por Horacio  —gran admirador confeso de Arquíloco— siglos después, tras su propia deserción en la batalla de Filipos.

5- Es el primer poeta antiheroico. Es él quien empieza a enterrar los antiguos ideales de la épica, puesto que no lucha por motivos patrióticos ni por antiguas rivalidades respecto a los pueblos de las islas vecinas: lo hace debido a la pobreza de Paros —“Oh conciudadanos míos, escasos en recursos: prestad atención a mis palabras”—, como un mero medio de subsistencia. Por eso afirma que “Ningún ciudadano es venerable ni ilustre / cuando ha muerto. El favor de quien vive preferimos / los vivientes. La peor parte siempre toca al muerto”. No contento con ello, le gustaba alardear de su cinismo durante los banquetes.

6- Es pionero en la expresión poética individual. Es decir, gracias a su ejemplo el poeta deja de ser un mero transmisor de un relato ajeno para reivindicarse a sí mismo como un ser susceptible de historicidad. Como diría Joan Ferraté, la suya es una poesía "en el sentido de la sujeción del hombre a lo cotidiano, del secuestro del mismo dentro de la mutabilidad de los días y sus afanes. La circunstancialidad, por no decir historicidad, de la  vida humana, formulada con precisión ejemplar". Sus composiciones, de hecho, combinan una marcada personalidad con un remarcable elemento social.

7- Es el primer poeta de la tradición realista. Las reflexiones previas o posteriores a la batalla, las charlas simposíacas, las exhortaciones a sus compañeros a la bebida con tal de reunir el valor necesario... La evocación de todas estas situaciones hacen partícipe a Arquíloco, mediante la reivindicación de lo concreto, de la transformación de lo mundano en material literario de primera, y lo convierten en un autor decisivo para la poesía posterior. No hay más que leer sus versos sobre la guerra, alejados de cualquier idealización belicista: “Siete son los muertos, que a la carrera alcanzamos, y los matadores somos mil”.

Por cierto que moriría nuestro poeta, quién sabe si en circunstancias similares, en una de tantas batallas contra sus vecinos naxios. Parafraseando a otro griego algo más cercano como Yorgos Seferis, de Arquíloco podríamos decir:

Nadie lo recuerda.
Justicia.






BIBLIOGRAFÍA

— Brioso, Máximo y González, Francisco José (1997): Las letras griegas bajo el imperio, Zaragoza, Libros Pórtico.
— Cassirer, Ernst (1989). Esencia y efecto del símbolo. México. Fondo de Cultura Económica.
— Duran, Martí (2001): “Los "akrh ágyreon" y la borrachera simpótica en el fragmento 105 West de Arquíloco”, Revista Faventia, nº. 23, fasc. 1, pp. 41-49.
— Ferraté, Joan (2000): Líricos griegos arcaicos, Madrid, El Acantilado.
— García Gual, Carlos, ed., (2006): Antología de la poesía lírica griega, Madrid, Alianza.
— López, Juan Antonio (1991): “Lírica y sociedad en Grecia arcaica: una contribución”, Epos: Revista de Filología, nº 7, pp. 27-46.
Losada, Germán (1997): “Un autor clásico griego: Arquíloco”, en: <http://www.cienciahoy.org.ar/ch/hoy41/auto3.htm>.
— Rodríguez Adrados, Francisco (1976): Orígenes de la lírica griega, Madrid, Biblioteca de la Revista de Occidente.
            — ed., (1980): Lírica griega arcaica: (poemas corales y monódicos, 700-300 a.C.), Madrid, Gredos.
            — ed., (1981): Líricos griegos: elegiacos y yambógrafos arcaicos (siglos VII-V a. C.), Madrid, CSIC.
            — (1996): Sociedad, amor y poesía en la Grecia antigua, Madrid, Alianza Universidad.

— Vernant, Jean-Pierre (2001): El individuo, la muerte y el amor en la Antigua Grecia, Barcelona, Paidós.



Miguel Pérez Montagut (Gandía, 1983) es licenciado en Humanidades y defenderá a finales del presente año su tesis doctoral titulada Vitalismo y poesía en el postfranquismo: un estudio de casos. Ha participado en el libro colectivo El pensar poético de Fernando Pessoa (Manuscritos, 2010), así como en diversos congresos de la geografía española y en algunos medios digitales. Algunos de sus poemas han sido publicados en las revistas Cuadernos del Matemático y .


1 comentario:

Antonio Praena dijo...

Me ha gustado mucho.
A. Praena