martes, 7 de junio de 2016

HOY FIRMA: ALDO VICENCIO. "DE LAS AFIRMACIONES SOBRE LA HISTORICIDAD DEL ARTE EN DELEUZE Y NIETZSCHE"


De las afirmaciones. 
Sobre la historicidad del arte en Deleuze y Nietzsche.


Avelina Lésper
Si bien a la crítica de arte mexicana Avelina Lésper se le pueden hacer una buena cantidad de objeciones, es innegable que el personaje que ha creado –el de la mordaz “destructora” de los paradigmas del arte contemporáneo- ha servido para reflexionar, una vez más, en torno a lo que es el arte, el arte de nuestro tiempo, el arte contemporáneo, que dicho sea de paso, este denominativo enuncia simplemente una etapa histórica del quehacer artístico en buena parte del orbe, y no un “tipo de arte”.


Y es que uno de los elementos donde el discurso de Lésper tiene una evidente dolencia, como ya señaló Halim Badawi en la revista colombiana Arcadia*, es en pensar al arte como una entidad hierática e inamovible, es decir, carece de un discurrir histórico en su definición. Sin embargo, dicha carencia de historicidad no es exclusiva de la polemista mexicana, sino, me atrevería a decir, de buena parte del público, de especialistas y de académicos de otros gremios. Yo mismo, de una forma inconsciente, era partícipe de dicha concepción, buscando ese motivo esencial que justificara la importancia del arte en nuestras vidas. Por tal, creo pertinente exponer, someramente una definición del arte que no carezca de historicidad, la del filósofo Gilles Deleuze, la cual, así mismo, parte de las nociones vitalistas de Nietzsche.

“…el arte no es sólo una imitación de la realidad natural, sino un suplemento metafísico de la misma, colocado junto a ella para superarla1 escribió Friedrich Nietzsche en 1872, en su primer libro, El nacimiento de la tragedia. Quise iniciar con esta cita, ya que, a partir de ella, podemos iniciar la discusión, e ir al plano donde se pone en juego no sólo el mero concepto de arte, sino también el sentido mismo de la vida, de las esferas donde la existencia se desenvuelve y que a mi parecer, ya no es en una realidad o una idealidad - Dionisio o Apolo, retomando la metáfora nietzscheana-, sino, muy probablemente en ambas, en un solo punto, en un ir y venir que crea realidad, que crea mundo.

Nietzsche.
Hace no mucho, cuando aún era estudiante escribí: “Puedo decir que el arte es una manifestación de cierto ordenamiento de la realidad, cuya finalidad es comunicar una tensión, un choque entre diferentes construcciones del mundo, cuyos ejes siguen siendo los sentidos y la estética”2. Partí del hecho, a mi consideración en ese momento, de que el arte es un ordenamiento, y cuyo fin es la de crear fricción, problematizar en pocas palabras, desde el siglo XVIII. Decir esto era negar, hasta cierto punto, la particularidad de cada momento del arte, y de cada arte. Es seguir, básicamente, una idea rectora que define lo que consideraba como arte. Pero, ¿siempre ha estado ese problema? ¿En realidad tiene fin?

¿Es posible lo anterior? Mi finalidad era precisamente lo contrario: afirmar la historicidad del arte, cada momento, cada diferencia que se encuentra y choca dentro de este. Pero, sin darme cuenta, homogeneicé y sometí esas realidades bajo una esencia, y esa esencia era la del problema, la de que “el arte es problemático”. La principal consecuencia de esta aseveración es que la materialidad del arte depende de una sola idea, un solo eje rector, foráneo de la obra misma.

Frente a mi entonces postura podemos situar la de Gilles Deleuze, quien escribió: “Lo que se conserva, la cosa o la obra de arte, es un bloque de sensaciones, es decir un compuesto de preceptos y de afectos”3, y no es otra cosa que afirmar a la obra de arte, su momento, su particularidad, que escapa incluso al artista. Y no sólo eso, sino se afirma la materialidad concreta del concepto “La obra de arte es un ser de sensación, y nada más: existe en sí”4, es un bloque de significación, se otorga sentido ¿a qué? A la vida misma, se le hace frente al caos de la vida, “Sólo donde hay vida hay también voluntad: pero no voluntad de vida, sino - así te lo enseño yo - ¡voluntad de poder!”5, diría Nietzsche, y que es la afirmación de lo “falso” según Deleuze en Simulacro y filosofía antigua. Entonces, el arte afirma las fuerzas concretas que en él convergen, fuerzas poéticas, metafóricas, dadoras de sentido. El sentido que le damos a la vida es una composición.

Lo anterior tiene consecuencias importantes. A diferencia de lo que yo postulé, no hay un fin, el de “problematizar” en mi caso, y por ende, no hay homogeneidad, sino planos particulares que se afirman, no necesitan de una confirmación externa. Las obras artísticas son idea y materialidad, ambas están ligadas. Lo que llamamos virtualidad, en realidad es algo real, concreto. “Aun cuando el material sólo durara unos segundos, daría a la sensación el poder de existir y de conservarse en sí la eternidad que coexiste con esta breve duración”.6  Es decir, los conceptos aterrizan, y componen algo concreto. La materialidad no es pura en un sentido tosco, en una idea ortodoxa, sino que está atravesada por el concepto.

Deleuze.
Sin embargo, mi noción de arte coincidió en dos puntos con la idea del concepto de Deleuze. El primer punto era mi aspiración de confirmar la historicidad del arte. Cuando la idea toca suelo, y se conserva, un momento, una etapa, se afirma, y esa temporalidad entra en esa obra. Conserva, por decirlo, el mundo en que fue creada, la época en la que fue concebida, y de esta forma entra en contacto con otras épocas e ideas, depositadas y encarnadas en otras obras, confirmando en cierto modo la idea de Cynthia Freeland de que “Casi da la impresión de que cada grupo tiene (o desea) su propio museo de arte”.7 No sólo se responde al deseo de individuos y de grupos, sino que hay diferentes obras de arte, que por el hecho de estar, ya crean una multiplicidad presente de temporalidades. También, esto viene a chocar con la atemporalidad estética de John Dewey, por ejemplo, que para Freeland:

Insistiendo que  en que <<el arte es un lenguaje universal>> Dewey nos apremia a lograr la experiencia interna de otra cultura. Pensaba que ello requería de un encuentro inmediato y no el estudio de <<hechos externos>> sobre geografía, religión e historia.8

En la noción estética de Dewey hay, evidentemente, y como en mi primer definición de arte, esencialismo, es decir, una cualidad estética común a todas las culturas, y por ende a las obras. Los esencialismos nunca responden a una historicidad, no son históricos. Lo que pasa por alto Dewey, es que esa interioridad a la que apela, esa expresión interior susceptible de ser percibida, en realidad es la particularidad concreta de una obra, y que es en sí misma una temporalidad, una construcción del mundo perteneciente a una época. Su deseo de pasar por alto la historia es desbaratada, y contradice su propósito de entendimiento.

El segundo punto de convergencia entre la postura de Gilles Deleuze y la mía, se da en el sentido del encuentro de diferentes bloques de significación concreta. En mi caso, propuse que chocan, que se encuentran y se enfrentan simplemente. Para Deleuze:

De todo arte habría que decir: el artista es presentador de afectos, inventor de afectos, creador de afectos, en relación con los preceptos o las visiones que nos da. No sólo los crea en su obra, nos los da y nos hace devenir con ellos, nos toma en el compuesto.9


Pablo Picasso.
El artista construye una imagen del cosmos como imagen de la idea, nos da una construcción de sentido, partiendo de una interpelación del mundo, se está atravesado por el sentido - dicho desde la hermenéutica heideggeriana -. Esto hace patente que nos movemos entre diferentes planos de determinación, los articulamos en nuestra percepción del mundo, la cual otorga inmanencia, sin necesidad alguna de provenir de una idea general, como lo podría ser en el caso del modelo hegeliano. De esta forma, la realidad es coherente porque nosotros mismos somos los que la dotamos de sentido, es construida. La existencia es hecha, ser es hacer, y en esta el individuo es un conjunto de luchas - dicho desde la perspectiva de Nietzsche -, de encuentros de esas fuerzas o planos en los que se mueve “¡Sea vuestro trabajo una lucha, sea vuestra paz una victoria!”10

De esta forma, el arte expresa una construcción, que junto a la ciencia y a la filosofía, son definidas por “…afrontar siempre el caos, establecer un plano, trazar un plano sobre el caos”11 Son creadoras, y a diferencia de lo que yo expresé en aquel trabajo escolar sobre el arte, este no busca comunicar nada. Las nociones que habilitamos lo hacemos desde un propio ordenamiento del mundo, ninguna de las elecciones que realizamos es trivial o accidental, tienen un sentido. No son meras alegorías, sino que esa supuesta virtualidad es presente, es real en sí. Lo que vemos en el mundo sensible, no es propiamente lo material, el borde de la mesa, la pared, la pincelada en un cuadro, sino el sentido. No se está en el mundo de las sombras intangibles, se funda el plano de realidad entre el caos y la perfección del ideal.

El arte, visto desde esta perspectiva, origina lo real, y si tomamos en cuenta el crisol de planos de sentido que hay, pareciera que es infinita la posibilidad de creación, superando la vida biológica, la esfera de la realidad natural, de la realidad orgánica. Es donde adquiere sentido la primera cita de este escrito: el arte es el suplemento metafísico que supera a la vida misma. El arte no se mueve en la concepción de la mímesis de “imitación”, sino afirma algo concreto, construye. “Es preciso tener todavía caos dentro de sí para poder dar a luz una estrella danzarina”.12

 Las nociones que expone Gilles Deleuze, quien retoma varios elementos de la obra de Nietzsche y de la filosofía en general, modificaron en gran medida lo que consideré en un primer esbozo como arte. Muestra esa afirmación del momento y de la existencia de las obras artísticas, de la temporalidad y el sentido que son, algo que yo no alcancé a lograr de la forma que esperaba. El arte es, en cierta forma, poesía, una construcción poética, pero no en el sentido de una mera alegoría, sino en el de algo concreto, presente. Una buena obra de arte es aquella capaz de  sostener esos preceptos y afectos, es decir, que la obra adquiera presencia, que exista, que esté en el mundo.

Pretender descartar la historicidad del arte, la simultaneidad del tiempo en su devenir es pretender aspirar al supuesto de valores imperecederos y eternos; es empotrar al quehacer artístico en un entorno lejano y bastante hermético respecto al público. Recobrar la historicidad del arte no sólo nos ayuda a hacerlo comprensible, sino también cercano a nosotros, cercano, en pocas palabras, a la vida.


Aldo Vicencio


Aldo Vicencio (Ciudad de México, 1991). Poeta y pasante de la Licenciatura de Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha publicado su trabajo en diferentes revistas literarias impresas y digitales, como La Piedra, Opción del ITAM, Monolito, La Cigarra, Aeroletras de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), Círculo de Poesía. Revista Electrónica de Poesía, entre otras. Es autor del libro inédito Piel Quemada: Vicisitudes de lo Sensible. Participó, junto a Sandra Itzel Flores Fabela, en la presentación del proyecto curatorial "Las letras negras de París: conociendo a los poetas malditos" en el coloquio Historiador en primera fila: crítico, curador y guía, realizado en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, en agosto del año 2013. Recientemente ha sido incluido en la antología Nueva Poesía y Narrativa Hispanoamericana, del sello editorial español Lord Byron y en los portales digitales de literatura Digo.Palabra.txt de Venezuela, Enfermaria 6 de Portugal, La Rabia del Axolotl y Operación Marte de México.



Bibliografía.
- Deleuze, Gilles,  “Percepto, afecto y concepto” en ¿Qué es la filosofía?”, Barcelona, Editorial Anagrama, 1993, pp. 164-201.
- “----------------------”, “Primer apéndice. Simulacro y filosofía antigua”, en Lógica del sentido, Barcelona, Paidós, pp. 180-188.
- Freeland, Cynthia, Pero, ¿esto es arte? Una introducción a la teoría del arte, 4ta. Edición, Madrid, Cátedra (Cuadernos Arte), 2010, 243p.
- Nietzsche, Friedrich, Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie, 3a. edición, Madrid, Alianza Editorial, 2011, 556p.
- “--------------------------”, El nacimiento de la tragedia o Grecia  y el pesimismo, Madrid, Alianza Editorial, 2009, 298p.
- Ruiz Vicencio, Aldo Gonzalo, ¿Qué es arte?, México, trabajo de la materia de Estética I, impartida por la doctora Maria Antonia González Valero en Colegio de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, septiembre 2013, 6p.






1 Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia o Grecia y el pesimismo, Madrid, Alianza Editorial, 2009, p. 297.
2 Aldo Gonzalo Ruiz Vicencio, ¿Qué es arte?, México, trabajo de la materia de Estética I, impartida por la doctora Maria Antonia González Valero en Colegio de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, septiembre 2013, p. 1.
3 Gilles Deleuze,  “Percepto, afecto y concepto”en ¿Qué es la filosofía?”, Barcelona, Editorial Anagrama, 1993, pp. 164-163.
4 Ibid., p. 163.
5 Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie, 3a. edición, Madrid, Alianza Editorial, 2011, p. 200.
6 Deleuze, op. cit., pp. 167-168.
7 Cynthia Freeland, Pero, ¿esto es arte? Una introducción a la teoría del arte, 4ta. Edición, Madrid, Cátedra (Cuadernos Arte), 2010, p. 105.
8 Ibid., p.76.
9 Deleuze, op. cit., p. 177.
10 Nietzsche, Así habló Zaratustra, op. cit., p 99.
11 Deleuze, op. cit., p. 199. 
12 Nietzsche, Así habló Zaratustra, op. cit., p. 52.




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