viernes, 23 de septiembre de 2016

En las afueras de la literatura: "Box8: contra el silencio, obstinadamente" (por Natalia Carbajosa)


En las afueras de la literatura



Box8: contra el silencio, obstinadamente

Marisol Sánchez Gómez

Editorial Fundamentos, 2014.










Existen tantos géneros híbridos, tantos merodeos en torno a la triple nomenclatura literaria tradicional (poesía, novela, ensayo) y sus aledaños (cartas diarios), que forman por sí mismos un género o múltiples géneros aparte: pensamientos, valoraciones, citas, anécdotas o testimonios apresuradamente recogidos en libretas son, en su fragmentación, un elemento imprescindible para comprender ese otro gran corpus de la Literatura con mayúsculas, del que hábilmente se escapan. Constituyen, además, un género doblemente híbrido: por la diversidad de su contenido (combinando, por ejemplo, retazos de vida interior, o vida íntima, con fragmentos de crítica literaria), no menos que por la relación que establecen con el posible lector, puesto que parece, pero sólo parece, que se tratase de una escritura privada, salvo en casos en los que efectivamente el autor decide que así sea. Lo mismo sucede respecto a la forma, ya que se combinan párrafos escritos apresuradamente y nunca modificados después, por cuanto fijan (valga la contradicción) la espontaneidad del pensamiento momentáneo, con verdaderas cumbres literarias, de esas que llegan a definir a quien las escribió, por encima del resto de su obra.

Muchos han sido, y son, los “libretistas” practicantes de este género caótico y revelador que, personalmente, siempre me ha apasionado: Robert Walser, Carmen Martín Gaite o Tomás Sánchez Santiago figuran entre mis preferidos. Y he aquí que, con el advenimiento de internet, muchos de ellos han sustituido las Moleskines, o las humildes tapas de hule o de cartón de sus cuadernos, en blanco o a rayas, por el blog, con todas las modificaciones epistemológicas que este nuevo medio impone: entre las más evidentes, visibilidad inmediata y un mayor sentido de orden y/o temas. Con todo, la naturaleza y el sentido de este género sin género sigue siendo más o menos el mismo, y desde luego lo es la necesidad que lo propicia.

Marisol Sánchez Gómez ha hecho el camino a la inversa y, con esta publicación, ha puesto su blog en manos de los lectores en papel. El origen de los textos delata, sin duda, el medio del que parten: hay un orden y una temática mucho más definidos que en el caso de sus antecesoras, las libretas, aunque idéntica fragmentación y brevedad. La autora proyecta una mirada crítica, social y política sobre problemas candentes de nuestro mundo (la discriminación sexual, Palestina, la frontera entre México y Estados Unidos, el capitalismo, la marginalidad), sin ocultar su indignación ni refugiarse en la proverbial distancia del intelectual para dejar de tomar partido. Al mismo tiempo, su postura está sólidamente fundamentada en la filosofía, la literatura y el psicoanálisis, y ahí aparecen las teorías sobre el control del cuerpo por parte de los estados de Foucault, sobre la heterosexualidad obligatoria de Adrienne Rich o sobre la histeria de Lacan. De la mano de estos y otros autores, Sánchez Gómez realiza fugaces incursiones, casi a modo de fogonazos, en la realidad, a menudo ilustrándolas con poemas de infinidad de autores y nacionalidades que ella misma traduce o toma de otros traductores. Y es que, en el fondo de estas instantáneas por las que nos asomamos a los rincones menos complacientes del mundo, late la idea de que la poesía salva, por cuanto verbaliza aquello que los discursos oficiales silencian. Ahí afloran, para decirlo con toda la contundencia de la belleza, poemas de la propia Adrienne Rich, junto a los de Mourid Barghouti, Mahmoud Darwish, Judy Grahn, Liliana Costa y muchos otros.

La naturaleza personal (sin dejar de ser política) de estos textos es lo que, a mi modo de ver, los unifica por encima de su voluntad denunciatoria y reivindicativa. La experiencia traumática del propio cuerpo que explica el título sitúa a la autora en la casilla de salida del antiguo adagio filosófico (“nada humano me es ajeno”) y, a partir de ahí, la mirada se vuelve profundamente empática, vehículo de la palabra que señala donde más duele. Cualquier punto de partida (una noticia, una lectura, un viaje) deja su huella; una huella que, como se insiste en señalar, es visible a la vez en el cuerpo y en la escritura, porque el cuerpo es escritura.

Marisol Sánchez Gómez se sitúa, por tanto, en las afueras de la literatura pero desde la literatura, para dar resonancia a la marginalidad de otros. El suyo es un concepto de lo literario que engloba la vida en sí, que sale de los despachos para asomarse a las calles más alejadas del centro. Devuelve al intelectual su condición comprometida, y asume los riesgos de que, por el camino, se le cuelguen etiquetas ya descartadas o distorsionadas en sus connotaciones. Asume el eclecticismo del contexto global del que parte pero revisa constantemente sus mensajes, no acepta nada como ya dado. Lo sorprendente es que, en medio de tanta profusión de ideas, escenarios y testimonios, su voz siga sonando, página tras página, íntima y cercana, como si se estuviera dirigiendo uno por uno a cada lector y lo llevara de la mano, sin pausa y sin estridencias, de la desolación de un paisaje al consuelo de unos versos o viceversa. Como si, en el fondo de su blog aún guardase, metafóricamente al menos, una de esas libretas donde se registra lo que no tiene cabida en los grandes letreros. Lo excluido, lo no percibido por las grandes corporaciones mediáticas y financieras, por los creadores de opinión. Lo único que nos hace libres y lo único que, al final de cada día, no es humo y verdaderamente importa.
                                                                      
Natalia Carbajosa




No hay comentarios: