sábado, 27 de agosto de 2016

RECORDANDO A LEOPOLDO PANERO


Leopoldo Panero nació en León el 17 de Octubre de 1909 y murió el 27 de Agosto de 1962. Creció en un ambiente cultivado: aunque estudió Derecho, pronto comenzó a escribir, e incluso su hermano Juan también cultivó la poesía. Esta herencia poética continuó, como sabemos, con sus dos hijos, Leopoldo María y Juan Luis.
Aunque escribió varios poemarios de gran importancia y traducciones de poetas ingleses, siempre estuvo relacionado con el mundo de la literatura de un modo activo. Fundó la Nueva Revista de Madrid (donde publicó sus primeros textos) y dirigió la revista Correo Literario

Junto a su esposa, Felicidad Blanc,
y el pequeño Juan Luis

Se relacionó con autores como Lorca, Unamuno o Cernuda, y pasó grandes temporadas en Madrid, donde frecuentó la tertulia del Café Lyon. Allí entabla amistad, entre otros, con Luis Rosales, Luis Felipe Vivanco y Gerardo Diego, tertulia que se fundió más tarde con la de Manuel Machado, Musa Musae. Su amigo Luis Rosales definió su poética como un nuevo humanismo. César Aller decía que tuvo la suerte de vivir “una época en la que era fácil replegarse hacia el culto de la belleza pura”.
En el aniversario de su muerte, queremos recordar al padre de los Panero: el “conejo blanco” de Astorga.



Michi y Juan Luis hablan sobre su padre.



LA MELANCOLÍA

El hombre coge en sueños la mano que le tiende
un ángel, casi un ángel. Toca su carne fría,
y hasta el fondo del alma. De rodillas, desciende.
El él. Es el que espera llevarnos cada día.

Es el dulce fantasma del corazón, el duende
de nuestras pobres almas, es la melancolía.
¡Es el son de los bosques donde el viento se extiende
hablándonos lo mismo que Dios nos hablaría!

Un ángel, casi un ángel. En nuestro pecho reza,
en nuestros ojos mira y en nuestra mano toca;
y todo es como niebla de una leve tristeza,
y todo es como un beso cerca de nuestra boca,
y todo es como un ángel cansado de belleza,
¡que lleva a sus espaldas este peso de roca!




LAS MANOS CIEGAS

Ignorando mi vida, 
golpeado por la luz de las estrellas, 
como un ciego que extiende, 
al caminar, las manos en la sombra, 
todo yo, Cristo mío, 
todo mi corazón, sin mengua, entero, 
virginal y encendido, se reclina 
en la futura vida, como el árbol 
en la savia se apoya, que le nutre, 
y le enflora y verdea. 
Todo mi corazón, ascua de hombre, 
inútil sin Tu amor, sin Ti vacío, 
en la noche Te busca, 
le siento que Te busca, como un ciego, 
que extiende al caminar las manos llenas 
de anchura y de alegría.





*Si quieres leer la recomendación que hizo Samuel Jara 
sobre EL DESENCANTO, pincha aquí.

 *Pincha aquí para leer la reseña de LÚCIDOS BORDES DE ABISMO 
de Luis Antonio de Villena.



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