viernes, 14 de octubre de 2016

FALLA EN EL INSTANTE PURO de Carlos Barbarito (por Eduardo Espina)








Falla en el instante puro

Carlos Barbarito 


Botella al Mar, 2016











UNA POESÍA DE FOLIOS Y ESTRATEGIAS

     Sometida a disoluciones que acechan el acervo de su hermenéutica, la escritura poética llamada a sobrevivir será aquella que logra replicar el parcialismo de la totalidad en la lectura del mundo, y con esto hacerle un dribbling a la erudición. Hablar de lo que tiene. A partir de alternativas de evidencia, a través de las cuales el texto podría entenderse (sin que esto signifique que el significado pueda ser definitivamente interpretado), la poesía de Carlos Barbarito se instala en ese territorio textual donde la historia es desviada de sus propósitos, allí donde la poesía habla de sí misma y hace su canción, que es también su autobiografía: Un lenguaje que tal vez sólo yo conozca. Mediante nada generalizantes idiosincrasias, Barbarito interroga la realidad mediante un plan distanciante, instalando estilos dentro del estilo, momentos de permisividad en la sintaxis. Oye su conversación: Aquí y solo, hablando con nadie.

En tanto rechazo de la nomenclatura poética en tono realista, y sobre todo en tanto discrepancia estética con sus caprichos, esta lírica impone una oferta de deriva, la del significado, en la cual, no obstante, ninguna propedéutica queda interrumpida. Por el contrario, las palabras alertan al conocimiento para que tenga ganas de estar más cerca de ellas, que son su propio proyecto, el lugar de sus ideas. Para lograr su cometido, el lenguaje recupera los primeros momentos de su comienzo, esas instancias anteriores al origen, en las cuales actúa fuera de todo propósito para poder seguir preguntando: En qué dialecto, por qué gracia, / a través de qué mecánica. Es lo que llamo aquí, “poesía del folio”, esto es, aquella que se establece a partir del archivo de sentidos de la palabra. En el folio se pacta la representación. La vida a partir de lo vivido, vívido.
 
Spirĭtus Dlv (María de la Vega),
Buenos Aires, 2016
 De esta manera, la información de lo real expuesta por la intimidad del lenguaje incluye la opinión y el rastreo de los sentimientos como acceso antes no considerado, como peregrinaje hacia un punto de partida siempre itinerante. Las enmiendas de la posibilidad (lo que siempre puede ser aunque no exista) no son las de la razón establecida por prerrogativas lógico lineales. No es esa la razón en juego. Hay otra por su causa. Una razón paralela: co-razón. El corazón con razón. Las variantes poéticas que han llegado hasta otro sitio, que es el de la página, se encargan de ocupar el tramo principal del discurso. Por actuar sin motivos ulteriores, las palabras, como tan efectivamente las escenifica Barbarito, se siente entretenidas con su desemejanza y dan cuenta de una euforia pendiente, de un coto –el suyo- al margen. Las apariencias que tienen no engañan, son ellas mismas, su propio intento de representación. El disfraz es la realidad, la manera de entrar en su interior. Pero hay más, pues la lírica de Barbarito, rigurosa, nada complacientes con sus efectos, estipula un trabajo formal de admirable exactitud. El poeta mira antes de ver. Ordena aquello tan difícil: los sentimientos mientras están incompletos, tal como vienen del mundo y no quieren ser menos. La realidad del poema se organiza a partir de ese centro de atención, que la subjetividad privilegia y que al mismo tiempo absorbe para darse cuenta de que existe y para ser asimismo otras cosas: para ser entre otras cosas no correspondidas. Aquí la mirada oye, porque habrá seguro, un ojo caído. El trato singular que reciben las emociones en esta poesía no es el de una técnica al servicio de una simplificación. El acontecimiento de lo experimentado sigue una suerte en torno a su propio proceder, convirtiéndose en tema y pregunta de sus repuestas. El poeta resta importancia a la repetición de su constancia sobre determinados tonos transformados en serie por la insistencia. Es una paradoja en fuga: su habla evita estar siempre ahí y sin embargo no se mueve, mira desde un punto de atención cambiante. La genealogía de esta poética queda abierta a todos los casos de su ocasión. El sentido de restitución vendrá recién a continuación, impulsado por el deseo de seguir haciendo lo mismo nuevamente, para que sea nuevo. El poema obliga a su abordaje en las inmediaciones, cuando no es común ni siquiera por sí mismo. Por eso hablo de un no estilo en el estilo de varios estilos, de una escritura liminar que no siempre es a continuación y que se opone a ser su propia diferencia. Lejos del dogma, descanoniza; transforma al lenguaje en el lugar interrogado. ¿Y si el idioma perdiese de pronto su misterio / fuese de borde a borde conocido? / Entonces, ¿qué uniría, derecho e invisible, al fuego con la chips, qué agua acogería, en la superficie, / los sucesivos reflejos de la mañana? Esta poesía significa pues un querer decir; una parte superior que va hacia otra y a su vez es la verdad de la siguiente que aun no es ni está completa. Su exactitud viene por asimetría antes que por añadidura. La palabra poética llega hasta todas sus interrupciones, que son también la forma en que se manifiesta el suceso de algo que no siempre sucede de la misma forma.

La poesía, para Barbarito, es la representación de una verdad que de otra forma podría igualmente estar bien. Se apropia de contenidos con relación a todo lo que puede ser representado y que en ciertas ocasiones –cuando el todo queda escrito- es más. La palabra le hace caso a muchas otras cosas, a presencias anticipadas o tardías que duran irregularmente para poder darse a entender. Según esto, entonces, ¿cómo lo verdadero puede ser referido? Tal cual las siguientes páginas lo destacan, hay varias formas indirectas de decir propiamente una cosa, de hacerla posible en el lenguaje hasta que este deje de reconocerla. En la poesía de Barbarito, una intuición debida se da por verdad de vida al borde del habla. Diciendo promete algo y al hacerlo se compromete a estar ahí, indeterminado en la representación en torno a un todo fragmentario, jerárquico y problemático. En esta poesía tienen lugar las otras condiciones del decir, estipuladas mediante un procedimiento inaudito, abierto a consecuencias sin soluciones. La palabra está pasada por una primera vez –la página es el cedazo-, mediante un situarse en lo que recién apareció en la realidad del lenguaje, para poder tocar la superficie de la realidad tal cual es imaginada, pero antes de que esta quede advertida. Es un origen que sucede propiciatorio por si mismo, que está llamado a surgir como inicio que apareció antes y que en su aparición puede ser hallado. Con metódica táctica, en verdad no una sino varias y bien ejecutadas en una sintaxis sin altibajos, la palabra se anticipa a lo que quiere decir. Así pues, en esta poesía, admonitoria y nada circunstancial, lo que actúa es el impulso de lo que se puede decir sobre lo mismo cuando recién empieza a decirse nuevamente. En tal contexto de posibilidades con viceversa, un sentido de entropía impone sus trampas, y con estas logra seducir. Desde esos momentos, la continuidad deviene poesía. Poesía como intención que vigila de cerca aquello que las ideas y las emociones anuncian. Asimismo, advertencia de algo que puede ser conocido o no, y que a la misma vez es irremplazable por sí mismo. Ese sitio de no-prescindencia es lo que cuenta, aunque la poesía de Barbarito no cuenta sino canta para encantar sin cuento y ser instrumento de sus ejemplos.
Con este libro, Carlos Barbarito consolida una poética y una voz inconfundibles en la poesía hispanoamericana, las cuales estaban en la fábrica del acontecer desde hacía tiempo y que ahora, además, confirman la condición augural de su lenguaje. En su amplitud de desempeños, la palabra poética ha conquistado la fisonomía que más le conviene al propósito en acción de sus sortilegios y vericuetos. La voz en insurgencia llega con un plan que no se parece a otro, un plan que es su propio destino, y que por eso mismo resulta desde ya inobjetable.


Eduardo Espina



Pero la noche es ciega y el día trae inquietud…

Pero la noche es ciega y el día trae inquietud
de animal que husmea un súbito nuevo olor en el aire;
las horas no resuelven la mixtura, el amasijo
y avanzan en base a reflejos, a cavilaciones,
a luces bajas que reverberan; la coz
abandona su lucha contra el aguijón,
el hijo no abandona la casa,
la casa se lo traga.


Si equivoco el paso en la vía de grava…

Si equivoco el paso en la vía de grava
hacia la única y posible casa, ¿entonces qué?
¿Adiós, y para siempre, al cobijo,
a la posibilidad de cobijo?
¿La intemperie, la espalda contra un muro
y, en el cielo, cien millones de soles
que, sin reversión, se enfriarían?
¿Qué calzado usar, cómo conseguir,
en un mundo que desde el eje se inclina, equilibrio?
¿Trocar el pie humano por otro pie,
animal, arcangélico? ¿Si caigo
al abismo, al fondo donde se arraciman
los humores de la lluvia,
al espacio donde, sin necesidad de tiempo,
se cuecen los sabores primeros y ya últimos,
del invierno? Si equivoco el paso,
¿adiós, y para siempre, al viento,
cuando sopla desnudo, de polo a polo,
para tan sólo transportar una voz, un nombre?


1 comentario:

Carlos Barbarito dijo...

Gracias, amigos por publicar el prólogo de Eduardo Espina, algunos de los poemas del libro y atender a mi pedido de citar a la fotógrafa y corregir algún pasaje del prólogo. Desde ya, en comunicación y a disposición de ustedes. Un fuerta abrazo!