domingo, 29 de mayo de 2016

LITERATURA Y CINE: VIRIDIANA


El escupitajo humano

Viridiana (1961) de Luis Buñuel




La de Galdós es la única influencia que yo reconocería, 
así, en general, sobre mí 
Luis Buñuel



Una cruz, una corona de espinas y unos clavos. Ese es el pasado de la hermosa Viridiana (Silvia Pinal) arrojado al fuego, fuego que la aboca a los brazos de su ladino y “canelo” primo Jorge (Francisco Rabal)… Bajo la atenta y voluble confianza de la siempre cómplice Ramona (Margarita Lozano). “La vida es así, a unos los junta y a otros los separa” y los finales felices no existen.


¡Ay de la cándida joven! En efecto, reunirse con su tío, don Jaime (Fernando Rey) antes de ingresar en el convento era ciertamente una definitiva manera de morir para el mundo terrenal, de abandonar cualquier tentación o atisbo de pecado… O ¿tal vez fue mejor cometerlos todos antes? Bien los conocía don Jaime, que aunque aparece brevemente, se muestra muy cercano al Duque (Georges Marchal) de Belle de jour (1967), aunque con un refinamiento en su amor por la fallecida aún más grotesco y enfermizo. Voluptuosidad decadentista que le llevará a corromper a su sonámbula sobrina ¿por amor o por pura atracción? Puede que una mezcla de ambos, incluso del cariño más paternal, o eso debió pensar zarandeándose, arañando por los aires. “Ya sabía yo que mi prima acabaría jugando al tute conmigo”. Tristana será más despiadada.

Pero ¿qué más dan Viridiana, don Jaime y Jorge, teniendo toda una cohorte de secundarios? Hordas de pobres (Lola Gaos, José Calvo, José Manuel Martín, María Isbert, Luis Heredia, etc.) en las que riendo, riendo, no creamos que solo se plasma una crítica a la caridad, al cristianismo, a la burguesía, no, los mendigos no son seres angélicos, estos encerrarán una implacable crítica a la esencia humana.

El ensayo de albergue está dinamitado desde el interior, “porque uno no tiene dinero…”. Y es así, porque ¿qué diferencia a los señores de la casa de los miserables? El discreto encanto de la burguesía.



La primera cena valleinclanesca es de obligatorio enmarque y fotografiado, así como el posterior contubernio nupcial, nunca se sacó tanto partido de las galas de una novia. ¡Aleluya! Solo falta la resurrección de la eterna doncella.

¿Dónde queda el cristiano perdón si “aquí todos somos gente de bien”? Puede que perdido entre el egoísmo humano, el instinto de conservación, la reviviscencia de un trauma, y el primer amor o la primera atracción.

Pero volviendo a descender a los secundarios, uno de los personajes más interesantes de Viridiana es Rita (Teresa Rabal), la hija de la criada, Ramona. La niña conocerá desde su mirada inocente todo lo que ocurre en la casa de los señores, y aún desde sus supuestas mentiras, parece que lo adivine. La niña será el personaje que tienda el puente entre los dos niveles de la película: el de la simple peripecia argumental, y el del riquísimo poso simbólico e inconsciente, que se atisba en maravillosas imágenes aparentemente residuales.

Los toros acosarán en sus sueños a Rita… poco a poco intuirá la sensualidad a la que se verá abocada su dulce señora… Y la cuerda para saltar que le regaló don Jaime, depravada será por los tremendos usos que le darán. ¿Llegarán a ser sus zapatos como los de Viridiana? Mejor que se quemen.




Anna Montes Espejo


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