lunes, 31 de octubre de 2016

ACTOS DE AMOR de ANTONIO PRAENA




Actos de Amor
Antonio Praena

Reeditado y revisado 
para Raspabook, 2016.











Los amantes de la buena poesía debemos estar de enhorabuena, pues vuelve a las librerías Actos de Amor, poemario galardonado en 2011 con el XXII Premio Nacional de Poesía José Hierro. 

Reeditado por Raspabook, el resultado ha sido impecable, con una cubierta sugerente, obra del fotógrafo Joaquín Puga. El interior viene a su vez ilustrado por la joven poeta y también fotógrafa María Alcantarilla, que consigue potenciar el texto sin quitarle protagonismo. Luis Antonio de Villena ha sido el encargado de ofrecernos un lúcido y acertado análisis en un prólogo que no nos dejará indiferentes.

En la poesía y en la literatura, ficción y realidad se encuentran siempre a medio camino, es decir: en la verdad. Y al lector poco le incumbe la ficción o la realidad que haya en ellas sino la verdad con que están escritas, la verdad que el poema mismo alumbra. Y es que cuando uno se sumerge en la lectura de Actos de Amor, lo primero que acontece es un sentimiento de belleza y verdad sustentadas por un sabio andamiaje que nos atrapa desde el comienzo en su serena desnudez.

Actos de amor, título original y efectivo, invita a emprender un viaje del que no saldremos indemnes, no solo por la manera de aunar clasicismo y modernidad, sino también por la libertad y originalidad con que aborda el amor, alejándose del tópico y explorando nuevas vías.

AP comienza con una cita de San Agustín, “Ama y haz lo que quieras”, que resume a la perfección la naturaleza de lo que para él debe ser el amor. AP tomará como estructura del poemario las distintas palabras que los griegos tenían para hablar del Amor (amor espiritual, amor de amistad, amor erótico y amor a la familia) añadiendo a este recorrido el concepto subyacente a las obras de misericordia cristianas desde su vertiente más evangélica. El poemario comienza con el apartado titulado “De la Misericordia Espirituales”, que aborda el amor trascendente y espiritual, el amor que, desde una perspectiva dialógica, afirma un Dios vital que se abaja y cohabita en la historia concreta del hombre.

Quizá sea de esta primera parte de dónde se deduzca -erradamente a mi entender- que Actos de Amor es preferentemente un libro religioso o místico, pues, aunque la voz que lo transita sí lo es, sin embargo, AP se aleja del modelo de poesía religiosa al uso, con un modo de decir particular, propio, dónde lo profano y lo religioso alcanzan una perfecta simbiosis. AP invita al lector a una reflexión profunda, cuasi metafísica, en torno al amor a Dios como acto de entrega absoluta y gratuita que adquiere verdadero sentido, cuando se revela en los otros. Dime sólo/ tan sólo, que mi angustia ha sido eso: /despojo de mí mismo en manos rotas, / la eterna profesión de amar en balde -leemos en el poema “Castidad”-.
               
En la segunda parte, “Mundo”, Praena encumbra la amistad como forma elevada de amor. Amistad entendida como entrega leal y desinteresada. La gratuidad de un amor que nos asienta en nuestra condición de seres sociales en el mundo. De esta experiencia radical el poeta saldrá renacido, siendo otro. Y es que el amor nos transfigura, nos hace mejores; clarifica nuestras sombras y atempera nuestra fatal contingencia. AP canta el asombro y el dolor de la amistad que se sustancia y se concreta no en una entelequia, sino en el amigo enfermo de Sida o en la introspección sobre un yo doliente que necesita también, además, decir el amor con las palabras (…) que no existe el amor sino se dice. Los versos del poema “Contra mi oficio” así lo expresan.

En “Carne”, AP trata el amor en su dimensión pasional, sexual y estética, como parte constitutiva de nuestra naturaleza. Amor al cuerpo porque en él nos sostenemos. Eros, con sus demonios incluidos, permite a los humanos aspirar al conocimiento de la belleza y, por tanto, participar de uno de los atributos propios de la divinidad.

Dice Cavafis: “Los lugares del deseo requieren la distancia que permite anhelarlos, pues el arribo significa una pérdida”.  Y es, desde la necesaria distancia, desde dónde Praena compone con maestría versos despojados, atormentados, donde se entrega sin ataduras en manos de la inspiración mediante una palabra desnuda, sin afectación; una palabra que exhala tensión y verdad: descarnada, agónica, susurrante o firme; libre en cualquier caso.

En el último apartado, “De la Misericordia Corporales”, se aborda el amor a la familia, al paisaje y la infancia perdida, sabedor de que las raíces nos configuran en el ser que somos. Mirada vivificadora donde refulge la esperanza y la ternura, a veces la nostalgia. Los poemas Emmanuel, Melocotoneros o Patria así lo atestiguan.

En cuanto a la forma, al modo de expresión, AP es un virtuoso del lenguaje que tala, corrige y pule hasta encontrar el acento, el ritmo y el tono adecuados. Armonía que hace cierta la teoría de José Ángel Valente, según la cual ritmos y acentos son en el poema eco de la misma respiración humana. Antonio lo sabe de sobra y se exige a sí mismo un rigor formal imprescindible para la creación. Porque en poesía la forma condiciona el fondo y, en definitiva, al poema en su totalidad.

Con respecto a su poética, a la temperatura y moral estética que nos descubre, habría que resaltar su amplia y consistente formación intelectual, su condición de teólogo, profesor, amante de las artes e implicado en la realidad social que le circunda.

En cuanto a las influencias que se advierten en este libro, encontramos ecos de autores tan distanciados como Keats, Ezra Pound, Cavafis, Wislawa Szymborska, el Juan Ramón Jiménez de “Dios deseado y deseante”, Luis Rosales, Gil de Biedma..., o poetas contemporáneos por los que AP confiesa especial predilección, como Juan Antonio González Iglesias, Vicente Gallego, Eloy Sánchez Rosillo o Antonio Colinas.

Así, AP utiliza, en ocasiones de manera explícita y en otras no tanto, estos elementos referenciales, como perfecto soporte para afirmar el amor como sentido último de la existencia y voluntad de trascendencia que hay en todo ser humano. Amor que, en los distintos arquetipos que lo expresan, culmina de manera gozosa cuando abrimos el corazón a los otros y somos aceptados en nuestra tangencial fragilidad, en los desgarros, anhelos e incertidumbres. Esta es la esencia -a mi modo de ver- de Actos de Amor. Antonio en este libro se vierte todo, escribe con todo su ser y lo hace honestamente. Esto hace de este un libro único, genuino y original, con una voz propia, particular e independiente; con una madurez que le distingue del resto de sus coetáneos, como bien afirma Luis Antonio de Villena en el prólogo.

Teniendo claro que la poesía no es solo emoción o sentimiento, con ser estas esenciales, sino también prospección y racionalidad, Praena es un poeta que siente, pero también piensa.
Lo profano y lo trascendente como unidad: “la mística de lo humano”; poesía hija de su tiempo, poesía posmoderna, como la definen algunos críticos. AP pone el oído muy cerca del corazón, pero de un corazón de carne que tiembla de dolor o de gozo, y, a la vez, mira hacia las honduras abisales del firmamento, porque en ambas está aquello que nos transciende. Logrando un clima de intensa emoción, su voz se nos antoja como una suerte de descarga eléctrica que nos revela su vulnerabilidad.

Además, la ausencia de artificio consigue un vínculo íntimo entre autor y lector, claridad que hace cierto lo que afirmaba Cesar Vallejo: “la oscuridad en el lenguaje no añade profundidad al poema”. El Amor también es un acto de lenguaje. En esta exaltación, AP no esquiva las propias contradicciones. De ahí sus repuntes heterodoxos, sin eludir adentrarse en las aguas procelosas del sinsentido, la duda o el absurdo de la vida.
Stendhal sostenía que en literatura “hay que atreverse a sentir”, Cervantes aseguraba igualmente que: “si se sabe sentir se sabe decir”, y el gran maestro JRJ nos recuerda que el poeta verdadero ha de tener “instinto y vigilancia”.

El poema, si es verdad, se convierte en un espejo donde el lector reconoce su propio rostro y se siente tan concernido como en la más autobiográfica de las experiencias. Indudablemente AP posee verdad e instinto, se atreve a sentir y sabe decir.

Queda, con esta reedición, revalidado como poeta imprescindible y referente necesario. Porque tiene verdad y está tocado por una especie de don o gracia que presumo lo hará perdurable, les animo a leerlo y disfrutarlo. Poesía en estado puro.


   Pura Fernández Segura


Pura Fernández Segura (Purullena, 1960) es poeta y Licenciada en Geografía e Historia. Ejerce la docencia en el IES Ribera del Fardes, Purullena (Granada).  Ha publicado el poemario Zona Próxima (2014) con Editorial Dauro.  Es miembro del Instituto de Estudios Pedro Suárez (Guadix). Su poesía ha sido recogida en distintas antologías poéticas, entre ellas la I Antología de Poetas Accitanos ”Guadix se nos hace nostalgia…” Diputación de Granada Octubre 2014. Participa habitualmente en recitales y presentaciones que tengan que ver con la promoción  cultura y  la poesía, así como  en  diversos espacios digitales y revistas de literatura como  SUR, Terral, Tántalo, Wadi-as, La Oruga Azul y  Gealittera,  entre otras.


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