martes, 24 de mayo de 2016

ENTREVISTA A ANTONIO COLINAS (por Esther Peñas)


Entrevista al poeta Antonio Colinas


“He unido la poesía a la vida, 
el proceso de vivir con el que crear”



Pocos reconocimientos le quedaban en su haber. Ahora, uno menos, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (que obtuvo, en la pasada edición, la uruguaya Ida Vitale). Poeta de lo sagrado, del verso cincelado en la cultura de quienes nos precedieron, del amor a la palabra (no es un pleonasmo siendo poeta, créanlo), de la introspección, Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946) nos entrega sus recuerdo venidos del agua en ‘Memorias del estanque’ (Siruela).




¿Por qué el estanque, utilizado no a la manera de mirar de Narciso, narcisista, sino para reconocerse?
Es un símbolo que se mantiene a lo largo de todo el libro, a veces evocando otros estanques, el estanque a la manera de la meditación, como un lugar donde fijar los ojos. Le hablo al estanque, le pregunto por mi pasado y me lo va desvelando, lo vamos rescatando, al principio de una manera dudosa, luego sorprendente, porque me va diciendo cosas que había olvidado y que ignoraba. No son memorias exactamente, aunque también, es una vida más que unas memorias, en el sentido de que hay una vida de poeta pero también está mi obra y una visión de la realidad a través de temas como el viaje, la naturaleza, personajes que conocí, los países…

¿Cuánto de fabulación, de distorsión, de recreación literaria tienen unas memorias?
No hay recreación, es un libro sin máscaras, todo lo que se cuenta es verdad, el que escribe es poeta y la realidad aparece observada a través de la mirada de un poeta, mi visión de la realidad no sería la de otra persona, pero el libro es una recopilación de datos ciertos; hay otros que el estanque no me reveló. También advierto que tuve que detenerme en las cuatrocientas páginas, porque suponía una inmersión muy fuerte en mi memoria y eso me perturbaba.

Da la sensación de que no sabía muy bien por dónde estaba transitando al escribir, como que espera cierta iluminación para contar, para contarse, que no hay ni un ápice de premeditación…
Así es… sentía una especie de voz  la que tenía que ser fiel, la voz de mi vocación para mi escritura, de ir contracorriente; están mis primeros años de la juventud, llenos de desasosiego, ciertamente desnortado, en los que la vida aparece como un puzzle en el que todas las piezas están revueltas y se van ajustando, no sólo bajo nuestro control sino bajo los hechos más sorprendentes, como en mi caso tener que ir a Italia o que te dan un premio y puedes costearte un viaje a París por dos meses, o que vas a Ibiza para un año y te quedas media vida… hecho ajenos a la propia voluntad pero que conforman un destino que nos lleva. Uno mismo se sorprende de ello.

La vida, entonces, ¿tiene más de improvisación, de azar, que de planificación?
Hay mucho de azar, pero también la voluntad ha ejercido su función, hay momentos en que tenemos que pensar y sentir a contracorriente, siendo fieles a nuestra idea de la realidad, no ignorándola; con frecuencia se dice de mí que soy un poeta lírico, pero soy sensible a los temas de medioambiente, de la deshumanización del mundo en general…

¿Nos encaminamos al desastre?
Estamos en una fase de metamorfosis, no quiero decir que vamos hacia el caos sino transformándonos, en ese sentido se hace necesaria una toma de conciencia. Yo aporto la mía, la visión de un poeta.

Jung, la síntesis oriental (ese juego de la nada que es en potencia el todo), son temas que surcan este texto…
Nos olvidamos de esta visión jungiana de la realidad, la psicología de Jung es la del siglo XXI, analizó muy bien el proceso creador, dialogó con el Extremo Oriente, y el lenguaje que usamos cotidianamente viene de Jung: progresión, extroversión… es el lenguaje de la psicología profunda. Conozco muy bien su obra, me interesa mucho su visión múltiple de la realidad, el intento de ir más allá de la realidad, y su diálogo con otras culturas, al igual que el de Eliade; me interesan los estudiosos que no han creído en una cultura, en una religión, sino que han buscado lo que había en ellas de sintonía, lo que era común. Esas ideas respetar la naturaleza, el amor, la poesía mística universal (en el Cantar de los cantares, pero también en los textos sufíes, en los relatos hasídicos) y todas esas culturas que nacen en las dos orillas del Mediterráneo, que yo he vivido mucho por vivencia, por presencia, pero también por lectura.

Que fuera un niño muerto, como le ocurrió  al propia Zambrano o a Martín Gaite, ¿de qué modo marca para vivir?
Me impresionó mucho cuando supe el dato de María Zambrano; lo que mencionas, que me dieron por muerto, es un recuerdo que yo no tengo y mi madre me lo contó, una historia propia de la posguerra, de cuando los médicos no atinaban con la causa de las enfermedades. Yo tenía mucha fiebre, estaba muy mal, todos me lloraban, y lo que pasaba es que estaba deshidratado. Gracias a esa tormenta, la de San Roque, el 16 de agosto, cuando se acaba el verano, gracias a esa humedad del aire, volví a la vida. De ahí el tema del agua que, desde ese momento, está en mí. De hecho, el libro se abre y se cierra en los ríos, en el origen, los ríos como expresión de que todo fluye en la vida, esa visión de que el río nos lleva, es el destino, por eso digo que no he ido allí donde he querido sino allí donde la vida me ha llevado.

Pablo Neruda, Aleixandre, la propia Zambrano, Umbral, Juan Ramón... ¿qué persona ha dejado una huella más honda en su personalidad?
Todo los que has mencionado son grandes nombres; de dos he estado más cerca, uno en el campo de lo estrictamente literario, al que conocí a los 18 años, al llegar a Madrid, y del que recojo los últimos días de su vida, porque hubo una sincronidad enorme. Me refiero a Vicente Alexandre. Entré con Dámaso Alonso a verlo en la UCI. Relato sus últimos momentos. Una persona que me ha marcado es María Zambrano, a la que conocí en el exilio, en Ginebra, y con la que luego tuve una gran sintonía; es una mujer que creyó en la poesía, los poetas fueron muy importantes en su vida, ya desde los días que vivió en Segovia y conoció a Machado, gran amigo de su padre. El poeta nacional de Coreo, Ko Un, con el que también me he asomado en el presente, a ese pensamiento primitivo oriental en el que he estado cerca desde hace mucho tiempo… y otros grandes, Juan Ramón, Antonio Machado, Pablo Neruda, del que rescato algunas anécdotas inéditas en nuestro encuentro en Milán.

Es una obra que recala en lo luminoso del estanque, que no transita las zonas de légamo…
En efecto, el estanque transmite hechos abrumadoramente del pasado pero nos lleva a una especie de vacío lleno, el vacío de los orientales, ese contemplar que Fray Luis de León decía que era templar-se con lo que nos rodea. Bajo ese punto de vista el estanque da paz. Estamos inmersos en un mundo objetivo, en el que el agua puede cambiar de color con la hora del día, o se puede remover con la brisa, pero siempre nos vacía la mente que también tememos llena e hechos inútiles, desinformaciones, exceso de palabras… el estanque remansa el ánimo.

Pero ha evitado los momentos de cierta controversia…
Controversia en el sentido del mundo literario, supongo que te refieres…

Por ejemplo, el asunto del plagio, del que fue víctima, se me ocurre…
Lo que no quería es que fuera un libro o unas memorias de chismorreo, en las que el lector busca qué se dice de esto y de lo otro; no lo he evitado, porque no ha sido una recopilación exhaustiva de todos los hechos de mi vida. Por ejemplo, un amigo me comentó que, cuando hablo de música, no he recordado que se hizo una ópera sobre un texto mío. Creo que lo fundamental está dicho y contado ese afán vocacional de ser en la vida lo que he querido ser, con dificultades, porque también ha habido momentos en los que me han empujado al abismo, me han puesto trabas… pero lo sobrevuelo.

“Los poetas de la tradición son muchos, pero pocos los que revelan, en vida y obra, de una manera neta, inconfundible, un mundo”.  ¿Usted dónde se sitúa en la tradición o en la revelación?
Bueno, un poco en las dos cosas, modestamente, quizás soy muy radical en esta idea, en el sentido de que hay un modo más literario de comprender la escritura y un modo más vital de entenderla. En mi caso he unido la poesía a la vida, el proceso de vivir con el que crear, hay quien levanta un muro entre ambas cosas, me parece respetable pero no lo comprendo. Mi escritura gira entorno de mi experiencia vital, por eso para mí la poesía es una vía de conocimiento.

La poesía como plegaria, algo que late en todos sus poemarios... ¿dirigida a quién?
Es una idea que nos recordó Zambrano, también… quizás viene del sentido ubicuo de esa mirada absoluta que tiene el poeta; en los orígenes, cuando el poeta escribía estaba haciendo no solo literatura sino también lo sagrado, pienso en Lucrecio, o en los presocráticos, con ese afán de que la poesía sea algo más que literatura, de ahí viene esa visión radical, por supuesto, e inusual en nuestros días, en los que el poema tiende a ser solo materia para el análisis. Plegaria como oralidad, pero hemos perdido la comunicación oral, en las calles, en las plazas… esto no se da en Oriente, ni en la América hispana, en Medellín, en Cartagena de Indias, en Méjico sigue siendo, la poesía, un fenómeno de masas. Es esa visión de globalidad del poema lo que remite a lo sagrado y, por tanto, se hace plegaria.

¿Cómo se reconoce lo sagrado?

Con frecuencia he tenido que explicar este término, para mucha gente lo sagrado remite a lo clerical o a cierta visión decimonónica… en los últimos tiempos ha habido una visión muy fotográfica del poema, y no es una fotografía, tiene que ser palabra nueva, y la palabra del poema no es la del poeta, ni la el ensayista, tiene que aportar esa intensidad, ese fulgor que distingue al poema, por tanto tenemos que evitar algo que vemos con frecuencia en quienes creen que el poema es poner una palabras debajo de otra, y nos dan engañosamente prosa cortada en trozos. El poema es el resultado que tiene que ver con el proceso de los frutos, tiene una germinación, un crecimiento, una maduración, y el resultado es algo muy especial, no vale todo. Vivimos en los tiempos de todo vale, y arte es todo, en poesía se puede decir lo que se quiera, la música también es libre… hay que distinguir la libertad de crear del libertinaje… y perdona por el tópico.



Esther Peñas







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