martes, 14 de junio de 2016

HOY FIRMA: MARIO GRANDE. "YEATS, JOYCE: CENTENARIOS DE AHORA"


YEATS, JOYCE: 
CENTENARIOS DE AHORA



Convocar escritos centenarios en 2016. El poema Easter 1916, de W.B. Yeats (traducción al castellano de Antonio Rivero Taravillo). La novela A Portrait of the Artist as a Young Man, de J. Joyce (traducción al castellano de Dámaso Alonso). Acuden. Sin fastos oficiales. Derechos al corazón de gentes sensibles. Ambos irlandeses dejaron escritas palabras que nos hacen mejores al recordarlas. Vale la pena transmitir las emociones que suscita su relectura. Defínelo: unción. Siempre he leído a Yeats con unción. A Joyce, con bombonas de oxígeno. Profundo. Crees haberlo entendido, te guiña un ojo y se escapa. ¿Y cuando hablan de Irlanda? Oh, para uno es la casa; para el otro, el viaje. Si bien se mira, sinónimos. Sinónimo no remite a semejanza; a fragmento sí. 

El fragmento de Yeats es la piedra de la tercera estrofa. Lee: The stone’s in the midst of all. El de Joyce, los colegios de Clongowes Wood y Belvedere. (Imposible no acordarse de Pérez de Ayala: A.M.D.G., 1910). Y el hoyo al que lo tiran, donde intuye el sentido del mundo (como Haruki Murakami y Jorge de Oteiza). Resumirá en UlyssesChuck Loyola! Tales son las conclusiones de ambos sobre su país. Certeramente divergentes.

Solo que un país no se presta solo a conclusiones. Se lleva a cuestas. Los vecinos, los planes, los olores, todo eso que se enrosca, ensarta y apelmaza en el lenguaje, la memoria, los lugares de paso, los alcorques de cada cual.

Lo cuenta Yeats en las cuatro estrofas de Easter 1916. Yendo del gris al verde. De los rostros sin nombre a la elegía en honor de los héroes, nombrados uno a uno. De la quietud al movimiento: provocado por una piedra inmóvil, imagen del gran oxímoron del poema, tres veces repetido en él. De la indiferencia, aun rechazando la violencia, a la compasión. De la política del día, al mito. Ah, los hijos de Lir de todos los siglos. De los tiempos verbales en pasado a, mediado el poema, un presente en adelante, libre de gramáticas enrejadas. De la semántica de los espacios cerrados al estallido del país  en la sola palabra green. Del ritmo y la métrica espoleados a cada verso por la palabra cambio. Porque, pese a todo, todo ha cambiado. A terrible beauty is born. Poema equinoccial: el mito de la resurrección campa a sus anchas.  

Joyce, el irlandés del corazón en Dublin. En A Portrait of the Artist as a Young Man Stephen Dedalus y él hablan de la figura de Parnell, del nacionalismo, del papel desempeñado por el clero católico, de la lengua irlandesa. Al principio y al final de la novela. Duro con el papel del clero, por haber aceptado la unión con Inglaterra a cambio de ver garantizada su posición dominante como confesión religiosa frente a los protestantes, por su oposición a los fenianos…  ¡Fuera Dios para que Irlanda salga adelante! dirá el personaje tal. Crítica más radical: su concepto de opresión nacional no se detiene en el dominio británico, sino que incluye la religión, los oscuros meandros de la vida irlandesa. Su concepto de libertad también va más allá de la independencia política. Stephen Dedalus se debate entre sus cuitas hamletianas y la herencia cultura irlandesa.  No voy a pagar por lo que hicieron mis antepasados, proclama.

Escritor, la piedra de toque, la lengua: ¿irlandés o inglés? De Stephen Dedalus dice que le habían enseñado irlandés y conformado su ruda imaginación con las luces rotas del mito irlandés. Por eso, el inglés lengua superpuesta, adquirida, donde el alma se erosiona. ¿Por qué, entonces, no estudia ni se expresa en irlandés? Respuesta terminante: soy fruto de esta raza, este país, esta vida, por eso me expresaré tal como soy. Prima el modernista. Invoca la conciencia increada de su raza, constante en toda su obra, pero del nacionalismo político le separaba irremisiblemente su insistencia en la lengua nacional. Mirar el mundo por una sola ventana. 



Mario Grande


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