jueves, 10 de noviembre de 2016

LAS VANIDADES MECÁNICAS de RAMÓN ANDREU (por Óscar Navarro)





Las vanidades mecánicas
Ramón Andreu

Ediciones Letra de Palo, 2016






Ardua tarea la de reseñar el trabajo de un autor al que se conoce en persona mucho antes que a sus frutos literarios. Es el caso de Ramón Andreu, nacido en Algeciras en 1983 y residente en Santa Pola desde bien temprano. Mi relación con Ramón comenzó en torno a los ciclos de recitales de «poetas en Cercanías» que desde mediados del año 2015 comenzaron a organizar Carmen Juan y Sara J. Trigueros. Esos primeros contactos, esas primeras conversaciones en torno a temas afines, como el gusto por la poesía, me llevaron a forjarme una imagen del autor basada eminentemente en las lecturas en las que por aquel entonces se encontraba enfrascado, además de por sus afinidades y amistades más o menos próximas. Así, imaginé que los poemas que salieran de su pluma no se encontrarían muy alejados de los textos concisos, directos y quasi aforísticos de un Karmelo Iribarren o de una Itzíar Mínguez.


Cuando comencé a leer su primer libro de poesía, Las vanidades mecánicas, caí en la cuenta de mi error y de que mis prejuicios no iban por el camino acertado. La senda poética de Ramón Andreu discurre por otras vías. Si hubiera que comparar sus poemas con los de otros autores consagrados, cosa que quizá sea necesaria en el caso de un autor novel, diríamos que estos se encuentran más cerca de la órbita de Joaquín Juan Penalva o del más reciente Luis Alberto de Cuenca.

Los poemas de Las vanidades mecánicas se encuentran atravesados por una corriente de referencias culturales que nos remiten no tanto (o, más bien, no solo) a una tradición literaria al uso, sino sobre todo al mundo de la cultura de masas. En sus textos se engarzan referencias a series de televisión, como Dr. Who en «“Siempre” es mucho tiempo» y en «De Gallifrey a Trenzalore», o El Ministerio del Tiempo en «Las puertas del tiempo», a la ciencia ficción de culto como Blade Runner en «Y al final éramos replicantes», a cantantes y grupos de pop como en los poemas «Una canción de los Beach Boys» y «El hombre del mañana», a la música jazz, a los juegos de rol, etc.

Los de Ramón Andreu son unos poemas netamente culturalistas por el hecho de que su poeticidad no nace de la utilización de un determinado lenguaje extrañado y que comúnmente podríamos entender como “poético”, sino que lo hace más bien del uso de referencias a objetos culturales diversos, que le sirven para atrapar los momentos, las situaciones históricas, los hechos musicales o televisivos con los que ilustrar sus propias vivencias y sus momentos propios.

Por destacar alguno de los poemas, haría referencia a «La mirada de Vivian Maier». A través de la vida casi secreta de esta institutriz norteamericana que se dedicó durante años a hacer miles de fotografías que seguramente nunca podría revelar, el autor convierte ese caso particular en un reflejo del tema tan universal de la alteridad, de la necesidad de los otros para la existencia de uno mismo. El poema concluye con unos conmovedores versos:

Me pregunto si en realidad,
no somos todos
un poco como tú,
Vivian Maier,
buscándonos
a nosotros mismos
a través de una mirada ajena,
un instante que lo explique todo.

Superada la sorpresa inicial, es fácil constatar la calidad de los versos de Ramón Andreu en el que es su primer poemario editado. Sus poemas se leen con la curiosidad algo morbosa de quien escucha una confesión, sea esta verdadera o fingida. Enhorabuena.



Óscar Navarro Gosálbez


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