lunes, 30 de mayo de 2016

OSCURA DEJA LA PIEL SU SOMBRA de BEATRIZ MIRALLES (por Carmen Juan y Sara J. Trigueros)








OSCURA DEJA LA PIEL SU SOMBRA 
BEATRIZ MIRALLES

Editorial Balduque, 2016









[ aquí yace la sombra de un poema ]
Beatriz Miralles


Con Oscura deja la piel su sombra, Balduque consolida su colección B49, donde tienen cabida obras en prosa o en verso con el único punto en común de ser de autores noveles y de alcanzar los estándares de calidad a los que la editorial nos tiene acostumbrados. Su autora, Beatriz Miralles de Imperial, es licenciada en historia del arte y responsable de la microeditorial adminimum, cuyos cuadernos ya han desfilado por esta página. Son estos dos atributos –investigación artística y minimalismo– que tienen su reflejo en una obra cincelada con minuciosidad.

El libro se abre con una premonitoria cita de José Ángel Valente («Sombra de quién, preguntas») que se cierne sobre cada una de las páginas. De la sombra se nos habla a través de una estructura tripartita en lo que podría considerarse incluso un único poema desgajado. Construido en su totalidad a partir de la negación, la primera parte podría interpretarse como una poética, convirtiéndose así en la clave para  los textos ulteriores: 

no: 
no la ofrenda 
no el temblor 
no las manos 
no la sed 
no decir 
ya más. 

No. Y sin embargo, cada uno de estos elementos negados cobra protagonismo sobre todo en la parte central, más extensa, donde, pese a negarse también la invocación, ésta se produce a modo de diálogo, tanto con un tú cuyo vocativo se omite como con el yo poético.

La tercera parte, como resolución, se abre con el verso que nombra el poemario y se cierra con tres versos que juegan con la ambigüedad de pedir ser herida o protección ante esa nada. A lo largo de estos treinta y un brevísimos, fragmentarios poemas, la autora realiza un ejercicio de filosofía del lenguaje, procurando otorgar existencia sólo a aquello que nombra, como construía ciudades el Marco Polo de Italo Calvino, dotándolas del poder suficiente para herir o sanar. Quizá por eso no nombra aquello a lo que teme: 

cómo nombrar lo que no existe 
nada queda 
sin embargo
aún 

el miedo.

Es, pues, así, como Beatriz Miralles deja visible el «terrible desamparo» tras desnudarlo de todo elemento accesorio. Una entrada limpia al mundo de la poesía.


Carmen Juan y Sara J. Trigueros




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