viernes, 24 de junio de 2016

"La Senda Honda" de José Manuel Ramón (por Rosario Troncoso)


La Senda Honda: el triunfo de la poesía


Hace unos meses, Juan Lozano Felices, reseñaba este magnífico libro de forma contundente, en este mismo lugar. No quiero repetirme. Si acaso ratificar su opinión al respecto: es un libro extraordinario.
Además, su nacimiento se celebra en la no menos extraordinaria editorial Devenir, cuyo catálogo conozco y admiro.

Desde la alegría, afirmo sin tapujos que para mí ha sido una gratísima sorpresa descubrir a José Manuel Ramón, un poeta que ha estado mucho tiempo en silencio (demasiado), a través de esta obra, fruto glorioso de veinte años de maceración, concebida en los años de juventud, pero actualizada de forma magistral en De regreso (Ed. Devenir), la última división de las tres en las que se estructura el libro.
En La senda honda, su voz cobra vida en un lenguaje complejo y peculiarísimo, cuyas imágenes son de una profundidad sobrecogedora. Un diálogo consigo mismo, y con el mundo. El desasosiego, la incertidumbre, la naturaleza, la búsqueda de respuestas.

Los lectores no somos meros espectadores de su diálogo interior, participamos de él, gracias a la capacidad, y la habilidad del poeta para que logremos identificar los lugares comunes, de la angustias, cómplices también, en la complicada tarea de existir, de sobrevivir.

Rescato uno de los poemas que más me han conmovido (todos conmueven), el que lleva por título Niebla: Esta niebla que avanza y rellena / los huecos las zanjas de las calles/ las lentas grietas de nuestro cuerpo/-cuerpo de arena certeramente asido/ para que no se derrame/no sea tiempo de los ojos al suelo-/ esta niebla paciente que preside los meses/ el frío el humo las amanecidas/ las siembras de la tierra calmosa que fuimos/ o aquella otra tierra gris sin huellas /  opacidad reciente de todo o de vacío / niebla que mira señala hurgan sus dedos / nuestra herida de viento nuestras voces/ niebla que nos sueña débiles desamparados/fruto de los cuerpos vencidos la de los labios/los ojos los tiernos brazos del sueño/
Esta niebla precede a la muerte”.

La niebla, el camino, la senda. El onírico idioma de los sueños. El desasosiego que nos vertebra. El no saber, el no tener respuestas claras para la existencia. El tono general es grave, y nos sumerge en los temas universales de la poesía, concentrados principalmente en dos: la muerte y el paso del tiempo, la finitud.

Ante el desconcierto, ante el extrañamiento y la desesperación, la más absoluta incertidumbre,  llega el silencio. Y la forma triunfal de vencerlo, es la palabra, la poesía. José Manuel Ramón consigue que sí seamos capaces de interiorizar ese silencio que se impone, y preferir el leve rumor de unos versos bien estructurados, en dos partes diferenciadas que se complementan, y que corresponden a su propio itinerario vital. Sus versos hablan con voz propia, una voz que conecta directamente con el subconsciente.
Los versos de José Manuel Ramón, son estertores de vida, calambrazos que reavivan nuevas conexiones que desconocíamos en nosotros.
También en la sensación de fluir, sin orillas, ni asideros, quiero ubicar la peculiar ausencias de signos de puntuación.

Sin duda es el nuestro un viaje de ida, sin regreso, a la vida, en todos sus aspectos, en los que también se incluye el final, la muerte como esa extraña meta en la que se desemboca de forma irremediable, y La senda honda representa el triunfo de la poesía, mientras recorremos la distancia más incierta.

Tengan también su lugar las palabras del amigo personal del autor José Luis Zerón que abren La Senda Honda. Juntos fundaron  la revista Empireuma. Juntos han recorrido el agradecido, pero tortuoso, camino de amar profundamente la Literatura, y sumergirse en ella. Zerón firma un magnífico prólogo que rezuma complicidad, y un mensaje entre líneas que destaca sobre el resto: todo lo vivido. Aporta muchas claves para entender qué hay en las páginas de esta obra poética, que sin duda marca un punto de inflexión en la trayectoria de José Manuel Ramón. Esperemos que haya regresado para quedarse. Ojalá.

Mientras lo retenemos aquí, disfrutando de su forma de crear, de entender la poesía, logramos un breve acercamiento a su persona.

¿Desde cuándo la poesía? ¿Por qué?

Desde el colegio, un grupo de amigos (José Luis Zerón, los hermanos José María y Fernando Piñeiro, y yo) compartíamos aficiones “muy corrientes” para chicos de unos 14/16 años: amábamos la naturaleza y los animales (recortábamos y pegábamos fotos de animales y paisajes para hacer “libretas de animales”, con descripciones detalladas a modo de guías), frecuentes paseos por la huerta de Orihuela y pedanías, escuchábamos mucha música clásica y contemporánea en RNE 2 y con casetes que intercambiábamos entre nosotros, nos seducía el misterio (hicimos bastantes psicofonías), y leíamos con fruición a Poe, Lovecraft, Kafka, los poetas surrealistas franceses, entre otras muchas y variadas lecturas (en verdad devorábamos todo lo que caía en nuestras manos, como buenos autodidactas). Empezamos a escribir y a leernos lo escrito (cuentos, prosas poéticas y poemas) y, poco a poco, surgió la idea de hacer una revista para ir publicando nuestros escritos y los de los nuevos amigos que se fueron incorporando al grupo (Juan Carlos Gras, Ada Soriano, entre otros) y que finalmente se materializó en 1985 con la aparición del Nº 0 de la revista de creación “Empireuma” (en verdad no daban mucho por nosotros, el peso y la sombra de Miguel Hernández colapsaba en cierto modo nuestras propuestas). Desde entonces la poesía nos ha acompañado a todos en un viaje ora fascinante, ora extraño e inquietante. Y ahí seguimos.

Tus referentes clásicos. Corrientes con las que te identificas.

Nunca he sido un erudito; he leído cuanto he podido desde Homero o Virgilio, pasando por Dante, Góngora o Quevedo, Novalis, Leopardi, Rimbaud o Baudelaire, por citar algunos, hasta Whitman, Rilke, Ajmátova, Sachs o Cardenal… Por supuesto, la generación del 98 y la del 27, Félix Grande, Claudio Rodríguez, Clara Janés, Miguel Veyrat y tantos otros poetas posteriores.

¿Cómo ves el panorama actual en lo literario?

Interesante y variopinto. Existe pluralidad de estilos y mensajes, y un amplio abanico de editoriales que están publicando a autores con voz propia que viven la poesía, a su manera, con intensidad. En cuanto a la polémica sobre poesía para adolescentes y la otra poesía, madura, opino que debe poder escribirse con libertad, con la misma que uno lee lo que le parece. Es importante leer, mucho y diferente, como opción de este tiempo; supongo que en épocas y siglos anteriores ocurriría algo similar, es decir, aunque la consagración de la historia se haya reservado sólo para algunos elegidos (en masculino y no neutro, lamentablemente), el amplio resto se ha quedado en su tiempo, sin trascenderlo. Quien intenta comprender la vida, cuestionarla o interpretarla, merece la pena ser leído, es una visión única... Ya vendrán después las etiquetas varias, premios de renombre e innúmeras antologías para intentar canonizar a los suyos y proseguir con la tradición de los elegidos.

Rutina para escribir.

No tengo regla fija, aunque es importante tener tiempo, olvidarse de él. Hay ideas que vienen galopando desde hace meses o años en tu mente, y otros poemas que te asaltan al descuido y no puedes sino concentrar tu atención, como un prematuro con patente de vida. Y muchas, muchas veces que sigues pistas falsas: lo intentas… y nada, no es posible más que divagar y madurar un posible verso, fragmento o poema futuro (en el mejor de los casos). A veces escucho música y se crea un ambiente especial; otras es lo contrario, me molesta incluso la música y tengo que aislarme completamente para poder escribir o reescribir, que también lleva su proceso.

¿Cómo surge La Senda Honda? ¿Qué quieres comunicar?

La senda honda fue una senda que encontramos unos amigos dando un paseo hace muchos años por la huerta de Orihuela. En un poste, sobre una tablilla de madera, alguien había designado a esa senda de forma tan particular. Me cautivó esa metáfora del camino profundo, presagio y casi promesa de lo que nos depararía a cada uno, y no dudé ni un momento en tomarla prestada para abanderar el libro que nos ocupa.

Con José Luis Zerón y Juan Pastor en la librería Códex

Tu breve guía del autor para la lectura de este libro.

El libro está dividido en tres partes o secciones diferenciadas. Las dos primeras fueron escritas entre los años 88 al 91, y la última parte, un poema largo escrito en 2014.
En la primera vemos que naturaleza y muerte van de la mano trazando una ruta simbiótica: las fuerzas de la naturaleza provocan cambios en el paisaje, en nosotros, y la muerte, siempre latente, irrumpe con su canto elegíaco. La angustia ante el vacío existencial, ante la nada, permite reflexionar sobre la vida, el tiempo y las palabras, el propio lenguaje.
La segunda parte es una toma de conciencia de nuestro humilde lugar en la naturaleza, tan sólo centro de nosotros mismos. Descubrimos que somos seres viviendo en soledad avatares cotidianos, pero a su vez conformando un corpus trascendente con todo cuanto nos rodea. E irrumpe el amor, no el amor carnal sino ese algo absoluto que todavía desconocemos.
La tercera parte es un canto al regreso a la naturaleza, al bosque como metáfora de mi vuelta, tras años de silencio y negaciones. Y he vuelto con una visión renovada del hombre, de la memoria y del dolor por el exilio sufrido, buscando al ser inmortal en la senda que lo hace libre.

Un verso, para afrontar la vida.
“Y hundo la mano y cojo el grano incandescente y lo planto en mi ser: ha de crecer un día.” Mutra, Octavio Paz.


Rosario Troncoso


2 comentarios:

ROSA FREYRE dijo...

Magnífico artículo no solo de opinión, sino de participación de un sentimiento. Habrá que hacerse con la obra de este gran poeta

jose luis zeron huguet dijo...

Completamente de acuerdo con el análisis de Rosario Troncoso, y me parece un acierto acompañarlo con una entrevista al autor. "La senda honda" es un gran poemario y yo tuve el honor de certificar su calidad en las palabras preliminares del libro. Por cierto, agradezco a rosario Troncoso las palabras que le dedica a mi prólogo. Enhorabuena a Juan Pastor, responsable de la editorial devenir, por haber publicado un libro tan rico y complejo. Espero que pronto podamos leer un nuevo poemario de José Manuel