martes, 22 de noviembre de 2016

HOY FIRMA: ÁNGEL ALMELA: "Caimán, una revista literaria que conjuró el miedo con la palabra entre 1976 y 1978"


"Caimán, 
una revista literaria que conjuró el miedo 
con la palabra entre 1976 y 1978"


Hace 40 años, en la ciudad de Cieza (Murcia), nació una Revista literaria sin más pretensiones que conjurar el miedo con la palabra y que no quiso denominarse como tal (así lo decía el prólogo presentación de su primer número) si bien, como les ocurre a muchas, sucumbió a esta denominación nunca peyorativa pues todas ellas conforman un grueso espacio de la historia de la literatura de cualquier lugar. La revista se llamó El Caimán, y su primer número fue editado en septiembre de 1976. Y si ahora rememoramos ese hecho no lo es sólo por sus calidades literarias ni por el nombre de sus firmas, sino por su especial significación literaria, cultural e histórica en el contexto de un periodo temporal con nombre propio: la Transición española.




Porque si fueron muchas las aventuras literarias que se abrieron paso en nuestro país en aquel tiempo, dando cabida a voces y pensamientos nuevos y rompedores, con aquel presente privado de libertades como paisaje, esta de El Caimán, supone un hito hoy que merece ser analizado y estudiado en su justa medida, tanto por su valor literario como por el social e histórico.

Ya en ese texto de presentación de su N.º 1, el grupo gestor de la revista escribía sus pretensiones: Esto es una esperanza nacida de la desesperanza del momento, como un necesario lamento en busca de protagonismo. No… no es un lamento, es un hacerse activo y artesano, es un estar con los pies en el llano de esta monótona existencia nuestra.

Y en estas palabras radica la posición de El Caimán ante el lector y ante la literatura, la de ser una esperanza y a la vez un lamento, usando como vehículo la palabra para conjurar el miedo. Un espacio donde respirar y encontrarse, donde querer cambiar el mundo o al menos, posicionarse, y todo ello a través de la literatura.

Se dice que las revistas literarias son espacios de comunicación y experimentación de la escritura, a la vez  que medios para exponer idearios o manifiestos sociales o políticos, y es verdad que en El Caimán se dan ambos postulados. Por una parte, y como algo consustancial al presente del año 1976, intentaba ofrecer a sus posibles lectores una literatura diríamos que fresca o novedosa en contraposición con la oficialista que se desarrollaba tanto en la ciudad como en la región donde nace (Murcia), mezclando la experimentación con la tradición literaria más digna, con versos o textos libres y rupturista de marcada tendencia personal y social. Pero también, y por el mismo motivo pues hay que recordar que estamos en el año siguiente a la muerte del dictador, trata de poner de manifiesto su ideario libertario y utópico, y su apuesta por la libertad, como un bien supremo a alcanzar en una España en la que todos los poderes franquistas estaban todavía en ejercicio y el color predominante era el negro y el gris.
 
En su primer número, bajo la dirección de Felix Abellán Rubio, un joven ciezano, libre y  lleno de ironía social y de compromiso, que años más tarde moriría en uno de los muchísimos accidentes de tráfico que en aquella España eran tan cotidianos, recogía textos de una serie  de amigos -que no grupo poético- encabezados  por el propio Felix, tales como Jesús Salmerón, Lorenzo Belda, Diego Montesinos Ayala, Joaquín Cámara, Jesús López, Manuel Egea, Manuel Yepes y López Delgado, mas la aportación de una mujer, M.ª Pilar López, que ya era conocida en el ambiente literario nacional y regional y a la que se le podría definir como una mujer-poeta que representaba lo mejor de la “poesía de la dignidad y la valentía” en un espacio de mediocridad y arribismo. Con ello el número ganaba tanto en calidad como en reconocimiento. Todos estos autores, junto con las ilustraciones interiores de Manuel y Paco Escribano, Lorenzo Belda y una bella Portada de José Aroca, joven pintor que entonces se daba a conocer, dedicada a   homenajear al poeta Miguel Hernández, conformaron un ejemplar compacto y a la vez diverso y heterogéneo.

No es cuestión de resaltar aquí algunos de sus 13 textos (8 poemas y 5 textos en prosa) en detrimento de otros, pero pasado este largo tiempo no me resisto a citar algunos que a mí al menos me gustaron entonces mucho y que me quedan como brillantes de aquel número ya legendario; por ejemplo el cuento que publicó M.ª Pilar López (El muerto), un texto de denuncia, con raíces costumbristas y con una carga importante de crítica social para el momento; el poema de Jesús A. Salmerón El Viejo, versos duros y bellos con una cadencia lírica de crítica y compromiso social; y el cuento Juan Soldado, de Diego Montesinos, un cuento  antibelicista en el más puro estilo surrealista. Pero esto lo hago sólo por citar que no por infravalorar al resto de textos de este primer número de El Caimán.

Este ejemplar, con una tirada de no más de 200 ejemplares, sacado a la luz con un préstamo personal que uno de los miembros de aquel grupo editor sacó -ya que ninguna entidad financiera les subvencionó o quiso abrirles un préstamo para poder editar la revista-, préstamo pagado meses después con mucha penuria y trabajo en el campo recogiendo fruta, ese número digo, lo podríamos considerar hoy, como una reliquia literaria digna de valorar.

Su puesta en las calles en aquel inicio del otoño de 1976 se hace en un contexto que tenía algunos elementos a considerar: un paisaje urbano de Cieza casi abandonado, una ciudad culturalmente muerta o en coma, donde sólo dos salas de cine (el Cine Galindo y el Teatro Capitol), servían de monocorde tapiz cultural para un pueblo adormilado y aplanado, como tantos en aquel tiempo en nuestra región y en el mismo país; y una ciudadanía que pretendía poco a poco salir de su atonía y letargo con una incipiente actividad política, social y cultural -a pesar de las prohibiciones y censuras que aun sobrevivían al dictador-. En ese contexto, fue en el que unos jóvenes estudiantes de una generación libre de ataduras, pusieron a andar un instrumento cultural que conjuró el miedo con la palabra, y que acogió en las páginas de sus tres únicos números, obra creativa de gente de diversos ambientes y ámbitos literarios. Un hecho que aglutinó a numerosas personas de diversos ámbitos artísticos (escultores, pintores, narradores, poetas, actores,…) al ofrecer un espacio absolutamente libre que no fue contaminado por ningún ideólogo, partido o religión, y que a modo de hito con características de histórico, ennoblece hoy si cabe más el acto y el gesto cultural con el que se hizo presente en la ciudad y entre sus gentes.

Y apenas había salido el primer número de El Caimán, y ya el grupo editor, al que se le fueron añadiendo más personas que al conocer el hecho se animaron a entrar y colaborar -entre las que me cuento-, empezamos a preparar un nuevo número, y así fue como en abril del año siguiente, 1977, sale a la calle el N.º 2 de El Caimán.

Esta vez con una única ilustración, la de su Portada, de Paco Rubio, una ilustración representativa del momento histórico que se vivía donde una figura humana, de espaldas, sin manos y piernas, portando solo una etiqueta atada al cuerpo con el número 267, apenas en posición vertical gracias a unos apoyos, como un bulto humano enigmático, roto y triste, fue el pórtico a un número con textos de algunos de los autores del anterior y de otros nuevos colaboradores, como: Francisco Pino, Pascual López Sánchez, Mariano Marín-Blázquez, Pedro Luis Almela, Pascual Lucas López y yo mismo, así como una colaboración de otro excelente escritor ciezano ya reconocido en el mundo del teatro, residente en Madrid, una de esas islas solitarias que Cieza daba a la literatura, Fernando Marín Iniesta, que colaboró con un poema magnífico, La canción del Aire, que aun hoy sobrecoge por su calidad y significación.

En las calles de Cieza, como en las del resto del país, empezaba a ser cada vez más habitual oír gritos pidiendo Libertad y Amnistía. Se realizaron aquellas primeras huelgas ya no tan clandestinas como retos ciudadanos al poder continuista establecido, y El Caimán aportó su quehacer literario a esos momentos de ruptura, afianzándose con aquella segunda entrega, con lo que significaba de apertura cultural con los elementos propios de un movimiento literario que eso sí, nunca se consideró “grupo” o “generación”. Y aquella aventura, desarrollada en un momento de efervescencia social, cultural y política como ningún otro, con la censura y el seguimiento de las fuerzas del orden, y con algunas personas queriéndolo manipular, tuvo una nueva entrega saliendo a las calles al año siguiente, en febrero de 1978, con la publicación de su tercer y último número.

Ese número Tres, contenía dibujos en su Portada (un rostro geométrico figurativo) e interiores (con dibujos minimalistas), de Francisco Pino, y contaba esta vez, como novedad importante, con un par de colaboraciones de escritores de fuera de Cieza, los escritores Adrés Salom y Juan Pastor, como una pretensión por abrir su esfera literaria a otros territorios y no ser considerada como exclusivamente una revista local. Esos dos autores, junto a otros de Cieza que ya lo habían hecho en los otros números y otros nuevos colaboradores como fueron María Jesús Gualda, Joaquín Gómez Carrillo, José Piñera, o Carmen Carrillo, pusieron un brillante punto final al camino emprendido dos años antes, si bien en aquel momento no éramos conscientes de aquel N.º 3 fuese a ser el último numero de El Caimán.

Circunstancias diversas de los que formábamos El Caimán, personales la mayoría, más las propias de una realidad social pues ya no se daban las circunstancias que hicieron nacer El Caimán,   hicieron que nos separáramos. Nuestros intereses de presente y futuro se impusieron (de trabajo, estudios, relaciones,...), e hicieron  de aquellas un obstáculo que acabó siendo insalvable para la continuidad de la Revista sin nosotros darnos cuenta, por lo que aquella aventura literaria se dio por cerrada definitivamente. Pero El Caimán también fue un movimiento semillero, y esas semillas pronto dieron fruto.

Al cabo de dos años, con la llegada de los nuevos ayuntamientos democráticos, con nuevas ideas, mayor ayuda y un renovado impulso, algunos de los que habíamos editado aquellos ejemplares de El Caimán, ya historia literaria, nos reunimos de nuevo para dar cuerpo y crear una asociación cultural que con el nombre de Grupo de Literatura La Sierpe y el Laúd, sigue viva hoy, 36 años después, teniendo como objetivo casi único (luego diversificado), la publicación de una Revista Literaria que con el nombre del grupo y de carácter monográfico, recogiera el testigo de aquel Caimán primigenio. Sus 13 números y 7 suplementos, son ya parte del legado literario que La Sierpe y el Laúd ha dado a la historia de la literatura, (Revista que acabó en el año 2000), si bien La Sierpe y el Laúd ha publicado en total a lo largo de su extensa vida más de 40 publicaciones que conforman un cuerpo literario de gran calidad y envergadura.



40 años de El Caimán, “cuarenta años de aquel verano en el que, entre baño y baño en las aguas (entonces turbulentas, hoy mansas) del río Segura, nos creímos inmortales”, como ha escrito recientemente uno de sus fundadores; 40 años que conviene recordar, porque toca hacer memoria, repasar este episodio cultural ocurrido durante la Transición en un lugar de Murcia,... porque el pasado es básico para entender el presente y porque hacerlo siempre es un signo de dignidad, conocimiento, y reconciliación con lo que ahora somos. 


ÁNGEL ALMELA VALCHS


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