miércoles, 18 de mayo de 2016

"Los últimos perros de Shackleton" de Ben Clark (por Noelia Illán)


Porque resistimos, conquistamos








Los últimos perros de Shackleton

Ben Clark

Ed. Sloper
Palma de Mallorca, 2016







Dice Ben Clark en el prólogo de su poemario:


Leer a Shackleton, es decir, leer su vida como quien lee un gran poema de amor, esto es lo que me interesa. El hombre que triunfó en lo imposible y fracasó en lo que parecía sencillo. Quizá sea este el verdadero legado de Shackleton: hacernos entender que las fuerzas hostiles de este globo pueden ser domadas; que no hay más que enfrentarse a las olas, plantarle cara al viento, que el frío es una palabra muy pequeña en casi todos los idiomas, pero el amor, en cambio, no entiende de distancias ni de rumbos, que al enfrentarse a él toda determinación es poca y los planes no sirven para nada.

Ya sabemos -por algunas reseñas que hemos visto durante estos meses de este “Los últimos perros de Shackleton”, si es que no lo hemos leído ya- que Ben Clark se inspira en esa Expedición Imperial Transartártica (1914-1917), en la que Sir Ernest Henry Shackleton fracasó en su intento de cruzar la Antártida. Es el hundimiento de la nave Endurance lo que le vale a Ben como excusa para hablar de eso que todos hemos vivido alguna vez: el amor. El amor como un periplo a veces imposible, como la marcha del héroe que sale de casa esperando encontrar qué. Todo eso está muy claro, sobre todo porque el propio autor lo dice en su prólogo por si cupiera alguna duda al respecto. No ha estado en la Antártida, no ha fracasado en una expedición loca a través de mares y océanos, pero no le ha hecho falta.

Yo quiero ir más allá. ¿Por qué Shackelton y no Ulises, por ejemplo? ¿Por qué no cualquier otro? ¿Por qué elige el frío de la Antártida? ¿Por qué no un final feliz?

Después de casi tres años desde que se editó en México, Ben ha visto el libro publicado tal y como quiso desde que lo escribió, añadiendo o quitando cosas que estorbaban y lo separaban de la idea original y convirtiéndolo casi en otro libro. Otro libro distinto de esa idea que gestó en 2006 y que ahora que nos llega a España mojado, húmedo de mar, cortante de sal, empapado de la profundidad del océano, terrible como peces abisales.

“Porque resistimos, conquistamos” es la cita de Shackleton que Ben Clark toma como título para la introducción de su libro. Quizá también ahí el autor está manifestando su postura poética sin saberlo. Ben resiste porque sabe que la poesía es resistencia en su sentido menos revolucionario: la poesía como pervivencia, como tradición, como aquello que nos trae lo que nos hace humanos.



Está claro entre otros tantos héroes y expediciones, la de Shackleton le interesa especialmente por ese aire británico que empapa toda su historia: la persecución de un imposible y la necesidad imperiosa de continuar, casi inconsciente. Y es el momento del sacrificio de los perros (léase la ruptura amorosa) el que elige -acertadamente- no sólo para el título sino incluso para el final del libro: “Estuve asesinando a nuestros perros”. Es ahí donde ya no hay retorno, como en el amor sucede: hemos llegado hasta aquí y ahora debemos sacrificar lo único hermoso que nos queda. Y es que, aunque Ben confiese que es una metáfora del amor, el libro está plagado de muerte en su sentido más amplio: la soledad del hielo, las simas abisales, el frío, los agujeros, los pingüinos suicidas, los accidentes de avión… Porque en lo macabro también está lo sublime, y la muerte no deja de ser lo más macabro que conocemos.



Aunque la ironía y el humor están presentes a lo largo de las cinco partes del poemario en mayor o menor medida (al final Ben no se aleja mucho del Ovidio juguetón de los Amores), lo que importa aquí es el héroe, el individuo que se empeña en su hazaña sin importar las consecuencias, como el amante que se adentra en el lodo y no contempla más allá. Es el héroe, independiente del grupo, el que toma la decisión final, y eso sí es importante en la obra de Ben: la importancia del individuo en medio del colectivo.

En definitiva, creo que a Ben Clark le queda un largo camino por recorrer y que nos tiene guardadas unas cuantas sorpresas en el futuro. Ya me había conquistado con "La fiera", pero es en este libro donde explota un lenguaje muy potente con imágenes de gran impacto que, sumadas a esa heroica historia de Shackleton, convierten a "sus perros" en una muy recomendable lectura (de esas de repetir, y saborear, y citar, y...). En fin, Ben: felicidades por hacernos disfrutar. Y ya sabes: escribe cuando llegues.



Hasta tocar el fondo.
Habitante del útero,
clavarme en ti y clavarme en el vacío
de este lugar hostil.
                               Pero te engañas
si crees que estoy solo
aquí, en este agujero, pernoctando
dentro y fuera del tiempo,
encadenado al muerto que es mi amor;
he hablado desde aquí de los abismos,
y has pensado en algún documental
de National Geographic, y en ningún
momento sospechaste -qué inocente-
por qué te duele el pecho
cuando clavo
con firmeza los pies para arrastrarme
por mi infierno; por qué te duele el alma
cuando ingiero, famélico, tu lodo.


Noelia Illán





Ben Clark nació en Ibiza en 1984. Entre sus poemarios destacan "Los hijos de los hijos de la ira" (XXI Premio de Poesía Hiperión. Ediciones Hiperión, 2006), "Basura" (Editorial Delirio, 2011) y "Mantener la cadena de frío" (IV Premio de Poesía Joven RNE. Escrito en coautoría con Andrés Catalán. Editorial Pre-Textos, 2012). Ha traducido a los poetas Anne Sexton, Stephen Dunn y Edward Thomas, así como al narrador estadounidense George Saunders. Por su último poemario, "La fiera", obtuvo el premio Ciudad de Palma Joan Alcover (2013) y Ojo Crítico 2014.


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